Agato
Una visita privada
Aún había cosas que yo deseaba ver en los pueblos indios, de modo que al día siguiente emprendí la marcha con Rodrigo Mora, el propietario de Zulaytur, un verdadero experto en cultura y antropología locales y con un profundo deseo de mantener las tradiciones de los pueblos indios. Considera el turismo como una forma de captar el interés por la producción manual de artículos locales y ve la mecanización como una amenaza para las tradiciones culturales. Su entusiasmo por este tema es abrumador, aunque me resultó difícil seguir el hilo de su torrente de un fluido español.
Al cruzar por el pueblo de Peguche, repentinamente, Rodrigo detuvo el microbús con un fuerte chirrido. Había detectado a dos mujeres que enrollaban kilómetros de hilo de algodón en el campo de juego, situado en el centro del pueblo. Rodrigo se quedó extasiado pues estaba convencido de que las máquinas de alta velocidad habían desplazado en este pueblo a todas las habilidades manuales. Una de las mujeres nos mostró el telar que usaba y nos explicó que tejía trenza destinada a Colombia, con la que se hacían las correas cruzadas para las sandalias. Un poco más adelante, en un pueblo llamado La Compañía, Rodrigo me llevó a una casa donde una mujer bordaba un dibujo decorativo en un panel de algodón blanco. La labor se utilizaría como parte de una blusa.
Más tarde, me mostró lo que ocurría en los límites de los pueblos, fuera de los talleres. Había mujeres en el río dedicadas a lavar lana y tenderla a secar en las orillas, y campesinos ocupados en arar los cultivos a mano. Plantaban maíz y varios tipos diferentes de fríjoles en el mismo campo. Me mostró todo lo que quise ver y muchísimo más de lo que habría visto sin un guía. Finalmente, a petición mía, me llevó a Agato.
Los roques
Una habitación con un telar
En San Roque, un pueblo vecino de Human, la principal actividad es tejer y parece que cada casa tiene una habitación con un telar. El primer taller donde nos detuvimos se dedicaba a la confección de sacos de sisal. Las fibras de sisal se producen a partir de un tipo de planta de agave que posee alargadas hojas carnosas, como una planta de yuca. Las fibras extraídas se venden en grandes haces y, lo mismo que la lana, se deben cardar e hilar, para formar un hilo con el que se pueda trabajar. Es mucho más tosco y duro que la lana, de modo que en lugar de utilizar peines de cardado manejados a mano, pasan los haces por una serie de grandes lanzuelas como clavos que sobresalen de un bloque fijo de madera. La primera máquina mecanizada que habíamos visto en todo el día fue un tosco motor eléctrico, colocado para hacer funcionar un sencillo mecanismo para hilar las fibras del sisal. En el otro extremo de la habitación había un telar de madera levantado sobre el que se tejía la tela. La producción no estaba mecanizada y cada hilera do hilo se tejía a mano. Aquí, al menos, no era necesario introducir ningún dibujo y la sencilla tela se empleaba simplemente para hacer sacos.
Colina abajo, en el mismo pueblo, los telares manuales se emplean para un uso más complejo. Aquí es donde se hacen las decorativas colgaduras de la pared que había visto en el mercado. Utilizando lana de diversos colores, los tejedores producen toda clase de complicados dibujos, algunos geométricos, otros representaciones estilizadas de animales o escenas rurales. Lo que más me sorprendió fue observar cómo las tejedoras, que trabajaban a partir de una fotografía o de memoria, sabían exactamente dónde colocar los diferentes hilos.
Durante todo el recorrido, Jorge realizó un magnífico trabajo informándonos sobre el estilo de vida y las tradiciones de cada pueblo, y explicándonos las habilidades prácticas que estábamos observando. Al final del día habíamos visto una enorme variedad de artesanía y, sin embargo, aún tuvimos tiempo para pasar por San Antonio de Ibarra. a 20 kilómetros al norte de Otavalo. Este pueblo es conocido por las tallas decorativas realizadas a partir de maderas duras. Muchas de las piezas reproducen un tema religioso, mientras que otras son abstracciones y estudios de la forma humana. Visitamos varias galerías en la plaza principal, muchas de las cuales incorporan talleres en los que puede verse el proceso de creación de las tallas a partir de trozos de madera sólida.
Otavaleños
COMPRA DE ARTESANÍA
Los otavaleños no presionan para vender. Ofrecen sus artículos a un precio que les permite una ganancia justa por su trabajo y la mayoría de ellos son baratos y con una excelente relación calidad-precio. Sí regatea, es posible que consiga una pequeña rebaja, pero no gran cosa. Los precios en los pueblos son similares a los del mercado, pero los primeros ofrecen el placer añadido de conocer al artesano y ver cómo se produce el artículo. La variedad puede ser más limitada que en los mercados.
Otavalo Ecuador
Los mercados de Otavalo
Llegué a Otavalo un viernes por la tarde, en el autobús de lbarra y me instalé en la Casa Mojanda, un hotel estilo hacienda, situado en las montañas de las afueras de la ciudad. El sábado es el principal día de mercado en Otavalo, aunque cada jueves se celebra también un mercado más pequeño de artesanía. La feria de ganado se inicia antes del amanecer termina hacia las 9.00 horas, así que, en compañía de otros clientes de Casa Mojanda, tomamos un taxi antes de desayunar. Ninguno de los animales estaba atado o encerrado en un corral; en lugar de eso, los propietarios sostenían su preciado cerdo o vaca por el extremo de una cuerda, o caminaban entre la gente conduciendo delante de ellos a inedia docena (le ovejas. Campesinos y mujeres con vestidos tradicionales se mezclaban con la gente y se detenían ante los puestos de venta para comprar comida caliente y charlar con los vecinos. Parecía todo muy informal y. sin embargo, se hacían negocios y el ganado abandonaba la zona habiendo cambiado de dueño, era subido a camionetas o conducido por la carretera.
Después del desayuno, de regreso en el hotel, nos dispusimos a recorrer el mercado más famoso de Ecuador, que atrae a un gran número de visitantes nacionales y extranjeros. La sección principal de este mercado de artesanos es la plaza Poncho, con puestos de venia permanentes, de cemento, que parecen como gigantescos paraguas hasta que quedan medio ocultos por una multitud de prendas de vestir, mantas, colgaduras para la pared y textiles. La creciente popularidad de los mercados ha tenido como resultado el desbordamiento de la plaza y los puestos de venta se extienden ahora en todas direcciones, hasta la calle principal, las callejas laterales y los largos pasajes. La mayoría de los puestos de venta están dirigidos por artesanos locales, pero el mercado atrae a comerciantes de fuera de la región y hasta de los países vecinos. Es la clase de mercado capaz de absorberle a uno todo el día y, desde luego, por lo menos hasta media tarde, cuando empieza a cerrar. En uno de los extremos de la plaza se hallan los puestos de venta de artículos para el hogar y comida, desde cerámica y plástico hasta harina y verduras frescas. En otras partes hay cacerolas y más cerámica, sombreros, hamacas y camisas de algodón. Los productos de lana constituyen la mejor compra local y se puede deambular durante horas comparando los precios de jerseys tejidos a mano y de vistosas prendas.
Otavalo
Otavalo se halla situada a 32 kilómetros al norte del ecuador, en la provincia de Imbabura. a 2.530 metros de altura, en medio de un pintoresco paisaje de lagos y montañas, dominado por los magníficos picos volcánicos de Imbabura al este (4.609 metros) y Cotacachi al norte (4.939 metros). Alrededor de la ciudad principal de Otavalo, I2S pueblos indígenas constituyen el cantón de Otavalo. De ellos. 80 están habitados por los otavaleños, los verdaderos indios de Otavalo, mientras que los indios cayambe predominan en los demás pueblos.
Las mujeres indias de Otavalo visten faldas largas, rectas y oscuras, blusas blancas con muy poco bordado o color, chales oscuros y una especie de turbante hecho con una bufanda plegada. La mayoría de ellas se adornan con collares de cuentas doradas y brazaletes rojos. Los hombres llevan pantalones de algodón, ponchos oscuros y sombreros de fieltro y se atan el cabello negro en una sola trenza larga muy característica.
Los indios cayambe. del sur de Otavalo, alrededor del lago de San Pablo, visten prendas de color más vistoso, con bordados más elaborados y brillantes en las blusas y en las faldas plisadas. Los hombres no llevan sombrero y sus rasgos faciales son ligera pero notablemente diferentes a los de los otavaleños. La tradición dice que los otavaleños fueron los habitantes originales de la zona y que los cayambe son colonizadores incas que llegaron al sur después de una guerra.
A diferencia de muchos de los grupos indígenas de otras zonas de América del sur, los otavaleños se las han ingeniado para mantener su identidad cultural, tomando parte activa en la economía moderna. No obstante, y a pesar de su habilidad para adaptarse a las demandas de los mercados extranjeros, sus pueblos no son ricos y las comunidades sobreviven gracias a fuertes lazos familiares y principios tradicionales. Cada pueblo se especializa en productos concretos, dictados a menudo por la disponibilidad local de las materias primas. Esta variedad de productos artesanos y la rica herencia cultural de los pueblos hace que una visita resulte muy gratificante.
Viajar a quito
TRABAJO VOLUNTARIO
La Fundación Golondrinas tiene en marcha una serie de proyectos agroforestales que incluyen reforestación, educación e investigación científica. Siempre se necesitan voluntarios para la realización de esos proyectos. Se espera de ellos un compromiso de por lo menos tres meses y que contribuya pagando su propia comida y alojamiento. Si le apetecen tres meses de duro trabajo no remunerado por una buena causa, póngase en contacto con la fundación
Turismo de quito
Comida y bebida
• Se proporcionan todas las comidas, que están incluidas en el precio de la excursión.
• Un cocinero y un guía acompañan siempre al grupo y se ocupan de todas las comidas en el albergue
El Corazón.
• En ruta se prepara agua o té heñido para rellenar las cantimploras o botellas
de agua.
• Los aldeanos que se encuentran en el camino proporcionan la cena y el desayuno en Muran, refrescos a media mañana en La Cortadera y almuerzo en Las Juntas. Estas comidas calientes son locales y suelen estar compuestas por sopas de patata, huevos, arroz o pan, yuca (raíz de mandioca), banana verde y mucha fruta, y también con verduras frescas.
Turismo Quito
Planificación
A El Ángel se llega mediante autobuses regulares desde Quito e lbarra. También existe un servicio de autobús entre El Ángel y Tulcán. la ciudad Fronteriza, a seis kilómetros de la frontera con Colombia. Desde Tulcán hay vuelos a Quito (media hora) y a Cali. Colombia. Se puede llegar a Guallupe en el autobús que une lbarra con San Lorenzo. Pida que le dejen en Guallupe (llamado también La Carolina, a 48 kilómetros de lbarra) y luego camine diez minutos colina arriba hasta el centro de la fundación, el Hostal El Tolondro. Eliza Manteca preside la Fundación Golondrinas y dirige un pequeño albergue en Quito, que funciona también como centro de información de viajes organizados. Si viaja en grupo se puede disponer una excursión de cuatro días o el uso de los albergues de Santa Rosa y El Corazón. Las visitas al bosque, las caminatas y excursiones a caballo se coordinan desde el centro de la fundación, en Guallupe. Las visitas al páramo pueden organizarse desde El Ángel si pregunta en la Hostería El Ángel. La excursión de cuatro días termina en el Hostal El Tolondro, en Guallupe. donde puede alojarse una noche. Si tiene la intención de ir después a Otavalo debería procurar llegar a Guallupe un jueves por la noche, para disponer así de tiempo para viajar a Otavalo el viernes. Los mercados principales de Otavalo se celebran el sábado y es mejor estar allí a primeras horas de la mañana. Si quiere ir a la costa, Guallupe está junto a la carretera y la vía del ferrocarril entre lbarra y San Lorenzo. Puede ir en autobús para descender a San Lorenzo o retroceder los 48 kilómetros a lbarra y tomar allí el tren para efectuar el recorrido completo.
Visitar Ecuador
Cuándo ir
El mejor momento para visitar la reserva de Cerro Golondrinas es durante la temporada seca, de junio a septiembre. Puede visitarla en cualquier época del año, pero en la temporada húmeda (de octubre a mayo) algunos tramos del sendero suelen cubrirse con mucho barro.
Bosques de ecuador
En los bosques
Cuando descendimos un poco más y llegamos a una zona de bosque subtropical y pre-montañoso, la vegetación cambió gradualmente. Las plantas eran enormes, algunas con hojas gigantescas, de una altura similar a la de un hombre. Los árboles también eran mucho mayores aquí que en las zonas más altas y algunos tenían raíces gruesas, nudosas, que actuaban como contrafuertes y sobresalían cerca de su base. Las enormes lianas que pendían del entoldado superior eran lo bastante gruesas como para colgarse de ellas y todos jugamos a ser Tarzán. En las corrientes y los ríos, nubes de mariposas se alimentaban de las flores y del terreno húmedo. Aleteaban bajo las sombras jaspeadas, lanzando destellos de vibrantes colores para luego desaparecer en un camuflaje perfecto al cerrar las alas.
Cruzamos el río Golondrinas y salimos del bosque a un prado, que nos llevó hasta el albergue Santa Rosa, otro de los centros de la reserva, donde había un invernadero en el que se lleva a cabo uno de los proyectos de reforestación de la fundación. La última hora y media de camino nos permitió pasar por una mezcla de bosque secundario, es decir, replantado y crecido después de la deforestación, y de terrenos agrícolas. El camino terminó bruscamente en la aldea de Las Juntas, donde volvimos a zambullirnos en la civilización. La aldea es pequeña y remota, pero tiene una carretera asfaltada. Una camioneta nos esperaba y. tras el obligatorio cuenco de sopa de patatas en una de las casas del pueblo, iniciamos el descenso por la carretera. Nuestro destino final era Guallu-pe, a mil metros de altura, junto a la carretera y la vía del ferrocarril entre lbarra y San Lorenzo. En este lugar es donde la Fundación Cerro Golondrinas tiene su principal albergue para quienes trabajan en los proyectos de conservación. Al contemplar las montañas que rodean Guallupe quedó claro lo importante que es el trabajo de conservación. Todas las colinas se habían talado, no quedaba en pie ni siquiera un solo árbol y ya empezaban a abrirse enormes grietas causadas por la erosión del suelo. Gracias a la fundación, se conserva por lo menos algo de este bosque y durante los próximos años podrá seguir practicándose el senderismo a través de estos fascinantes ecosistemas.










