Tras la cascada del Salto del Sapo

Tras la cascada del Salto del Sapo
El pueblo de Canaima compartí; su nombre con el parque nacional que lo rodea. Con una extensión de casi tres mil Iones de hectáreas protegidas de la región de la Gran Sabana, este parque es uno de los más grandes del mundo. Aunque el salto Ángel es una de sus cascadas más conocidas, hay otras muchas que merecerían los elogios en cualquier otro país. Subimos a una embarcación alargada y motorizada liara visitar una de ellas, el Salto del Sapo, de más de cien metros de anchura y 20 metros de altura. Las cascadas se hallan situadas en el extremo más alejado de la isla en forma de bota de la laguna (llamada Isla de Anatoliy), y son inditas en el parque nacional por el sendero tallado en la roca, que se abre paso por del ras de la cascada j que cruza de un lugar a otro. Ksle sendero fue abierto por un guía peruano llamado Tomás Bernal, que vivió como ermitaño en  una cueva situada junto a las cascadas durante los diez primeros años de su estancia en Canaima. Llegó a ser famoso entre los viajeros por sus visitas organizadas para observar la fauna, aunque a finales de 1998 se ahogó trágicamente cuando su canoa volcó cerca de las cascadas.
Con los bañadores puestos, permanecimos sobrecogidos bajo el fino rocío al principio del impresionante túnel. La potencia del agua es inmensa y mientras avanzábamos cuidadosamente sobre las resbaladizas rocas el aire perturbado se arremolinaba a nuestro alrededor como un viento de tormenta, fue una experiencia inol viciable. A mitad de camino por el sendero, el agua que se precipita alcanza su potencia máxima y parece absorber todo el aire de la pasa reía, dificultando la respiración. Cuando me atrevía extender la mano para colocarla bajo la corriente de agua que se precipitaba, casi me la arraneó de cuajo. Al salir por el otro extremo y mirar liana al ras, alas cascadas, nos pareció increíble que pudiéramos estar por detrás de éstas. Más tarde tendríamos que regresar por el mismo camino para continuar nuestro viaje hacia el Salto Ángel.
Una vez vista la gran catarata desde atrás, subimos por un empinado sendero de tierra para ver el Salto del Sapito desde arriba. Las vistas desde estas cascadas son extraordinarias. A lo lejos, se elevaban de la llanura tres tepuis mis más pequeños (Kurún, Kusari y Kara vaina), con sus anchos perfiles arracimados como si se dispusieran a formalizar un acuerdo para formar un tepui mas grande. Después de visitar brevemente lo alto de! sallo del Sapo y de regresar por el impresionante túnel, caminamos río arriba durante una hora para llegar junto a la embarcación que nos llevaría a núestro campamento de hamacas, donde pasaríamos la noche. La corriente del río Carao es muy fuerte y el motor de la embarcación luchó incansablemente para mantener nuestro avance. Superar los numerosos rápidos exige una gran habilidad por parte del patrón, pero en los rápidos Mayaupa fue necesario bajarnos del barco y caminar media hora para rodearlos. Avanzamos lentamente, pero el paisaje, cada vez más espectacular, mantenía fija nuestra atención. El retorcido río me hacía perder el sentido de la orientación con sus revueltas y frecuentemente me encontré admirando «nuevos» tepuis, hasta que más tarde me di cuenta de que todos formaban parte virtualmente del mismo: Auyán Tepui.

Comentarios

One Response to “Tras la cascada del Salto del Sapo”

  1. Edmundo on diciembre 16th, 2010 17:24

    Qué hermoso lugar! El nombre suena verdaderamente curioso, pero las descripción de la experiencia me ha conmovido profundamente. En mis próximas vacaciones en Venezuela visitar la Cascada del Salto del Sapo es una cita ineludible. Tendré que averiguar si existen hoteles en las inmediaciones del Salto del Sapo, en el pueblo de Canaima. Muchas gracias por compartir esta experiencia.

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