Paris la ciudad del amor
Este honor le causó también algunos sinsabores. Por ejemplo en 1524 los estudiantes algo desconformes con la elección del rector, la saquearon y destrozaron. Lo cual no es de extrañar considerando que años antes estudió allí el famoso poeta Francois Villon. Este, cuando no se emborrachaba, frecuentaba burdeles donde se hacía entretener y mantener por la “gorda Margot” a quien explotaba como lo describe en una de sus magníficas poesías. Luego se vio envuelto en un asesinato y en el robo del Colegio de Navarra. Debió sufrir tortura y salvó su vida, ya sobre el cadalso, gracias a su fama de poeta. Entre los males que lo aquejaron luego de su muerte se cuenta una obra teatral de su vida escrita por un tal Sarlós,
que lleva el nombre de uno de sus poemas más conocidos “La balada de los colgados”.
En el siglo XVII la Iglesia estaba en plena decadencia física. El portal y dos de las naves amenazaban derrumbarse. Ante eso se optó por demoler las naves y reconstruir la fachada en un horrible estilo dórico. Durante la Revolución, hasta 1805, sirvió de comercio para la venta de sal. Finalmente fue dedicada al culto griego de donde le viene ese ligero aire bizantino.
A pesar de las reparaciones y cubriendo con un piadoso manto de olvido el horrible portal, el exterior conserva su carácter primitivo con sus contrafuertes, ventanas ojivales y el ábside con los absidiolos. Delante del portal norte se extiende la placita de Rene Viviani, de donde se obtiene una vista inolvidable sobre Notre Dame. Allí se encuentra el árbol más antiguo de la ciudad, una falsa acacia traída de América y planta de allí en 1601.
El interior impresiona por su simplicidad. La bóveda sobre la nave central es de 1651, pero el techado de las naves laterales es gótico.
Al dejar la iglesia tomen por la me Galande hasta la rué Saint Jacques y por ésta a la izquierda hasta la vecina rué de Parcheminerie. Esta calle es llamada así (como habrán adivinado gracias a sus conocimientos del francés) porque sobre ella se ubicaban los escribas medievales a quienes se les podía encargar la copia de manuscritos. La iglesia ante ustedes es la de ST. SEVERIN.
Al igual que St. Julien que es disputada por al menos tres Julianes, St. Severin también tiene al menos dos posibles santos en su haber.
Se supone que fue fundada en el siglo VI para honrar aun Severino que indujo al nieto del rey Clovis a hacerse monje, o a otro suizo que curó al mismo Clovis de una enfermedad pertinaz. De una forma u otra los normandos liquidaron la cuestión y la iglesia al mismo tiempo.
Fue reconstruida en el siglo XI y ampliada en el XUI, aunque se respetó la fachada románica. Las obras en un estilo gótico florido se continuaron hasta 1530.
Lamentablemente en 1681 la Grande Madmoiselle, prima de Luis XW, gastó parte de su inmensa fortuna en estropear el edificio encargándole a le Brun la “modernización ” del coro y la nave. Cosa que éste cumplió forrando todo lo que pudo con mármoles y madera. Si la Gran Dama hubiese nacido un siglo después, la guillotina hubiera castigado su mal gusto para alborozo de los amantes del arte.
El ábside y las fachadas laterales se caracterizan por el techo en forma de dientes de sierra. Los portales están bien decorados y las gárgolas imitan pájaros y otras bestias.
El portal principal es del siglo 13 pero traído aquí de otra iglesia destruida en 1839. Las ventanas la balaustrada y la roseta son del siglo XV.
Al pie de la torre se ve lo que fue la entrada original a la iglesia. En el tímpano hay un San Martín acanallo. Esa conocida afición equina del Santo, impulsó a los peregrinos a congraciarse con él, clavando una herradura de caballo sobre sus puertas.
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