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Luego de un reparador viaje aéreo desde New York, usted…
¿Eh? ¿Que no fue un viaje reparador? Y bueno. Esos son los riesgos que se corren al elegir un asiento de primera fi la. Yo solamente le dije que ese es el lugar más cómodo para estirar las piernas. A usted se le podría haber ocurrido que por extensión también es el lugar más cómodo para los que viajan con bebés. Ahora debo admitir que usted tuvo-realmente- mala suerte porque por aquella vieja ley de las probabilidades, no era nada previsible que le tocara viajar con mellicitos en el asiento vecino.
En fin, luego de hacer la correspondiente cola, intérnese en el baño del avión e intente rasquetear de su ropa la papilla de zanahoria y de disimular las marcas de diez deditos grasosos sobre su camisa. No se olvide que los funcionarios de la Inmigración Española son descendientes directos de los oficiales de la Santa Inquisición, de modo que es importante que les presente el aspecto menos deplorable posible.
A salvo de su ira, gracias a su edad, la visa de los Estados Unidos y su tarjeta de crédito, usted pasará la Aduana. Como no me hizo caso y en lugar de un cómodo bolso que podría llevar consigo a bordo, debió despachar su valija con sus trofeos de Macy’s, ahora se verá obligado a esperar que le bajen su equipaje. No se sorprenda de que su valija sea la última en llegar. Eso nos pasa a todos.
Bien. Salvo el pequeño cortecito que provocó en su valija el borde filoso de la tabla de cortar carne, y a estará pronto para iniciar la conquista de España, apenas haya acomodado los calcetines que se asoman por dicho agujero.
Una vez en el hall de arribo del Aeropuerto de “Barajas” eche una mirada irónica a los taximetristas apostados a lasalida acechándolo y diríjase con pasos seguros al autobús que lo transportará al centro de Madrid.

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