En roma
Otros ciudadanos más apacibles se limitaban a correr alrededor de la fuente, o de pronto se instruían leyendo en la biblioteca. En las termas de Caracalla la biblioteca se reconoce por los nichos donde iban los baúles donde se guardaban los libros. Los que no tenían ganas ni de leer ni de traspirar, se dedicaban a recorrer las instalaciones adornadas con exquisitos objetos de arte. Por ejemplo el Laoconte del Vaticano es de las termas de Trajano. El Hércules, la Flora y las dos Fuentes del Palacio Farnesio son de las de Caracalla.
Al comienzo hombres y mujeres podían bañarse juntos, con lo cual, si bien no se lograba grandes resultados en el campo de los deportes, innegablemente los romanos se divertían de lo lindo..
En una medida que debió resultar sumamente impopular, en el año 138 Adriano separó el uso de las termas estableciendo horarios para cada sexo. Y si Adriano no hubiese sido tan notoriamente afecto a los muchachitos, esta medida podía haber pasado a la historia como moralizante.
La reglamentación del uso de las termas debió crear bastante confusión pues, como decía Séneca, “es más fácil que se pongan de acuerdo los filósofos que los relojes”. Y así era, porque en Roma las horas variaban de duración según la época del año. En efecto se dividía entre doce el lapso de tiempo entre la salida del sol y cuando éste se ocultaba. Para mejor los relojes escaseaban y eran objetos muy codiciados. A tal punto que en el testamento de un rico comerciante, él pide que en el centro de su mausoleo se coloque su reloj además de la caja conteniendo su primera afeitada. La impuntualidad ha sido trasmitida a los romanos actuales a pesar de que ya las horas tienen sus 60 minutos. Lo de la primera barba en cambio fue sustituida por aquellos broches que algunas madres se hacían hasta hace poco con los primeros dientitos del nene. No es lo mismo pero resulta igualmente desagradable.
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