Estatua de la libertad
El ómnibus pasará también por un pequeño enclave finlandés pegado a Harlem y una especie de barrio satélite de Little Italy, para llegar finalmente a WASHINGTON HEIGHTS. Como ya no llueve usted podrá disfrutar del parque que rodea al claustro y de la vista del George Washington Bridge que une Manhattan con New Jersey (donde, entre paréntesis, se radican los uruguayos, en Elizabeth, porejemplo). Tras visitar el Museo rápidamente y comer un sandwich, porque la cultura da hambre, habrá que tomar otro ómnibus, que a lo largo de todo Manhattan lo transportará al Sector Financiero de WALL STREET. En un recorrido étnico, pasará por la colonia húngara de la calle 48, los armenios de la 30, los sirios de Washington Street (en elVillage) LittleItaly, Chinatown y finalmente los griegos cerca de Battery Park.
Bien. Luego de tanto estar sentado, sin duda estará deseando caminar un
poco, así que recorra el sector financiero al azar (Broad Street, Wall Street, la Bolsa,etc). Descienda por Wall Street hasta el muelle (sobre el EastRiver) y camine en dirección al puente de Brooklyn a través de SOUTH STREET SEAPORT, una zona de moda, con comercios, galerías y restaurantes. Como usted ya almorzó su sandwich, absténgase de entrar y regrese nuevamente por el muelle hasta Battery Park desde donde salen los vapores hacia la ESTATUA DE LA LIBERTAD.
También hay unos vapores que hacen unaespeciede pequeño crucero alrededor de Manhattan pero demoran unas cuantas horas (y usted naturalmente, no tiene tiempo) y por otra parte la vista más hermosa coincida con la que usted va a disfrutar cuando cruce en el económico vapor que lo va a llevar a la Estatua. Así que: nada de cruceros. La perspectiva de Manhattan vista desde el vapor es alucinante de verdad. Por ahí alguien le señalará el edificio donde los bisabuelos de los actuales oficiales de inmigración manoseaban a los bisabuelos de los millonarios con los que usted se codeó por Wall Street.
-Kennedy ¿comprende?… Kennedy carne here… Poor…pobre…now millonario…mucho dólar…from Irlanda…
Porque así como los europeos fantasean con duques y marqueses aunque tengan la hoz y el martillo tatuados sobre el pecho, los americanos idolatran a los millonarios que se hicieron de la nada.
Bien. Ahora usted llegó a la isla, dé una vuelta alrededor de la estatua, mire nuevamente Manhattan, cómase otro sandwich y absténgase de subir las interminables escaleras que recorren las viseras de la dama en cuestión, porque la vista desde arriba es la misma que desde abajo, pero peor.
Washington Heights
Como la lluvia persiste aún, será mejor que se tome un autobús enlaja. Avenida con destino a Washington Heights, en el extremo norte de la Isla de Manhattan. Allí se eleva “THE CLOISTERS“, un conjunto medieval que en la época de los dólares fuertes, los yanquis compraron en España y transportaron hasta allí piedra por piedra. Luego lo refritaron para que sirviera de anexo para la exhibición de los tesoros de arte medieval del Museo Metropolitano. Olvidando lo absurdo del hecho (en definitiva menos grave que lo que hicieron los ingleses desarmando el Partenón para exhibirlo en el British Museum, sin molestarse siguiera en pagar), se puede disfrutar de una interesante colección ubicada en un entorno sugestivo donde suena el canto gregoriano de fondo musical.
Por otra parte el viaje hasta Washington Heights tiene la particularidad de permitir una especie de recorrido socioeconómico de los habitantes new yorquinos. En el primer tramo, el autobús pasa por los edificios donde los ricos y famosos atisban el Central Park desde sus suntuosos departamentos. Un poco más adelante, usted notará por la avenida la presencia cada vez más frecuente de gente de color (negro). Un poco después, llegando a la calle 125, los transeúntes son casi exclusivamente negros: usted estará atravesando HARLEM, naturalmente. Curiosamente (aparte de los porteros uniformados y los toldos prolongando la entrada) las fachadas de los edificios no reflejan la diferencia económica probablemente abismal entre los millonarios que los habitan a la alturade la calle 60 y los negros dé la 125. La explicación está en que, hace años ya, los edificios de Harlem estaban ocupados también por prósperos blancos. O tal vez blancos, pero no tan prósperos porque aparentemente uno de ellos en una decisión histórica vendió su departamento a un negro. Si era un abanderado de los derechos civiles, un arruinado por el juego, o un resentido contra sus vecinos, eso no lo registra la historia. Pero el hecho es que dicha decisión provocó la estampida de sus vecinosque huyeron del edificio, debiendo alquilar o vender sus departamento a mucho menor precio. Un precio que resultó accesible a más familias negras que vinieron a habitar el edificio. En los edificios contiguos cundió el pánico y fueron rápidamente abandonados y con la misma celeridad ocupados por más negros. Este proceso decolonización a la inversa sólo se inteinimpió gracias a un tapón de inmigrantes portorriqueños (igualmente indeseables desde el punto de vista social pero más aceptables cromáticamente hablando)que se habían instalado a la altura de lacalle 110. Eso lo notará usted cuando su ómnibus pase por esa zona, donde todos los carteles están en español y casi todo el mundo habla un simpático español donde las “r” se reemplazan por “l” (yo me llamo Felnando Felnandez, le dirán, por ejemplo).
Museo
¡Las 8 y 30 y usted aún pegado a las sábanas!?
Sí. Claro que sé que está lloviznando, lo que no me sorprende para nada. Y tampoco debería sorprenderlo a usted. Al menos si se hubiese tomado la molestia de leer al final del libro las particularidades del clima en cada lugar bajo el título de “Cuándo viajar“.
¿Y qué? ¿Se va a dejar amilanar por una inocente lluviecita?
¿Se le van a estropear los zapatos? ¿Escuché bien? ¿Dijo… “zapatos”? ¿O sea que tampoco leyó las “Indicaciones para la vestimenta” que hemos escrito en su beneficio, en donde le recomendamos prescindirde los zapatos y viajar con un par de cómodos championes?
De todos modos no se asuste. Gracias a la lluvia hoy le espera una jornada sumamente descansada de modo que ni usted ni sus zapatos sufran deterioro alguno. En cuanto a ese dolorcito que siente en las piernas, seguramente es consecuen-cia del descanso, así que apenas comience a caminar y a calentar los músculos se le va a pasar. Por lo tanto abra los ojos con optimismo, tome su desayuno y salga a la calle pletórico de entusiasmo.
¿Ampollas en los pies? Unas ampollitas, querrá decir. Y bueno, con gajes del oficio de turista. Póngales unas curitas y… ¿o me va a decir que no trajo curitas? ¿O sea que tampoco leyó “Lo que no debe faltar en su equipaje”? Usted me desilusiona, mi amigo. Bueno, pero de todos modos el problema no es grave, así que vaya a cualquier Drug Store y pida una caja de 100 curitas (las va a necesitar) que se expenden bajo el nombre de “Aid Bands“.
Bien. Una vez en lacalle. provisto de su paraguas plegable, tomará por la Quinta Ave. y se dirigirá al Norte (espero que a esta altura usted conozca a New York como la palma de la mano, así que basta de “doblar a la izquierda u otras indicaciones infantiles por el estilo”).
A unas pocas cuadras sobre la calle 53 (entre la Quinta y la Sexta Av.) se encuentra el MUSEO DE ARTE MODERNO. Recórralo mientras termina de despabilarse. Eso, siempre y cuando la mañana lluviosa no coincida con el día en que dicho Museo permanece cerrado, cosa que usted notará enseguida al llegar, porque doy por descontado que no se molestó en leer en “Indicaciones útiles” cuando y a qué hora abren los museos de New York. El Museo de Arte Moderno tiene una colección realmente importante, y aunque usted no sea un fanático del arte moderno, igual va a disfrutar encontrarse cara a cara con algunas obras famosas (por ejemplo las venerables Señoritas de A vignon de Picasso, que resultaron ser unas damas de malas costumbres) etc. etc. El gran ausente es el Guernica que regresó, democracia mediante, a Madrid.
China town – Little Italy
Antes de caer desfallecido sobre un banco, compre algo para comer en una de las cafeterías estudiantiles de la zona, y luego sí, siéntese en uno de los bancos de la Plaza y disfrute del ambiente de paz y tranquilidad que se respira allí.
Disfrutar del ambiente de paz no significa yacer como un cadáver sobre un banco, así que ¡arriba! que aún falta recorrer el barrio italiano y el barrio chino. Teniendo frente a usted el Washington Arch tome hacia la derecha hasta la calle Bowery que viene a continuar Broadway. Esta calle algo deprimente se caracteriza por la gran cantidad de borrachos que la bordean, sólo Dios sabe por qué, ya que lugares para tomar bebidas alcohólicas hay por toda la ciudad. Si usted no es aficionado a observar los borrachos, tome por cualquier otra calle y en último extremo, tómese un autobús hasta “LITTLE ITALY“. Una vez allí recorra al azar la zona poblada -casi exclusivamente- por italianos. Si usted no fuese tan débil y no se hubiese lleñado de sandwiches en Washington Square, ahora podría disfrutar de una buena comida italiana en cualquiera de los simpáticos restaurantes de la zona. A lo sumo podrá tomar un café de verdad en el Café Ferrara donde se suele reunir lagente de la Maffia según se dice. Por lo cual seguramente no es cierto pero con un pocode imaginación usted se sentirá en plena Cosa Nostra.
Canal Street divide Little Italy de CHINA TOWN, así que acruzar dicha calle internarse en el barrio Chino. En realidad China town no tiene nada de extraordinario excepto que todo el mundo es chino y que los carteles están escritos en chino. También está lleno de excelentes restaurantes (de comida china por supuesto). Pero ni sueñe en almorzar dos veces y en cuanto a cenar es algo temprano.
Luego de arrastrar sus compras de Macys por el Barrio Chino, me siento tentado de enviarlo a Wall Street (realmente cerca de allí) para que camine por el sector financiero.
Pero viendo su aspecto deplorable creo que será mejor dejarlo regresar al hotel para que descanse un ratito antes de salir para ver el espectáculo para el que compró su billete por la mañana. Un dinero tristemente malgastado considerando que usted se va a pasar toda la función roncando…
Hasta mañana.
Village
Su próxima escala será el VILLAGE (Greenwich Village para los no iniciados) donde podrá llegar caminando unas 25 cuadras, siempre por la 7a. Avenida. Admito que esta caminata no es demasiado apasionante excepto por la calle 14 donde se exhibe la ropa más horrible que se pueda uno imaginar (trajes amarillos, vestidos adornados con
dragones de lentejuelas, etc.). En fin, que usted me da pena así que se le permitirá tomarse un autobús hasta el Village. ¡Un autobús, he dicho! No el metro que recorre las entrañas de cualquier ciudad indiferente a
lo que hay sobre él. La 7a. Avenida desemboca en la calle Christopher que en las épocas pre-sida supo ser la columna vertebral de la comunidad gay. Hace unos años si usted hubiese caminado por allí del brazo de su esposa, mis de uno se habría dado vuelta para mirarlo asombrado. Hoy por hoy todo ha cambiado y la calle Christopher es tan inocente como Disney World, aunque conserva el encanto de su edificación y algunos Pubs y Cafeterías con cierta atmósfera europea. Se podrá recorrer al azar algunas calles pues no hay que olvidar que a su regreso inevitablemente se encontrará con algún amigo quien, habiendo también visitado New York, le preguntará aviesamente:
-¿Estuviste en tal lado?
-Si.
-¿Y en tal otro?
-Si.
—¿ Y en aquel otro más allá?
Y aunque usted haya seguido fielmente nuestra guía, siempre habrá algún lugarque no haya visitado, de modo que deberá admitir avergonzado que no, que no estuvo en aquel “otro lugar”.
-Entonces es como si no hubieras estado en New York -le contestará su amigo, quien, probablemente pertenece a esa especie cuya perversión consiste en viajar exclusivamente para poder luego decir eso.
-¡Mira vos! -le dirá usted inocentemente y luego agregará:
-¿Y vos seguramente estuviste en la esquina de Christopher Street y Greenwich Street? ¿No?
Pero entonces vos no conoces Nueva York…
Bien. Ahora ya estará completamente perdido, así que aguce su inglés y pregúntele a alguien: “Where is Washington Square“. Probablemente no entienda lo que le responde pero siga la indicación de su mano y en pocas cuadras llegará a esa simpática Plaza en el corazón del Village.
Times Square
Bueno ¡arriba! Le sugerimos un pequeño descanso no que se instalara de por vida en el Marriott. Una vez en Times Square de nuevo, tomará por la calle 42 hacia el Oeste, recorriendo la algo deteriorada calle del pecado, que supo florecer en las épocas anteriores al video, luego del lejano destape norteamericano. Aún bostezan por allí los Peep Shows, Porno Shops y Cine-porno que ahora ya se encuentran en cualquierciudad del mundo excepto el Vaticano. Regrese por la 42 (por la otra vereda, claro) nuevamente hasta Times Square y doble a la derecha por la 7a. Avenida. Camine por ella hasta la calle 33 y se topará con la Pennsylvania Station y el Madison Square Garden de interés exclusivamente para los fanáticos del boxeo. Retrocediendo una cuadra hasta la cal le 34 y otra al Este (hasta la 6a. Avenida) se hallará frente a Macys, la tienda mastodóntica donde se puede comprar desde una aguja hasta un yate. Aunque le aconsejemos que no entre, usted va a entrar, y por más que le digamos que no compre nada, usted se va a precipitar al piso donde se exhiben las ofertas (ocasionalmente muy baratas), así que no sequeje si el resto de lajornada ladebe cumplir arrastrando un elefantiásico paquete.
Viaje Nueva york
Emerja del Waldorf y disfrute de la mirada codiciosa de los turistas que no poseen esta guía y tal vez lo confundan con algún famoso que se aloja en dicho hotel. Luego tome por Park Avenue hacia la derecha hasta llegara lacalle 59. Allí notará que hacia la derecha la 59 se continúa en el Queens boro Bridge que une Manhattan con Queens pasando por encima de la pequeña Isla Roosevelt (un paraíso donde prácticamente no hay automóviles por la dificultad en llegar a ella). De todos modos usted deberá torcer a la izquierda por la calle 59, bordeando el CENTRAL PARK (una de las zonas más exclusivas de la ciudad) para llegar hasta el Columbus Circle. El turista atlético podrá recorrer las seis cuadras que lo separan del East River, asomarse por el puente y observar Roosevelt Island, regresando luego al punto de partida, caminando otras seis cuadras. Sospechamos que usted no pertenece a esta categoría de modo que lo encontraremos esperándonos pacientemente en Columbus Circle.
De Columbus Circle tomará hacia la derecha por Broadway hasta la calle 64 donde se eleva el LINCOLN CENTER que
habrá que recorrer. Este centro cultural incluye entre otras salas al famoso Metropolitan Opera House. Vea las dos notables obras de Chagal I que decoran el vestíbulo. Claro que el verdadero espectáculo es verlo todo iluminado por la noche cuando hav función, ñero como usted probablemente decidió comprarse una entrada para “Cats” o “‘Les miserables“, se lo va a perder.
Ahora deberá regresar sintiéndose justamente culpable por su frivolidad, a lo largo de Broadway hasta la calle 42. En la confluencia de ambas se halla TIMES SQUARE, uno de los puntos más transitados del mundo. Como se sabe en New York hay más judíos que en Israel, más irlandeses que en toda Irlanda, más italianos que en la mayoríade las ciudades italianas y probablemente más punguistas también, así que tenga cuidado. Frente a usted se eleva la torre del Marriott. Si quiere estimular su complejo de inferioridad y sentirse verdaderamente una hormiga, entre en el lobby que tiene la altura de todo el edificio. Aunque las escasas cuadras recorridas no lo justifican, se le permitirá un descanso en la cafetería del Octavo Piso, desde donde podrá disfrutar de una hermosa vista, tomando un refresco o un café aguado.
Guia de Nueva york
¡Buen día! Son las 8 de la mañana, el día está espléndido, asíque no hay excusa posible paraquedarse remoloneando en la cama. Además, a esta hora, los baños colectivos del YMCA aún están vacíos, así que se podrá sentir un verdadero Onassis en medio de tantas duchas para usted solo. Afeitado y vestido puede desayunaren la cafetería del hotel y podrá salir corriendo a la conquista de New York sin tener que perder el tiempo en regresar a su habitación.
Para ayudarle a recuperar su auto-estima, tal vez algo deteriorada por causa del baño colectivo, esta vez iniciaremos el recorrido en el exclusivo “Waldorf Asteria Hotel“, ubicado en Park Avenue entre las calles 49 y 50, a pocos pasos de su alojamiento. ¿Quién le dice que -en el suntuoso lobby del hotel-se encuentre con algún personaje del jet set? Mientras observa, con envidia, a los opulentos huéspedes del Waldorf, tendrá tiempo para decidir a donde ir luego de haber cumplido reí igiosamente con el cómodo recorrido que se le ha preparado para su segunda jomada en New York.
Es bueno que tome tal decisión, precisamente en este momento, por dos razones.
Primero, porque si lo deja para luego, me temo que en la disyuntiva entre sus pies y su espíritu, opte por sus pies. O sea que -al terminar su jornada- sumerja sus atormentadas extremidades inferiores en agua salada y en lugar de salir póngase a mirar televisión, gracias a lo cual podrá descubrir dos cosas: Una, que el curso “Aprenda inglés en 18 lecciones” es una reverenda porquería. Dos, que también en los Estados Unidos siguen pasando programas repetidos (por ejemplo: el prehistórico “Aventuras en el Paraíso”). La segunda razón, por la que le urgimos a tomar una decisión es que precisamente en el Waldorf Asteria hay un Ticket Box (¡Vamos! Dieciocho lecciones tienen que haberle servido de algo), dónde se pueden adquirirentradas para una cantidad de espectáculos supuestamente agotados desde hace meses.
Quisiéramos ayudarlo pero lamentablemente debemos dejarlo desamparado pues hasta el turista más típico se vuelve atípico en sus preferencias noctámbulas. Mientras unos se dejarían cortar el brazo para poder escuchar a KiriTi Kenawa en el Metropolitan, otros preferirían dejarse meter agujas bajo las uñas antes que soportar una ópera. En fin. Haga como le parezca: las opciones son infinitas y,ocasionalmente (muy, muy ocasionalmente) incluyen algún espectáculo gratis.
En Nueva York
Ahora, doblando hacia la izquierda en forma perpendicular a la 5a Ave., se recorrerá la calle 34 en dirección a East River. Se cruzan Madison Ave., Park Ave. (si no se cruzan es porque usted agarró hacia la derecha en lugar de la izquierda), y luego de recorrer unas siete cuadras se llega a la ESTACIÓN DE HELICÓPTEROS en East River y la 34. Hay varios tours (3,5 o 10 minutos). No se enloquezca y contrate el de 5 minutos porque es su primer día de viaje y el dinero no crece en los árboles. El espectáculo de New York en helicóptero es indescriptible y aunque no es un paseo barato, vale la pena cualquier sacrificio hacerlo.
Una vez aligerado de unos 40 dólares, tomará por la 1 st. Ave a la derecha para dirigirse al edificio de la NACIONES UNIDAS, que se encuentra entre las calles 42 y 47. Entre y métase en una visita guiada (en español).
Terminada la visita usted se dará cuenta (o no) de que está a escasas cinco cuadras de su hotel, pero no se ilusione: la tarde es joven aún. Así que regrese hasta la calle 42 y camine por ella en la única dirección posible (en la otra está el agua) hasta la 3a Ave. Allí se eleva el edificio “CHRYSLER“. Habrá que visitar el lobby “art-decó” y, en caso de que anochezca, subir a la torre para ver cómo se encienden las luces de la ciudad. Por lo demás, la vista es parecida a la que se disfruta del Empire State. Salga del Chrysler y -cruzando la Av. Lexington- se topará con el edificio de la Pan-Am y la GRAND CENTRAL STATION. Entre en la Estación y recupere el aliento mirando al mundo de gente que hormiguea por el lugar. Ahora se le permitirá arrastrarse hasta su hotel (que -presumiblemente- está sólo a unas 8 cuadras de la Estación). Felices sueños. A menos que quiera ir a algún lado por la noche. En ese caso, si usted es un turista esquemático, puede dirigirse al boliche donde toca el saxo Woody Allen, a un par de cuadras de su hotel. Es un lugar carísimo y siempre está lleno. Pero no. Usted es un hombre de suerte. Entró y consiguió mesa enseguida. ¿Porqué será? Seguramente porque esta noche -Woody Allen- está resfriado y no va a aparecer. Así que pague, con dolor, su suculenta cuenta y vayase a dormir en paz.
Empire state
A esta altura es doloroso pero inevitable informarle que cada número significa una calle. O sea que, habrá recorrido unas 20 cuadras cuando llegue al EMPIRE STATE pero, como se verá, sólo con el sudor de la frente se logra llegar aser un verdadero turista y, parafraseando al tango, pronto sabrá que 20 cuadras no es nada…
Caminando por la 5a Avenida se podrá entretener mirando los elegantes negocios que la bordean y se podrá reír a carcajadas de los precios que se indican en las vidrieras. A la altura de la calle42 pasará frente a Public Library(¡ vamos!, no me diga que pretende que le traduzca el nombre del edificio)con ocasionales exposiciones que, a veces, son interesantes. Bien. Llegado a la calle 34 se topará con el imponente Empire State, el que se visita previo pago de entrada (50% si logra convencer al desconfiado boletero de que -a pesar de su vacilante acento recién adquirido-usted es un ciudadano americano). La vista desde arriba es absolutamente maravillosa. Tanto que usted hasta está sintiendo una cierta languidez… que puede tener otras causas, claro. Por ejemplo el hambre. Sólo que el hambre no puede ser porque, si mal no recuerdo, luego de engullir en el avión dos cenas y un desayuno chorreando huevos y tocino, usted había jurado no comer nunca más.
Claro que si yo hubiese supuesto que para usted “nunca más” equivale a cuatro horas, la habría aconsejado munirse de una económica vianda en la cafetería del YMCA o la rotisería del Pickwick, y ahora estaría merendando en la cima del mundo.
De todos modos al salir del Empire State (tras ignorar el Museo Guiness de Records de interés exclusivamente para fanáticos de Guiness), se podrá meter en cualquier cafetería de las que abundan por la zona, pues en N. York se come barato y variado (aunque extrañamente todo tiene el mismo gusto) y no hay porqué tener las precauciones en elegir el lugar, que son indispensables en Europa.










