Ciudad de venecia

Bien. Regresen al Palacio por el otro corredor (sin suspirar, por favor) y si tienen ganas visiten los Pozzt, las cárceles que quedaban dentro del Palacio Una de las celdas conserva el revestimiento de madera y un camastro
Una vez terminada la vista del Palacio les toca comer, para lo cual sigan su instinto de conservación pues sería completamente inútil darles una dirección determinada que luego jamás encontrarían dadas las notorias dificultades para orientarse en la ciudad.
Antes de ayudar a su proceso digestivo escalando la Torre del Reloj (Coducci, 1496), observen a través de la arcada que pasa por debajo de la misma.
Ante ustedes se desarrolla la Mercería, una elegante calle que une la Piazza con el Rialto y que es amada por los turistas porque es la única vía por la que logran desplazarse sin perder el rumbo. Para mejor, a partir de un decreto de 1392 ya no se permite galopar a caballo por la Mercería, y lo que es más también se eliminaron de las calles los cerdos que, bajo la protección de San Antonio, vagaban libremente por la ciudad.. “Causa de fealdad y peligro” como trata vanamente de justificarse ante el Santo un escrito de la época.
Las palomas en cambio, más obcecadas (tal vez por estar protegidas por un Santo de mayor influencia como es San Marcos), han resistido algunos tímidos intentos de reducirlos dándoles pastillas anticonceptivas. Son cerca de 200.000, los niños los adoran, los conservadores de la limpieza de la ciudad las odian, y tienen la particularidad de asustarse puntualmente desde el año 1500, cada vez que los moros de la TORRE DEL RELOJ tocan la hora.
Con la misma puntualidad, Pavlov se debe remover en su tumba preguntándose cómo sus ratones lograron aprender tan fácilmente el sonido de las campanillas, y las tontas palomas de San Marcos, no.

Ahora ustedes se encuentran frente al famoso Campani le que durante casi 1000 años mantuvo en pie su estructura de casi 100 metros. El 14 de Julio de 1902, hastiado de ser el blanco de palomas y de turistas fascinados con la novedad de sus máquinas fotográficas, luego de crujir y agrietarse para evitar cualquier desastre, la venerable torre decidió seguir la suerte de tantos y tantos que la habían elegido para suicidarse y se autoeliminó desplomándose sobre la Piazza
Los venecianos, que son famosos por lo supersticiosos, pensaron que era el fin del mundo. Y aún hoy si usted le pregunta a algún viejo habitante de la ciudad que pasó el 14 de Julio, seguramente le dirá que fue el día de la caída del Campanile y no de la Bastilla.

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