DE FLORENCIA A VENECIA

DE FLORENCIA A VENECIA
Y henos aquí enfrentados de nuevo a la duda existencial de siempre: ¿Viajamos directamente a Venecia o hacemos escalas?… O, aunque nos desviemos, ¿pasaremos por Fiésole a conocer el Anfiteatro Romano y, de paso, visitamos el pequeño museo de la Iglesia de San Francisco, con las exóticas piezas, depred…..¡ejem!, recogidas por los misioneros franciscanos en China, Egipto y otros países similares?
Y yo qué sé. Lo ideal sería, por supuesto, disponer de dos meses para recorrer cómodamente Italia Ahora, si uno apenas dispone de un mes, evidentemente tiene que calibrar muy bien las ciudades que habrá de visitar. De todos modos, aceptando esa bastante improbable hipótesis de que su situación económica en lugar de hundirse en las profundidades del desastre, ha tenido un inesperado vuelco favorable, yo le sugeriría hacer el siguiente recorrido:
Salgan de FLORENCIA hacia BOLOGNA (107 kilómetros por la ruta 65), para lo cual les convendrá tomar la Viale Lavagnini hasta la Piazza della Liberta y de al1í 1a vía del Ponte Rosso que desemboca en dicha ruta. Si su situación económica realmente hubiese mejorado, podrían tomar la Autostrada A1, que más rápidamente pero con menos gracia, los depositará también en Bologna. Claro que la opción entre carretera común y autopista no se reduce solamente a lo puramente económico.
Por ejemplo las rutas tradicionales tienen la ventaja de un recorrido más pintoresco que las autostradas que llevan trazados rectilíneos y aburridos. Aún más, una razonable velocidad permite disfrutar de esas bellezas naturales… pero…
Pero tiene en cambio la desventaja de que por ella transitan otros automovilistas movidos por idénticos intereses y gustos radicalmente distintos. O sea que, de pronto usted quiere deleitarse con la observación de un apacible valle (para lo cual enlentece su marcha), molestando así al coche que lo sigue cuyo conductor, tal vez, sea amante de las montañas.
Del mismo modo, puede suceder que el automovilista que lo antecede sea fanático de los rabanitos, bajando su velocidad a la de una tortuga cada vez que divisa un plantío de esos poco emocionantes cucurbitáceas. Una ventaja de las autopistas es que no suelen ser transitadas por tantos camiones como las carreteras comunes. Y aunque lo fueran, igual usted podrá pasarlos cómodamente gracias a los numerosos carriles, pero…
Pero tienen la desventaja de que lo dejan a usted en la ignorancia de dónde almuerzan los camioneros… y como todo el mundo sabe, estos suelen merendar en los sitios más económicos y donde se sirve la comida más abundante, aunque…
Aunque, esta afirmación algo folclórica ha sido aprovechada por restaurantes carísimos que han comprado camiones y los dejan estacionados a su puerta para engañar a turistas crédulos. Cosa que no lo podrá pasar si va por la autopista…
En pocas palabras, haga como quiera.

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