Casas de la juderia
Dos hechos dan la pauta de la influencia judía entre los monarcas árabes. El primero se refiere a Abderrahman, el pri mer constructor de la Mezquita. Siendo Ebn Habib gobernador de Al Magreb, apareció por allí Abderrahman, huérfano y único sobreviviente de su familia masacrada en Damasco. Traía sobre la frente los dos rizos de los elegidos. Pero como Ebn Habib también se había dejado dos rizos jugueteando con la idea de convertirse en Señor de la España árabe, al verlo aparecer se le ocurrió la nada original idea de mandarlo asesinar. Y así lo hubiese hecho de no mediar la opinión de su consejero judío, quién dijo textualmente: “si lo matas, ciertamente que él no será el predestinado, y si lo dejas puede que lo sea”
Para entender el por qué Ebn Habib interpretó que eso significaba que debía dejarlo vivir, habría que internarse en los sutiles vericuetos del alma árabe. Pero el hecho es que así lo hizo. De lo que se desprenden dos cosas:
1) Abderrahman debió quedar eternamente agradecido al que le salvó la vida (en particular) y a los judíos (en general)..
2) Los árabes discriminaban a los pelados, quienes evidentemente no podían ostentar los dos rizos sobre la frente.
El otro hecho en que intervino un judío, se refiere a otro sonado caso de discriminación. Esta vez contra los gordos y por parte de los cristianos. Sucedió en el año 958, cuando doña Toda, reina de Navarra, se dirigió a Córdoba (famosa por sus
médicos), pidiendo ayuda para su nieto don Sancho. Al parecer éste, desagradablemente obeso, fue destronado por su excesiva adiposidad. Abderrahman III designó a Joseph, un judío, para el tratamiento y el consiguiente cobro de los honorarios que consistía en 10 castillos. Y no sólo logró éste hacer adelgazar
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