Florencia

florencia

Según sus contemporáneos, Giotto poseía un par de virtudes (entre los que se cuenta su detallismo y profesionalismo) y algún molesto defecto.
Su virtud principal, seguramente, fue el de ser el adelantado del Renacimiento italiano. A lo que debe haber contribuido no sólo por su visión renovadora del arte sino por haber establecido condiciones de trabajo sumamente ventajosas.
Nació pobre y murió rico, lo cual es un ejemplo más atractivo para emular que el de aquellos famélicos y tuberculosos pintores de fines de siglo pasado.
Su gran defecto consistía en un insoportable sentido del humor, el que le llevó, por ejemplo, a estropear un cuadro de Cimabue, pintando una mosca sobre la nariz de uno de los personajes. Otra de sus gracias lo llevó ante los magistrados, demandado por un hombre que le había encargado un escudo de armas. Giotto tomando el pedido al pie de la letra le estropeó el escudo pintándole encima una serie de armas.
En fin. Que si alguien merecía que le rompieran la nariz como a Miguel Ángel, era sin duda Giotto.
Los relieves que adornan la base de la torre son obra de Andrea Pisano realizados sobre diseños de Giotto (la “Agricultura” o la encantadora “Borrachera de Noé”), de Orcagna y Lucca della Robbia.
En los nichos que se observan en el nivel que (dividiendo la torre en cuatro sectores) se podría llamar el primero, había originalmente estatuas de santos, profetas y sibilas realizados por Donatello y Nanni de Bartolo.
Hoy en día, amenazados por la polución, fueron guardados en el Museo de las Obras del Duomo, que ustedes podrán visitar si les alcanza el tiempo, (aunque, más bien sospecho, que no).
De todas formas podrán reconocer el Museo porque tiene un busto de Cósimo I sobre el portal. Si por uno de esos avatares de la vida ustedes no supieran como era Cósimo I, les bastará con leer el cartel que dice “Museo de las Obras del Duomo ” en un edificio que se levanta frente al ábside de la Catedral.

Comentarios

Dejar un Comentario