Basilica ulpia
Frente a sus ojos se extiende el foro aporticado sostenido por una doble fila de columnas a cuya sombra se cobijan distintas personas. Aquellos allí, por ejemplo, con el aspecto algo deteriorado son artesanos vendiendo su mercancía. Son los antepasados de otros que, con el aire igualmente poco próspero, siguen ofreciendo parecida mercancía por las plazas de la Roma de hoy en día.
Más allá un pequeño grupo rodea a un hombre que gesticulando pregona las virtudes de unos escuálidos esclavos a los que está subastando. A pesar de sus (de usted) firmes convicciones republicanas y democráticas, el hecho no le debe llamar mucho la atención porque todos sabemos que al igual que en Grecia, el generoso sistema social está basado en la mano de obra gratis que suministran generosamente los esclavos.
Hacia su derecha ese hombre con aire enfermizo que está leyendo algo de un rollo ante un coro de bostezos es naturalmente un escritor. Mejor dicho un recitador, pues con los costos de publicación (casi tan delirantes como ahora) muy pocos podían darse el lujo de entregar su texto a los editores. Estos a su vez tenían un equipo de esclavos especializados (los apeadores de ahora) quienes se encargaban de copiar los textos. Como alternativa algunos autores obcecados en lugar de resignarse, se alquilaban un auditorio. Esos auditorios eran salones, provistos de un estrado y escaños para el público, que algunos de los ciudadanos más pudientes se hacían construir en sus casas.
También solía haber una cortina que ocultaba a la esposa del escritor-orador, quién probablemente prefería escuchar sin ser vista. O tal vez dormitar sin ser molestada. Pero claro, estaban aquellos que tampoco podían costearse el alquiler de un auditorio. Estos invadían el foro (como aquél que usted está viendo) o las termas y tan pronto veían un pequeño grupo conversando apaciblemente, desplegaban su rollo y le daban vía libre a la oratoria. En resumen: eran una verdadera plaga. Dejando en paz a la gente que paseo tranquilamente,. mire ese Arco Triunfal a su izquierda. A su derecha en cambio esos escalones conducen a la BASÍLICA ULPIA. Como verá se trata de un edificio con reminiscencias de las salas hipóstilas egipcias. Sus 96 columnas divididas en 5 naves sostienen el techado. Aun se pueden ver cuatro hileras de la parte central. Contra el lado derecho de la Basílica se recostaban las dos Bibliotecas a cada lado de la Columna Trajana. En una se guardaban los textos griegos y en la otra los latinos mientras que la columna era una especie de texto ilustrado, de lo cual es razonable deducir que los romanos de esa época tenían mejor vista que los de ahora. El templo que ve a su derecha (de la cual ya no quedan ni restos) es el llamado del Divino Trajano. Eso, unido a su Estatua Ecuestre y la columna, está dejando algunas razonables dudas sobre su mentada modestia.
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