Excursion a bolivia
Empieza la excursión
Había hecho frío en La Paz, pero a esta altura las temperaturas todavía son más bajas. Cuando dejamos el microbús en la desolada planicie de La Cumbre, coronada por una estatua de Cristo, me alegré por la capa extra de prendas de abrigo que me habían aconsejado que llevara. Entre marzo y mayo cabe esperar encontrarse aquí con nieve. La actividad también supone un esfuerzo mayor en un aire tan tenue, por lo que es una buena idea aclimatarse en La Paz durante varios días, antes de emprender aventuras por la montaña, como ésta o la clásica excursión por el sendero Choro hasta Coroico (véase recuadro, página 181), que se inicia en el mismo lugar.
Antes del recorrido de precalentamiento alrededor del estanque que hay en La Cumbre. Alistair nos informó sobre la mejor forma de montar en bicicleta (véase recuadro, página 180) y algunos de los obstáculos que encontraríamos (aparte de los perros) y con los que había que tener cuidado durante el descenso. Empezaríamos por el lado derecho de la carretera, pero tendríamos que movernos al lado izquierdo una vez que se terminara el asfalto y empezara la gravilla. Hay un tramo con un túnel y teníamos que quitarnos las gafas de sol antes de entrar en él. Al cruzar por un par de pueblos que encontramos en la carretera, debimos aminorar la marcha, pues chocar con una gallina o un niño podría tener graves consecuencias.
Era tranquilizador saber que si alguno de nosotros sufría un pinchado o se le gastaban las pastillas de los frenos, algo nada improbable dado el castigo (pie tienen que soportar las bicicletas durante el descenso, un guía que iba en la retaguardia del grupo llevaba repuestos y herramientas. En dos lugares a lo largo de la ruta se comprobarían el estado de los frenos y la presión de las ruedas, y habría otras muchas paradas que nos permitirían tomar un bocado (es recomendable el chocolate) y hacer fotos.
La excursión se inició de una forma que nos infundió respeto. Nos lanzamos por una carretera nivelada y ancha que serpenteaba por entre un valle en forma de V, entre espolones recortados de montañas de color óxido. Entre los espolones, una corriente de agua desciende hacia el fondo del valle, acompañada por las torres de tendido eléctrico, todo ello medio envuelto en jirones de niebla. En una ladera, un sendero en zigzag conduce hasta un glaciar donde los carros de muías solían cargar hielo para conservar el pescado fresco traído desde los ríos situados más allá del Yungas hasta La Paz. Las bajas barreras metálicas de protección colocadas en las curvas están deformadas por las colisiones y en muy mal estado, pero intenté no pensar en eso.
Viajes a la Paz
Una oración por los viajeros
La única diferencia entre el microbús que se detuvo frente al McDonalds. en el Prado, a las 8.00 horas y el resto de vehículos que recorren las calles de La Paz. era su baca ocupada por ocho bicicletas de montaña. McDonalds era el punto de encuentro y desde aquí recorreríamos los 26 kilómetros cuesta arriba que nos separaban de La Cumbre, donde se iniciaba la excursión en bicicleta. De camino pasamos por Villa Fátima, de donde salen los autobuses hacia Coroico, y luego por la tranca, un puesto de control de la policía que se instala a la salida de todas las ciudades bolivianas. Las mujeres ay-mará envueltas en sus chales para protegerse del frío, venden bebidas y aperitivos; cerca, un sacerdote de aspecto improbable, vestido con un mono azul, se ofrece, a cambio de una pequeña remuneración, para bendecir los vehículos para un viaje seguro.
La carretera a La Cumbre (a 4.725 metros de altura), es el punto más alto de la ruta La Paz-Yungas y está bien asfaltada. Cruza un austero paisaje de rocas de un gris acerado, cubiertas de una ligera capa de nieve en polvo y una dura vegetación que recuerda las tierras alias de Escocia. De no ser por las llamas que pacen al lado, la represa de la laguna Inkachata bien podría ser un lago escocés. En un día claro puede verse la cumbre helada de Huayna Potosí, la montaña de escalada más popular en Bolivia.
Multitud de perros vagabundos merodean por la carretera, a la espera de los restos de comida que los bolivianos siempre les arrojan. Al-
gunos creen que los perros son las almas reencarnadas de quienes han perecido en la carretera, pero si fuera así, debería haber cientos más. El camino aparece alineado por numerosas y pequeñas lápidas y cruces; sólo en un accidente ocurrido en 1983 murieron más de cien campesinos cuando el camión en el que viajaban se precipitó al fondo de la jungla. Para los ciclistas, esos perros son un obstáculo más . Si te ladran, el consejo de Alistair es «ladrarles más fuerte y con más malas pulgas que ellos».
Viajar hacia la paz
Altibajos bolivianos
¿Busca una aventura? Pruebe una excursión en bicicleta de montaña bajando por la que posiblemente sea la carretera más peligrosa del mundo: el estrecho camino desde La Paz, a elevada altura, hasta las bochornosas junglas del Yungas, seguida por un descenso en balsa por el río Coroico.
Las mujeres aymará montan extraños puestos de venta en el mercado de las Brujas, en La Paz, y no se las conoce precisamente por su simpatía; se quitan de encima a los turistas inquisitivos, especialmente a los que llevan cámaras. Josefina, sin embargo, se mostró amable con nosotros y explicó los trucos de su supersticioso comercio. El feto seco se llama, colocado en un cuenco de dulces de azúcar de tonos pastel y hebras retorcidas de lana, era una ofrenda para asegurar la buena fortuna para una nueva construcción. El modelo de arcilla de una lechuza era para pedir inteligencia, la tortuga para las despedidas, el cóndor para los viajes seguros y eso era lo que yo deseaba. Teniendo ante mí la perspectiva de un descenso en bicicleta por una carretera calificada como la más peligrosa de Bolivia, si no del mundo, seguida por un descenso en balsa por los rápidos de Clase IV del río Coroico, sentía la necesidad de obtener toda la protección que pudiera conseguir. Entregué unas pocas monedas y, aferrando mi talismán, bajé por Sagárnaga.
En un país montañoso donde sólo el cinco por ciento de las carreteras tienen alguna forma de asfaltado (con el resultado de que las restantes quedan frecuentemente embarradas al inicio de la temporada de las lluvias), una carretera cuya fama negativa supera a las demás se gana toda una mala reputación. Esa es la carretera de La Paz a las Yungas y, en particular, al estrecho tramo sin asfaltar desde l’n-duavi hasta Yolosa. Cualquiera que la haya recorrido estará de acuerdo en que esa mala fama es plenamente merecida. Se trata de una ruta capaz de enervar a cualquiera, con precipicios casi verticales de un kilómetro de altura, junto a un deficiente camino de gravilla, que se hunden en la jungla impenetrable. En algunos lugares, esta llamada carrol ora no tiene más de tres metros de ancho y pasa bajo varias cascadas que no hacen sino erosionar aún más su desmoronada superficie.
En un autobús o coche, el viaje resulta emocionante, al bajar, por curvas cerradas. 3.600 metros de altura desde los nevados picos de las montañas envueltos en nubes, hasta la bochornosa jungla. Ir en bicicleta, a velocidades que pueden alcanzar los 50 kilómetros por hora y maniobrar entre conductores de camión aparentemente suicidas y perros que ladran, debe de ser lo más parecido a una inyección de adrenalina aplicada directamente sobre el corazón. «En su país no podrá hacer excursiones como esta», anuncian los folletos de Gravity Assisted Mountain Biking. una agencia dirigida por el joven neozelandés Alistair Matthews. No es ninguna exageración. Según me aseguró Alistair, el trayecto de 62 kilómetros, que tardaré en recorrer entre cuatro y cinco horas, dependiendo del tiempo, me dejará agotado, sucio y entusiasmado. Sólo confiaba en que seguiría con vida para contar la aventura.
Cuestiones de salud y seguridad en bolivia
Cuestiones de salud y seguridad
Dolores de cabeza, letargía, mareo, pérdida de apetito y náuseas son síntomas del mal de altura, conocido localmente como soroche. El mejor tratamiento es el descanso, tomar muchos líquidos (pero no alcohol), analgésicos que no sean aspirinas para los dolores de cabeza, y pastillas contra las náuseas. El remedio local es el mate de coca, una infusión de hojas de coca. Aunque la higiene alimentaria ha mejorado en años recientes, debería ser precavido con lo que come y evitar los alimentos no cocinados. Debería beber agua embotellada: si toma agua de las corrientes durante la excursión o la acampada, hiérvala o utilice pastillas purificadoras de yodo o un filtro. También es una buena idea llevar medicamentos, como Tinidazole, para combatir la disentería amébíca o giardía.
En Bolivia no existe servicio de rescate de montaña, así que lleve un cuidado extra al escalar o caminar.
Es esencial hacerse un seguro de repatriación médica, ya que todas las heridas deben sertratadas en Europa, Estados Unidos o países similares y no en Bolivia, donde los niveles médicos, aunque mejoran, siguen siendo bajos.
Planificar viaje a bolivia
Planificación
Ayuda mucho hablar español, pero las cosas tampoco le resultarán excesivamente difíciles si no es así.
Para excursiones y ascensiones de largo recorrido, consiga los mejores mapas que pueda antes de partir: busque el Deutschen Alpen Verein Cordillera Real Nord, a escala 1.50.000, el Illampu y Cordillera Real Sud-lllumani u otro similar.
Las mejores guías son Trekking in Bolivia y Bolivia: a climbing guide, ambos en Yossi Brain, una guía de escalada local, publicadas en Estados Unidos por The Mountaineers y en el Reino Unido por Cordee.
Numerosas agencias turísticas de La Paz ofrecen rutas organizadas a través de la Cordillera Real, incluidas guías y equipo: los precios y los servicios difieren, así que compare las ofertas antes de decidir. Los precios serán más caros que los que encuentre en Sorata, especialmente si insiste en un guía de habla inglesa, pero los guías y la organización suelen ser más profesionales.
El precio actual por contratar un guía en Sorata es de 50 bolivianos al día por grupo. Cabe esperar que tendrá que pagar un precio extra por cualquier equipo que alquile. Los viajes organizados por Eduardo, en el Club Sorata, en el Hotel Copacabana, son un poco más caros, pero dispone de la mejor información que existe en la ciudad sobre senderismo y escalada. Louis Demers, el director de Residencial Sorata, también puede ofrecer consejos sobre senderismo.
Si prefiere ir por su cuenta, es posible alquilar equipo, como tiendas y sacos de dormir en La Paz y Sorata si no ha traído los suyos. Si lo que busca son compañeros de excursión, considere la idea de dejar una nota en los hoteles más populares entre los viajeros.
No tendrá problemas para encontrar alojamiento adecuado a su presupuesto en La Paz, que dispone de una amplia gama de hoteles y restaurantes. En Sorata encontrará una gama razonable de instalaciones turísticas. Fuera de temporada es un lugar tranquilo, pero en otras épocas es importante reservar con antelación si quiere estar seguro de alojarse en un hotel concreto. La única opción que encontrará en las montañas es la acampada.
Temporada para viajar a bolivia
Cuándo ir
La temporada de invierno en Bolivia va de mayo a octubre, pero el mejor momento para el senderismo, cuando el tiempo ofrece mayores garantías, es de junio a agosto. La temporada de las lluvias es entre diciembre y marzo, momento durante el que debería evitar la escalada a la montaña y elegir con cuidado las rutas para caminar.
Viaje por el interior de bolivia
Viaje por el interior
Los autobuses que salen de la zona de Cementerio tardan cuatro horas en llegar a Sorata y durante el día salen a intervalos frecuentes. El billete cuesta unos 11 bolivianos. No olvide llevar alimentos para tomar bocados sueltos, agua, un casette portátil con auriculares y un buen libro. Tenga a mano el pasaporte ya que hay puestos de control en la carretera. Para las mejores vistas de la montaña, siéntese en el lado derecho del autobús.
La carretera a Sorata se encuentra en buen estado, por lo que puede considerar la idea de conducir, aunque se han producido accidentes mortales, así que piénselo dos veces. Si alquila un coche, es preferible que elija un todoterreno; compruebe ruedas y frenos antes de pagar.
Ecoturismo por boliva
Montaña fría
Una hora después de salir de Sorata cruzamos el río Tucsa Jahuira y pasamos por la aldea de Conani, no lejos de donde están las ruinas de una marica inca, un antiguo lugar de enterramiento. Quizá no parezca gran cosa, pero para las gentes locales es un lugar sagrado y Eduardo me advirtió que no tocara nada de las aparentes basuras que lo rodeaban, buena parte de las cuales son ofrendas a la Pachamama, la divinidad terrenal adorada por los indios aymará.
Al final del día llegamos a la laguna Chillata, a 4,200 metros de altura, donde acamparíamos para pasar las dos noches siguientes. Se dice que aquí se reúnen las brujas para invocar el poder del lago para curar enfermedades y aunque el lago tiene fama de contener una gran fortuna en oro, todos los que la han buscado en Chillata han encontrado la muerte. Tras la puesta del sol las temperaturas caen en picado en este lugar desolado.
Iniciamos la ascensión final de 800 metros a la laguna Glaciar a las 7.00 horas, bajo una temperatura frígida, después del clásico desayuno de gachas y té mate. No tuve suerte porque las nubes rodearon
las montañas, impidiendo ver lo que según me dijeron eran fabulosas vistas de Sorata allá abajo y, en los días claros, del lago Titicaca y de la cordillera Apolobamba, al norte, con los picos cubiertos de nieve. Imaginé cómo serían mientras ascendía lentamente a gatas tras Eduardo, por pendientes de gravilla, hacia nuestro objetivo: el hueco que queda entre las montañas Illampu y Ancohuma, ahora tan cerca que casi parecían hallarse al alcance de la mano.
Después de cuatro horas de dura ascensión, el glacial apareció finalmente ante nosotros, como una muralla de hielo blanco entre las laderas de las montañas, que se hundía en las aceradas aguas grises del lago, sobre el que flotaban pequeños icebergs. La altura hacía que me latiera la cabeza con fuerza, pero me alegré de haber llegado hasta este remoto lugar y de tener la oportunidad de admirar la incólume belleza de la Cordillera Real.
Bolivia
Dos hombres y una mula
Para contemplar las mejores vistas de todas, si las nubes lo permiten, es necesario trabajar y escalar las montañas. No subestime el posible impacto del mal de altura en estos lugares y, desde luego, no intente hacerlo a menos que predomine el buen tiempo, pues las condiciones se pueden deteriorar muy fácilmente a medida que asciende. No olvide llevar prendas de abrigo y estar preparado para toda clase de tiempo.
Antes de emprender la excursión de tres días a la laguna Glaciar, a 5.038 metros de altura y uno de los lagos más altos del mundo, visité la Asociación de Guías de Sorata donde me asesoraron sobre el equipo necesario, y me facilitaron un guía y una muía para transportar todos los suministros hasta la sección inicial de la escalada. Me preguntaron si quería ocuparme de mi propia comida y si el guía podía encargarse de realizar todas las compras necesarias. Preferí el servicio completo, pero decidí llevar por mi cuenta algunos alimentos extra.
Tuve suerte porque mi guía. Eduardo, hablaba idiomas; la mayoría no lo hacen. A pesar de las amenazadoras condiciones meteorológicas. Eduardo y la mula me esperaban a la mañana siguiente, a las 8.00 horas. Salimos del pueblo y ascendimos por empinadas cuestas por el lado norte del río del valle Lakathiya. La mula realizó el trabajo duro de transportar los suministros, dejándome en libertad para admirar el paisaje verde que, a medida que se asciende, va dando paso a otro más pelado, de rocas, gravilla y musgos.
Ésta es la ruta que hay que seguir para iniciar el circuito de seis a siete días del macizo del Ulampu-Ancohuma, un épico sendero que exige escalar tres pasos superiores a los 4.000 metros y uno de más de 5.000 metros. Para el inicio de esta excursión es necesario contratar muías y un guía, ya que los muchos senderos que cruzan los campos y los diseminados pueblos de las tierras bajas le dificultarán encontrar el camino correcto. En la ruta hay un par de pueblos donde se puede repostar, pero es mejor llevar comida suficiente para todo el viaje.
Viaje a Bolivia
En la cueva de los murciélagos
Después de dos horas llegué a la aldea de San Pedro, donde me detuve a almorzar junto al cartel que indicaba la entrada a las cuevas. Las gentes locales se turnan para hacer guardia y cobrar la entrada, que cuesta un dólar. El día que yo llegué le tocó el turno a Alansio, acompañado por «Tesero», un perro juguetón del color de la miel, que me olisqueó en busca de restos de comida. Alansio puso en marcha el generador y en el camino de entrada a la cueva se encendió una ristra de bombillas.
El tramo inicial de techo del pasaje es bajo y tuve que agacharme para llegar a la airosa y ancha cámara. Las paredes están cubiertas de graffiti y en los oscuros recovecos se han instalado los murciélagos y las lechuzas. La humedad procede del lago de aguas poco profundas existente en el extremo más alejado de la caverna, que impide explorarla más allá. En cuanto salí de la cueva, Alansio y «Tesero» recogieron y regresaron al pueblo. Yo les seguí y, tras un fracasado intento por tomar el sendero inferior, decidí seguir por la más fiable carretera de regreso a Sorata.
Si le queda energía continúe subiendo por el sendero que hay más allá de la cueva durante unos 20 minutos y llegará a un mirador panorámico sobre el valle, donde también es posible acampar. Durante el trayecto de regreso a Sorata se contempla una vista espectacular desde la cumbre de Cerro Ulluni Tija, a 3.061 metros de altura, rematada por una estatua de Cristo. Una forma fácil de hacerlo consiste en tomar el autobús con destino a La Paz hasta llegar a la montaña (pida que le dejen en El Cristo), para luego descender, siguiendo el sendero que pasa por el pueblo de Atahuallani y cruza el río San Cristóbal para regresar a Sorata.










