Museo Correr en Venecia
El Museo CORRER que se aloja allí posee algunas excelentes obras de la dinastía de los Bellini. las famosas cortesanas de Carpaccio, etc. etc.
La Piazzetta está adornada con dos columnas de granito traídas de Constantinopla o Siria. En 1172 se logró colocarlas en su lugar aunque la tercera cayó en la laguna. Según una antigua superstición quien pasa entre ambas columnas corre peligro de muerte. Se dice que tal leyenda se habría originado por el hecho de que los condenados a muerte pasaban por allí. Ahora por qué se les ocurría pasar por allí o donde venían, eso nadie lo explica.
Sobre una de las columnas, de espaldas al mar, San Teodoro, lastimosamente desplazado de su patronato sobre la ciudad, por las apariciones y desapariciones algo sensacionalistas de San Marcos, medita sobre la futilidad de ser un cadáver responsable.
Sobre la otra columna, el león alado de San Marcos que supo viajar a París en esa excursión escultórica organizada por Napoleón, observa melancólicamente a los Leoncitos que desde 1722 se encuentran para delicia de los niños que se les montan encima, en la Piazzetta dei Leoncini.
El costo del transporte de las columnas parece que correspondió a un tal Barattieri quien obtuvo por ello permiso para instalar entre ambas columnas un banco público de juegos de azar.
Bordeen el Palacio Ducal, sáquenle una foto del Puente de los Suspiros que les va a salir mal porque está a contraluz y sigan por la Riva degli Schiavoni. Pasen por el Puente de la Paja y frente al Monumento de Victorio Emmanuelle II doblen a la izquierda (a la derecha está el mar) hasta la Iglesia de San Zacaría. Fue fundada en 827. Apenas terminada ya fue reconstruida conservando, de esa época, la cripta. De las reconstrucciones del siglo XII conserva el campanile y el ábside 1lamada Capilla de San Tarsio. En 1480se siguió reconstruyéndolas sin que los resultados agreguen nada a la historia de la arquitectura. Más bien todo lo contrario. De todos modos tiene una hermosa Virgen de Giovanni Bell ini en el segundo altar de la nave izquierda.
Luego de una prudente espera que podrán disimular bajo un aire místico, si no aparece ningún otro turista (o si el que aparece es igualmente conservador en sus gastos como usted) pague para que le iluminen el cuadro y de paso visiten la capilla San Tarasio con frescos del Andrea del Castagno quien tocaría mal el laúd y tendría mal carácter, pero pintar, pintaba bien.
San Tarsio (sin ser tan famoso como San Marcos), fue otro cadáver ilustre y viajero, hurtado también de Oriente. Según el Duque Dándolo, devoto del Santo, unos marineros al entrar en una iglesia oyeron una voz que les decía “coge ese cuerpo santo y llévatelo”. Los marineros de esa época eran muy devotos y como prueba está el hecho de que en lugar de zambullirse en el primer burdel se les daba por ir a rezar. Así que le hicieron caso a la voz, estimulados para mejor por la del propio Santo quien les urgía diciendo: “levántame, estoy dispuesto a ir contigo”.
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