New York
«Nunca tomaréis un taxímetro en ningún aeropuerto, pues a pesar de su aspecto inocente, de todos los hombres los más dañinos se esconden bajo esa apariencia para desvalijar a los incautos viajeros».
¿Qué hacer en el Aeropuerto Kennedy para huir de esta amenaza?
Una vez que el pasajero ha logrado convencer al correspondiente oficial de Inmigración, que no es el Jefe del Cartel de Medellín, pasará a la Aduana.
Una vez allí tendrá dos opciones. Verá ante si dos carteles. Uno reza: «Para los que no tienen nada que declarar». El otro dice: «Para los que tienen algo que declarar». Si opta por el primer cartel (que es lo que debe hacer), se recomienda que camine con paso elástico sin demostrar senti miento de culpa, para evitar que el oficial de Aduana lo detenga y le haga abrir su valija. Pero, por si esto llegara a suceder, se aconseja no transportar yerba ni dulce de leche (limitando lo telúrico -a lo sumo- a un retrato de Gardel) pues, no estará de más recordar que en la jerga latina yerba es sinónimo de marihuana. En cuanto al dulce de leche, ¿usted vio como tratan sus valijas en los aviones? Y ¿alguna vez se le rompió un frasco de dulce de leche?. Bueno, por eso.
S upon iendo que ha logrado superar la barrera de la Aduana, se encontrará en un enorme hall lleno de ávidos taximetristas tentándolo con llevarlo al centro de Manhattan por sumas irrisorias. Allí deberá recordar a Moisés y en lugar de ceder al cansancio, preguntará a cualquier persona con cara de hablar español, dónde se puede tomar el Autobús circular (GRATIS) que lo habrá de llevar hasta la Estación de donde un tren (que más tarde se convertirá en subterráneo) lo transportará al centro.
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