Venecia

Más que una ciudad, Venecia parece la extravagante escenografía para una película de Fellini. Una improbable y lujosa ciudad imperial que un libretista delirante hubiese implan-tado encaramado sobre unos postes de madera en el medio de un pantano de difícil acceso.
Una ciudad de fachadas de tarjeta postal, canales escondidos y puentes de bolsillo.
A pesar de su absurda implantación (o tal vez gracias a ella) Venecia logró mantenerse como una floreciente república por más de 1000 años, debido a dos cualidades y a un defecto propio de sus habitantes:
I) Su primera cualidad es su extraordinaria habilidad para la navegación. Esa afición se remonta y a a aquellos primitivos vénetos que se establecieron en esos pantanos huyendo de las hordas bárbaras. De ellos se sabe que eran hábiles pescadores que lograban sortear los bancos de arena, navegando en los bajíos de la laguna. Las generaciones siguientes heredaron esa afición al agua, pero ya miraban más lejos, al mar abierto. Y pronto las naves vénetas surcarían el Adriático, el Mediterráneo y el Egeo en una especie de matrimonio con el mar que se simbolizaba todos los años con una ceremonia muy popular. El Dux, vestido de oro, parados sobre su lujosa barca llamada el Bucentauro, echaba un anillo al mar, diciendo: “Nosotros te esposamos, mar, en signo de perpetua dominación”.
Locual demuestra dos cosas. A)Primero que los venecianos tenían un concepto decorativo de la mujer y una visión machista del matrimonio. Y como prueba de ello es notorio que, a diferencia de otras ciudades italianas, en la historia veneciana no se ha destacado ninguna mujer.
No aparece allí ninguna Livia Agrippina, Lucrezia Borgia o Catalina de Medici. A lo sumo asoma tímidamente esa pobrecita Desdémona que tuvo la duda virtud de dejarse degollar por Ótelo. Y si bien el Moro de Venecia fuese un invento de Shakespeare quien se empeñaba en hacer navegar sus fobias racistas entre canales (el negro Otelo, el judío,
Merecadder de Venecia), igual es cierto que se baso en hechos reales. Chiara Massolo Lucrezia Capello de muieres que murieron en circunstancias similares
B) La segunda consecuencia es que si bien las Desdémonas murieron pudidissimas y castissimas (como lo declara la sentencia judicial en un superlativo que siembra crueles dudas sobre la conducta de las que apenas son púdicas v castas». otras habrían que no lo serían ni tanto
Y si el matrimonio entre humanos es algo frágil ,,qué pensar cuando uno de los contrayentes es el (más bien, la) mar”
Máxime cuando como dijo Voltaire. ni siquiera había consentimiento por esa parte Y como cantaban los genoveses. acérrimos enemigos de los venecianos

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