Empire state

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A esta altura es doloroso pero inevitable informarle que cada número significa una calle. O sea que, habrá recorrido unas 20 cuadras cuando llegue al EMPIRE STATE pero, como se verá, sólo con el sudor de la frente se logra llegar aser un verdadero turista y, parafraseando al tango, pronto sabrá que 20 cuadras no es nada…
Caminando por la 5a Avenida se podrá entretener mirando los elegantes negocios que la bordean y se podrá reír a carcajadas de los precios que se indican en las vidrieras. A la altura de la calle42 pasará frente a Public Library(¡ vamos!, no me diga que pretende que le traduzca el nombre del edificio)con ocasionales exposiciones que, a veces, son interesantes. Bien. Llegado a la calle 34 se topará con el imponente Empire State, el que se visita previo pago de entrada (50% si logra convencer al desconfiado boletero de que -a pesar de su vacilante acento recién adquirido-usted es un ciudadano americano). La vista desde arriba es absolutamente maravillosa. Tanto que usted hasta está sintiendo una cierta languidez… que puede tener otras causas, claro. Por ejemplo el hambre. Sólo que el hambre no puede ser porque, si mal no recuerdo, luego de engullir en el avión dos cenas y un desayuno chorreando huevos y tocino, usted había jurado no comer nunca más.
Claro que si yo hubiese supuesto que para usted “nunca más” equivale a cuatro horas, la habría aconsejado munirse de una económica vianda en la cafetería del YMCA o la rotisería del Pickwick, y ahora estaría merendando en la cima del mundo.
De todos modos al salir del Empire State (tras ignorar el Museo Guiness de Records de interés exclusivamente para fanáticos de Guiness), se podrá meter en cualquier cafetería de las que abundan por la zona, pues en N. York se come barato y variado (aunque extrañamente todo tiene el mismo gusto) y no hay porqué tener las precauciones en elegir el lugar, que son indispensables en Europa.

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