Isla Taquile
Isla Taquile
La travesía de regreso a Puno se vio interrumpida por una breve visita para almorzar en la cercana isla de Taquile. más desarrollada que Amantaní y más acostumbrada a los visitantes. Dispone de modernidades básicas como un suministro limitado de electricidad y 13 pequeños restaurantes, todos con el mismo menú y con el mismo precio. A pesar de su constante crecimiento, la isla mantiene su tranquilidad y aislamiento en comparación con Puno. La gente de aquí es diferente a los isleños de Amantaní y hasta habla un idioma diferente. Los amantanís hablan aymará, pero los 2.000 habitantes de Taquile hablan quechua, que fue introducido por los incas. Las costumbres locales son únicas y quizá constituyen el aspecto más interesante de esta cultura independiente. Aunque las mujeres visten ropas similares a las de Amantaní, los hombres llevan largos gorros de lana con orejeras, chalecos bordados y fajines trenzados alrededor de la cintura. Lo mismo que las de Amantaní, las mujeres y las muchachas jóvenes caminan sin dejar de hilar, pero aquí los hombres también intervienen en la producción textil.
Todos los hombres se dedican también a tejer, confeccionando las gorras de lana que llevan. En el centro de la ciudad se encuentra un almacén de la cooperativa al que todos los isleños venden su propia producción de textiles.
Tardamos unos 45 minutos en recorrer la pendiente gradual pero constante desde el punto donde desembarcamos hasta el centro de la ciudad. Al puerto principal, en un extremo del pueblo, se accede por una alargada y escarpada escalera de piedra que se baja muy fácilmente, pero que agota al subir. Pasamos tres horas en la isla paseando, echando un vistazo al pueblo y al almacén de artesanía y almorzando. Si desea comprender mejor la cultura de Taquile, deberá pasar aquí mucho más tiempo. Pero como parte de una visita guiada que pasaba por Uros y Amantaní, tuve la sensación de que había merecido la pena aunque sólo fuera para ver otra cultura del Titicaca. La experiencia me permitió apreciar lo diferentes e independientes que son las gentes que viven alrededor del lago. Junto con el interés histórico de civilizaciones pasadas e imperios perdidos, aquí se encuentra lo suficiente como para mantener ocupado en su visita al viajero cultural más aventurero.
Amantaní
Un estilo tranquilo de vida
El atractivo de la isla de Amantaní es la sencillez. Hay poco que hacer, excepto disfrutar de este estilo de vida tranquilo, autosuficiente y agrícola y aprender sobre las tradiciones. Las mujeres se ponen una capa tras otra de faldones y chales de lana bordados y parecen dedicar todo su tiempo de vigilia a hilar lana en un huso manejado a mano. Hilan incluso cuando caminan, pues su cultura posee una fuerte ética del trabajo que prohibe el ocio.
La ladera de la montaña está cruzada por una multitud de senderos que serpentean por entre las terrazas de piedra, entre las casas y los campos. Hay unos pocos eucaliptus y pinos, pero la mayor parte de la tierra disponible se cultiva o se utiliza para alimentar a las ovejas. Todos los caminos conducen al centro del pueblo, donde hay una pequeña plaza con una impresionante estatua de Capac Colla, el último rey de la cultura colla. Por detrás de la plaza, un estrecho sendero asciende la ladera, contenido periódicamente por muros y arcadas de piedra. En la cima de la montaña, a mas de 4.100 metros de altura, se encuentran los restos de un templo preinca de piedra dedicado a Pacha Tata, el padre Tierra. Pacha mama, la madre Tierra, es una figura religiosa que se venera en muchas zonas de los Andes y simboliza una fuerza que lo abarca todo, desde la tierra a la vida. La gente sólo adora a Pacha Tata a alturas superiores a los 4.000 metros, festejado como la fuerza que fertiliza a la madre Tierra y controla los cielos y los lugares altos de donde proceden la lluvia y los vientos. Los muros exteriores de piedra del templo son demasiado elevados como para ver al otro lado y la entrada está parcialmente bloqueada con leños. Resultaba difícil de comprender qué se protegía de los visitantes, pues al mirar por encima de los leños sólo pude ver un patio hundido cubierto de hierba crecida. Pero el guía nos explicó que no se puede admitir la entrada de los turistas porque el templo sigue siendo un lugar sagrado: incluso en la actualidad, los isleños celebran aquí sus ritos religiosos más importantes.
Esa noche, la banda del pueblo se reunió en el edificio municipal y nos invitaron a bailar con los aldeanos al ritmo de los sonidos característicos de los tambores, caramillos, flautas y churangos (instrumentos de cuerda andinos que parecen guitarras pequeñas, hechos tradicionalmente del armadillo).
Lago titicaca en peru
Instalación en Amantaní
Después de nuestra visita a las islas de Uros, nos pasamos tres horas en el agua, avanzando lentamente hacia la isla de Amantara Las aguas del lago se encrespan una vez que se ha pasado ante las penínsulas que protegen la bahía de Puno. Amantaníes una verdadera isla de roca y tierra con una población de unos 4.000 habitantes. íbamos a instalarnos con el pueblo incatana, una de las ocho comunidades de la isla. Cuando llegamos al poblado, Tito nos asignó a diferentes familias, procurando que los compañeros de viaje pudieran alojarse todos en un mismo lugar. Luego, los anfitriones nos condujeron a sus casas en la ladera aterrazada de la montaña.
Mi anfitriona era una encantadora anciana llamada Benedicta. Sus hijos, ya mayores, habían abandonado el hogar, de modo que ahora disponía de mucho espacio para los visitantes. La casa se componía de tres edificios separados, construidos de piedra, ladrillos de barro y yeso de adobe, todo ello dispuesto alrededor de un pequeño patio cubierto con un dibujo geométrico de guijarros negros y blancos y contenido por un muro de ladrillos de barro que tenía un dintel bajo, pero sin puerta. Dos de los edificios eran poco más que cabanas, uno con un lecho de hojalata y el otro con un techo de paja, mientras que el tercero era una casa de dos pisos con acceso al nivel superior por una escalera exterior de madera. La principal zona de vivienda era el edificio de dos pisos, y una de las cahañas mas pequeñas se utilizaba como sala de huéspedes.
En la cocina había calderos puestos a calentar sobre una hoguera, mientras los conejos y las gallinas correteaban por todas partes. Benedicta nos preparó algo de comer mientras inspeccionábamos nuestro alojamiento, muy básico, por no decir otra cosa. Plataformas elevadas construidas de piedra y adobe, una en cada extremo de la cabana, servían como ca-mas. No había luz eléctrica y las ventanas no eran sino pequeñas aberturas cubiertas con un plástico ondulado de color verde translúcido. La cabana era oscura y estaba sucia, las paredes estaban cubiertas de periódicos viejos y páginas de revistas.
Rio titicaca
La cultura de los uros
Los uros siempre han sido pescadores que han utilizado embarcaciones hechas con los juncos de la tortora, pero la tradición dice que siempre tuvieron la costumbre de adentrarse en el lago para evitar la persecución durante las luchas por el poder, en la época de los colas. Ataban varias barcas juntas para formar una balsa sobre la que podían sobrevivir; cuando las embarcaciones se pudrían añadían juncos nuevos a la superficie. Con el transcurso de los años, estas plataformas se expandieron poco a poco hasta convertirse en pequeñas islas. La práctica aún se mantiene y en la actualidad pueden verse islas con embarcaciones descartadas hechas de juncos, que se incorporan a sus fundamentos.
Durante muchas generaciones, los uros han vivido como una tribu independiente que se ha ganado la vida con la pesca, la caza de aves y el intercambio de sus capturas con los habitantes de la costa. A lo largo de la historia ha habido ocasiones en que un aumento del nivel de las aguas ha dejado fuera de su alcance la subestructura de los lechos de juncos, obligando a los uros a abandonar las islas. Durante los períodos pasados en la costa, se integraron con el pueblo aymará que vivía allí y podría decirse que su identidad étnica se diluyó con ello. Algunos incluso dicen que ya no quedan verdaderos indios uros. A pesar de todo, unas 3.500 personas viven en 42 islas y mantienen todavía su estilo de vida tradicional abasteciendo de pescado a los 120.000 habitantes de Puno. Con la pequeña proporción de islas visitadas por los turistas, los uros han explotado sus habilidades artesana-les para obtener buenos ingresos con la venta de decorativos textiles, cerámica, pinturas y ornamentos.
Nuestra visita a las islas de juncos fue breve pero duró el tiempo suficiente como para captar el singular estilo de vida de los uros. Produjo una extraña sensación el caminar sobre juncos flotantes. Hileras de mujeres exponen sus artículos de artesanía, pero por detrás de esta fachada comercial la vida transcurre con normalidad: había pescado puesto a secar, ahumado sobre rescoldos ardientes; los recipientes negros de agua puesta a hervir sobre las hogueras encendidas en hogares de cerámica, y hombres y mujeres se sentaban, dedicados a remendar sus redes de pesca.
Lago titicaca
En el lago
A las nueve de la mañana siguiente me uní a un grupo de unos 25 viajeros para emprender una travesía de dos días por las islas. Habíamos reservado plaza individualmente, a través de una serie de agencias diferentes que luego agrupan a sus clientes para fletar un barco. Formábamos un grupo heterogéneo de varios países europeos, así como de Israel, Australia, Estados Unidos y Perú. Tito, nuestro guía, era un verdadero políglota. Además de español hablaba inglés y los idiomas locales, el quechua y el aymará, y cuando la situación así lo exigió se las arregló para pronunciar las palabras adecuadas en hebreo, alemán, francés e italiano. El barco era una simple lancha motora de madera, con una cabina y una pequeña cubierta abierta en la popa, donde el barquero se aferró firmemente al timón durante todo el tiempo que duró la travesía.
La bahía de Puno parece mas la pista de una bolera que un lago, pues se encuentra cubierta de una capa de lentejas de agua de brillante color verde. El barco salió trabajosamente del puerto, separando las plantas y dejando una estela de agua amarronada. Una vez que se alejó de la zona inmediata del puerto, el agua se aclaró y pronto nos acercamos a los campos de juncos de la famosa tortora. La embarcación se abrió paso por entre los canales de navegación que fluyen a través de los lechos de plantas hacia aguas abiertas y unos 45 minutos después de zarpar de Puno llegamos a las islas flotantes de plantas de Uros. En estas islas viven los indios uros, para quienes la tortora es una parte integral de su vida. Han construido islas completas enlazando capa sobre capa de juncos flotantes, que se anclan a los crecientes lechos de estas plantas mediante estacas de madera hundidas en el barro de abajo.
Chucuito
CHUCUITO Y SILLUSTANI
Todas las compañías turísticas de la ciudad ofrecen viajes a Chucuito, pero éstos sólo funcionan ocasionalmente, cuando hay suficientes reservas como para formar un grupo. Pudieron ofrecerme, sin embargo, un viaje privado, en taxi, con un guía.
El pueblo de Cuchuito está a 18 kilómetros al sur de Puno siguiendo la línea de la El yacimiento arqueológico de Chucuito está casi absorbido por el pueblo moderno y no está señalizado, por lo que es esencial disponer de un guía. El lugar contiene los restos de un templo de la fertilidad que data de los tiempos de la civilización lupaka. que gobernó la zona desde el 1200 al 1450 d. de C. antes de los incas. Se compone de un muro de piedra de tres metros que cierra un patio abierto con una sola entrada. El interior, del patio está repleto de falos de piedra de unos 60 centímetros de altura, dispuestos en ordenadas hileras, algunos mirando hacia arriba y otros hundiéndose aparentemente en el suelo. El altar principal es un falo erecto de 1.5 mel ros de altura. Poco se sabe sobre las ceremonias y rituales de la cultura lupaka e incluso la actual disposición de los falos no es más que un trabajo imaginario de los arqueólogos. El lugar merece una visita y la vieja ciudad colonial es pintoresca, con una hilera de arcadas delante de la iglesia y los restos de ornamentados dinteles de piedra tallada en los edificios públicos del centro.
Mucho más se sabe sobre la historia del antiguo cementerio de Sillustani. mi siguiente visita por la tarde. Sillustani se encarama en lo alto de una montaña, a 33 kilómetros al norte de Puno, sobre una península que se extiende hacia el lago Umayo. Su cima está cubierta por torres funerarias de piedra, algunas de las cuales tienen 12 metros de altura. En estas torres se enterraban los cuerpos momificados envueltos en Idas llamadas chulpas, y las propias estructuras se conocen ahora con el nombre de chulpares. Sillustani fue establecido por primera vez por la civilización colla, que gobernó al mismo tiempo que sus vecinos del sur, los lupakas, y continuó siendo utilizado por las sucesivas civilizaciones, cada una de las cuales adaptó y refino las torres a su propio estilo. Puede observarse con claridad la progresión desde montones toscos de rocas del período colla inicial hasta esta manipostería de piedra cuidadosamente realizada del período inca. La llegada de los conquistadores españoles puso punto final a esta cultura y al uso de estas extraordinarias tumbas.
Indios del lago titicaca
PRESERVAR UNA CULTURA
Los indios uros han sido criticados por convertirse a sí mismos y sus flotantes islas de juncos en una atracción turística. No obstante, su cultura se halla amenazada en un mundo rápidamente cambiante, y el dinero que obtienen del turismo les proporciona un suplemento que ayuda a la población a mantener su estilo de vida tradicional. Con la introducción de las grandes embarcaciones de madera y los motores fuera borda, por ejemplo, las embarcaciones de juncos casi habían desaparecido por completo del lago, pero cuando los isleños se dieron cuenta de que los turistas estaban dispuestos a pagar por desplazarse en una embarcación tradicional, se construyeron algunas con ese propósito especifico. Quizá eso se considere como un poco forzado, pero ayuda a mantener vivo el arte de construcción de barcas de juncos y contribuye a que la técnica no se pierda para siempre.
El lago Titicaca
El lago Titicaca se halla situado en el altiplano, la alta llanura andina a horcajadas sobre la frontera entre Perú y Bolivia. Visité yacimientos arqueológicos precolombinos a orillas del lago y realicé una travesía de dos días alrededor de sus intrigantes islas, culturalmente independientes: las islas flotantes de juncos de Uros y las remotas islas de Aman tañí y Taquile.
Se considera al lago Titicaca como el más alto navegable del mundo. Hay otros lagos más altos y cualquiera de ellos es navegable, pero el hecho de que una frontera internacional cruce sus aguas le ha ganado este reconocimiento. Hay dos puertos principales en el higo: Puno, en el lado peruano, y Guaqui. en el lado boliviano. Actualmente no existe servicio de pasajeros de un puerto a otro, pero la marítima sigue siendo la principal ruta para los barcos de carga y las conexiones permiten a Bolivia tener una salida a la costa del Pacífico. La proximidad de Puno a la frontera terrestre con Bolivia la ha convertido en una ciudad comercialmente importante, aunque conserva todo el carácter de una localidad fronteriza. Es la capital de la región y desde ella me dispuse a explorar la zona. Llegué desde Arequipa en el corto vuelo a Juliaca y allí tomé un colectivo (microbús compartido) para realizar el recorrido de 40 minutos hasta la ciudad.
Puno fue fundada en 1668 por los colonizadores españoles, cerca de un asentamiento surgido alrededor de una mina de plata. En el centro de la ciudad hay varios edificios coloniales, sobre todo la catedral, en la plaza principal, y la cercana iglesia de San Antonio. Aunque la ciudad sólo data de principios del siglo xvii. la zona cuenta con una historia más prolongada de actividad humana. Los incas tuvieron sus orígenes en las islas del lago Titicaca en 1440 d. de C. que arrebataron el poder a los pueblos colla y lupaka, quienes ha costa habían seguido a su vez al imperio de Tiahuanaco. que gobernó hasta el 1210 d. de C. Incluso en la actualidad, los pueblos más alejados son notablemente independientes, tienen numerosas líneas de herencia tribal, cada una de las cuales ocupa su lugar en la larga historia de las luchas por el poder y la superioridad.
Comprobaría lo diferentes que eran esas culturas cuando llegara a las islas. Antes, sin embargo, quería echar un vistazo a algunos de los yacimientos arqueológicos de la costa que habían dejado testimonio de ocupaciones anteriores.
Seguro de viaje para la salud
Cuestiones de salud
En la zona de Nazca puede hacer mucho calor y cerca de los cementerios no hay sombra alguna, por lo que debe ponerse protector solar y llevar un sombrero. Beba sólo agua embotellada, que encontrará por todas partes en Perú.
Volvar a peru
Tiempo para volar
Es mejor no comprometerse a una hora específica del día para volar sobre las líneas. Para una visión clara de la pampa, las primeras horas de la mañana suelen ser las mejores, antes de que aumente la bruma producida por el calor. Hay riesgo de niebla a primeras horas en los meses de abril a noviembre, y como ésta no se levanta hasta las 10.00 horas, necesita disponer de la opción de un vuelo posterior.










