Turismo en Paris
Crucen el Sena por el Puente St. Michel que los dejará frente al PALACIO DE JUSTICIA, que se levanta en el lugar del Palacio de los Prefectos romanos y de los reyes de la dinastía de los Capetos.
De la época romana no queda nada en pie, pero del hermoso palacio que hizo construir San Luis nos resta la Sainte-Chapelle. De las ampliaciones del siglo XIV son testimonio las construcciones góticas de la Conserjería y las 4 torres del Quai de l’Horloge.
Luego, Carlos V abandonó el Palacio que se convirtió en sede del Palacio del Parlamento, cuya jurisdicción era la administración de la Justicia.
Pasan los años y cuando el rey Francisco I cae prisionero de Carlos V de España el Parlamento comienza a transformar su poder judicial en poder político durante el largo cautiverio del Rey.
Este Francisco I era un ser bastante contradictorio. Consiguió su libertad gracias un desastroso tratado que de antemano juró no cumplir, a pesar de garantizarlo con sus dos pequeños hijos a quienes mandó de rehenes a España para que ocuparan su lugar en la prisión. Tal vez tratando de recuperar su imagen paterna algo deteriorada le cedió, al mayor de sus hijos, a su amante, Diana de Poitiers. Seguramente no sospechaba que a pesar de los 18 años en contra de Diana, la relación sólo se terminaría con la muerte del futuro Rey cuyas cartas de amor a la ya anciana dama siguen conmoviendo a las almas románticas.
Quizás como consecuencia de sus años de cautiverio se volvió terriblemente gastador. Uno de los medios a los que echó mano para agenciarse de dinero fue la venta de los puestos parlamentarios que se volvieron hereditarios. Esta medida a la postre contribuiría a crear un fuerte Parlamento que se opondría al poder absoluto real.
Francisco I protegió a los artistas, en particular a un disoluto Ben venuto Cellini. Este, amparado en el favor real insultaba a los jueces y perseguía (según se cuenta) a sus modelos, que correteaban desnudas por su taller tratando de huir de sus golpizas pero no de sus caricias.
Mantuvo una enfermiza relación de dependencia con su hermana Margarita, otro ser extraño que pese a ser creyente y virtuosa escribió cuentos bastante zafados en el Heptamerón. Entre ambos hermanos trataron de frenar infructuosamente el surgi miento de un fanatismo religioso que cul minaría (gracias a su nuera Catalina de Medici) en la sangrienta noche de San Bartolomé. Tuvo que aceptar de todos modos las persecuciones a los reformistas y se vio obligado a recorrer en procesión las hogueras donde, a fuego lento, se asaba a los calvinistas y luteranos.
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