PALAZZO DEGLI

Arrastrando su frustración salgan del Palazzo y diríjanse al vecino PALAZZO DEGLI UFFIZI, construido para las oficinas gubernamentales por orden de Cósimo I. Los trabajos fueron comenzados por Vasari pero continuados por Parigi y Buontalenti quien construyó allí el Teatro de los Medici, donde se representaban piezas musicales.
La Galería posee todas las virtudes que para mí debe poseer un Museo que se precie: una rara coherencia, un nivel absolutamente insuperable y un entorno ideal para lo que se exhibe.
La coherencia se debe a que el origen de la colección se debe a Cósimo el Viejo, un conocedor del arte con un buen olfato para lo que iba adquiriendo. Lo mismo cabe decir de Lorenzo y Cósimo I quienes fueron los que más contribuyeron a completar el acerbo del Museo. Francisco I, hijo de este último fue el que cerró la Logia superior para la Galería de las esculturas.
Luego se agregaron más salas y se construyó la tribuna octogonal. Bajo Fernando I se agregaron aún más salas y el Museo comenzó a recargarse de obras. Una enfermedad funesta del que adolecen muchas galerías.
Con buen criterio, antes de convertirlo en un supermercado de obras de arte, parte de la colección se distribuyó entre el Museo Etrusco, el Bargallo y otras galerías.
Siendo que las obras más importantes de la colección pertenecen al período renacentista, es natural que no tengan ese aire de ” ¿qué estoy haciendo aquí?” de, por ejemplo, un sarcófago egipcio en las salas del Louvre. Máxime que, muchas de las piezas que se exponen, están allí prácticamente desde que vieron la luz.
En cuanto al nivel de excelencia de las obras, basta leer el catálogo (osea, ¡cómprenlo!)para quedar con la boca abierta.
Recorran todo y cuando su hambre supere su sed de cultura, salgan de la Galería y coman su repetido menú turístico del día.

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