Hotel Segovia

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Subiendo por unos escalones puede observar el acueducto desde una perspectiva distinta.
Mire con desprecio (no envidia, desprecio dije) a los ricos y famosos que, sentados en Cándido (uno de los restaurantes más prestigiosos de toda España) se deleitan comiendo cochinillo sin sentir aparentemente ningún tipo de remordimiento por devorar un animalito tan simpático, para peor llamado con un diminutivo cariñoso, más apropiado para un animalillo doméstico que estuviese correteando por la casa y no sobre el plato. Caro pagarán su insensibilidad ¡muy caro! Así que usted absténgase de caer en la tentación, engañándose con falsos argumentos del tipo de:
-Después de todo, si nadie se comiera a los chanchos, pronto habrían tantos que se declararían plaga mundial y serían eliminados de todos modos.
En este instante a ustedes se les presentan dos posibilidades, a saber:
1) Puede buscar refugio en uno de los módicos hoteles de la insulsa parte moderna de Segovia. Como supongo que lo ahorrado no lo piensan destinar a Green peace, depreden también ustedes la naturaleza y ordenen para la cena una porción del famoso corderito segovia no en algún restaurante de la ciudad vieja (por ejemplo el Restaurante Duque, bastante caro pero mucho más accesible que el afamado Cándido).
2)Sorprenda a su mujer con una noche inolvidable en medio de la sugerente atmósfera medieval de una vieja casona reciclada como Hostal (por ejemplo el Hostal de los Linajes, vecino al Alcázar). Claro que deberán compensar su desborde romántico contentándose con cenar un par de humildes pero ecológicos emparedados.
Considerando los años de casado que sobrellevan, no dudo que optarán por los placeres de la carne (de cordero), en cuyo caso les recomiendo que se instalen rápidamente en cualquiera de los hoteles de dos estrellas que hayan visto en el camino. ( Claro que lo de las estrellas es relativo (hablando en términos hoteleros, no astronómicos), pero como regla general considerando sus menguadas posibilidades económicas, en las ciudades pequeñas, un hotel de dos estrellas es una opción razonable. Desconfíe en cambio de los hoteles de dos estrellas de Barcelona, que a juzgar por los menguados servicio que ofrecen, deben ser estrellas fugaces.

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