El camino a El Chaltén

El camino a El Chaltén:
En Calafate, una serie de operadores turísticos de aventura organizan diversas rutas a El Chaltén. Me decidí por una excursión de dos días que suponía pernoctar en una de las cómodas posadas del pueblo (donde también hay un albergue local). A primeras horas de la mañana subí a un autobús para el recorrido de cuatro horas y media por el desierto de Patagonia, hasta la posada Fitz Roy.
Encontré el pueblo desierto, pues los caminantes ya habían emprendido la marcha por los senderos de montaña y en el par de ranchos con caballos también se habían quedado sin animales para la jornada. El viento que soplaba por entre las contraventanas hacía que el lugar pareciese una ciudad fantasma. Gracias a ello tuve tiempo para explorar. Encontré abiertas un par de charcuterías, en una de las cuales había una cabeza de puma colgando del buzón de correos. En ellas se vendía pan, fruta, queso y alimentos básicos, y los pellejos de vaca y de oveja colgaban delante, sobre barras.
Me dirigí a la oficina del parque para ver una exposición sobre la fauna y para recoger un mapa e informarme sobre diversas excursiones. El ranger me advirtió que no molestara
a los pumas. Según me aseguró, no suelen atacar a los humanos, pero si se encuentra con uno, no hay que perseguirlo. Tampoco debo agacharse, sino, al contrario, erguirse todo lo alto que se pueda. Pero, sobre todo, era mejor no caminar a solas. Lamentablemente, estaba solo, aunque tuve la suerte de conocer a Maria, una joven australiana que también viajaba por su cuenta y que deseaba caminar por entre los altos hayedos y el territorio del puma.
Al día siguiente, Maria y yo dimos un tranquilo paseo hasta la impresionante cascada Chorrillo del Salto. Luego nos dirigimos al mirador de Laguna Torre para contemplar el monte Fitzroyyel cerro Poincenot (3.002 metros), pero ese día estaban cubiertos por una tenue neblina. Únicamente el cerro Solo (2.248 metros) brillaba atrevidamente en primer plano.
Desde aquí hay otro par de horas hasta el mirador Maestri, que domina la enorme extensión del glaciar Torre. Pero como mi autobús para Calafate salía hacia las 16.30 horas y no me atrevía a perderlo, regresé a través del bosque, deteniéndome para tomar fotografías de los caballos pastando entre las flores silvestres.
aria continuó su camino en compañía de dos japoneses y ya nunca volvimos a vernos. Confío en que pudiera contemplar magníficas vistas.
Deseaba regresar y había comido la baya del calafate así que, ¿quién sabe?

Excursion a pie a El Chalten

Huellas de los indios.
Descubiertas en 1877 por Francisco Pascasio «Perito» Moreno (que también encontró aquí una momia envuelta en una piel de rhea y sosteniendo una pluma de cóndor), las cuevas Punta Walichu son rocas de piedra arenisca decoradas con pinturas hechas por los primitivos indios. Estos utilizaban una mezcla de tierra, óxido de hierro, grasa de guanaco, resina vegetal, clara de huevo y saliva, con la que pintaban las rocas empleando para ello huesos huecos de guanaco o plumas de rhea, produciendo así imágenes del guanaco, el puma, las manos, el hombre, la mujer y su interpretación del viaje al otro mundo.
Originalmente, las pinturas se habrían hecho en un intenso rojo, naranja, amarillo, negro y blanco, pero los colores han perdido intensidad con el tiempo, de modo que una serie de reproducciones dan al visitante una mejor idea de su calidad original.
Con los caballos totalmente descansados, abandonamos las cuevas y regresamos por las dunas de arena y los matorrales, hasta que los perros de Gustavo se vieron sorprendidos por una liebre que saltó sobre un matorral. Tanto los perros como el jinete se lanzaron en su persecución y desaparecieron tras un montículo. El grupo de caza regresó minutos más tarde y observé a la liebre muerta y sangrante, atada por las patas traseras a la silla de Gustavo. Esa era la cena. Pero no la tomaría con él. ya que había hecho planes para visitar el norte y ver el pico Fitz Roy.
El Fitz Boy, de 3.441 metros de altura, sólo ha sido conquistado por unos pocos escaladores. Los indios locales lo llamaban Chaltén («Pico de Fuego») porque estaban convencidos de que era un volcán. Fue una vez más Francisco Pascasio «Perito» Moreno el que le dio su nombre actual, por el capitán Fitzroy, de la Beagle, que viajó con el naturalista británico Charles Darwin, en una bien documentada exploración de la zona, en 1834.
Cada vez son menos frecuentes las excursiones a pie por la parte sur del parque, en los alrededores de Moreno, y es al Fitz Roy adonde se dirigen para prepararse en El Chaltén, un lugar construido exprofeso, no lejos de la montaña.

Paseo por el Parque Nacional Los Glaciares

A caballo por las cuevas:
Para mi excursión a las cuevas de Punta Walichu, Gustavo Holzmann, de Cabalgata en Patagonia, pasó a recogerme en su destartalado vehículo todo terreno. No había ventanillas que cerrar, de modo que el viento soplaba e impregnaba mi piel de una fina capa de polvo patagónico, de color caramelo. Minutos más tarde llegamos a su rancho de caballos, el que tenía las pieles de oveja puestas a secar, con magníficas vistas sobre el lago Argentina. Gustavo llevaba unas zapatillas negras gastadas, vaqueros, zahones, camisa a cuadros, pañuelo al cuello y boina negra. Es oriundo de Buenos Aires, de donde se marchó para trabajar en el Parque Nacional Los Glaciares, donde aprendió cómo los remedios naturales de los indios tehuelche (los habitantes originales de la zona) son el mejor modo de curar su dolor de cabeza después de tomar demasiado whisky. En el verano dirige excursiones a caballo de cinco días de duración por las montañas.
Sus cuarenta caballos son de raza mixta, algunos de ellos creóle. El mío se llamaba «Tórnalo», un elegante bayo de crines negras y relucientes. «Tórnalo» llevaba una típica silla de gaucho, elevada con mantas y una piel de oveja de cinco centímetros de espesor, diseñada para permitir largas horas de cabalgada. Las bridas, trenzadas con cuero de vaca, no eran tan suaves, endurecidas por el sol hasta alcanzar la textura de un cartón rígido.
Acompañados por los perros de Gustavo, emprendimos la marcha hacia los prados a orillas del lago Argentina, cubiertos de dientes de león y flores silvestres, y visitadas por el ánade magallánico (Chloephaga pida) y el cisne de cuello negro (Cygnus melancory-pus). Gustavo buscó huevos de pato para el desayuno. Tras encontrar un grupo de cuatro colocados en un nido de grisácea lana de oveja, tomó dos y los sostuvo a contraluz. «No son buenos; las crías no tienen buen sabor», declaró.
Seguimos viaje, a través de arroyos que descendían de las montañas y por senderos embarrados, luego sobre la blanda arena al borde del lago, hasta llegar a las cuevas Punta Walichu. Desmontamos y desensillamos los caballos y luego nos instalamos sobre una manta para tomar un picnic de queso, pan, carnes y vino, que devoramos con mucho apetito antes de explorar las cuevas.

La excursión al glaciar Upsala

Lo mejor después.
La excursión al glaciar Upsala. el más grande del parque, alimentado por varios glaciares más pequeños, se inicia también en autobús. De camino, pasamos por varias estancias y un rancho con pieles de oveja colgadas a secar sobre las cercas de madera, antes de llegar a la embarcación, a 40 kilómetros de Punto Bandena. Nuestro catamarán era ultramoderno, con ventanillas de cristales ahumados, alfombras, tapicería y un almuerzo caliente si se quería (es bastante caro, así que quizá sea mejor que se lleve sus propios bocadillos). Pero no hay comentarios en inglés, sino sólo en español y me alegré de haber aprendido antes lo que veríamos a lo largo de la ruta.
Navegaríamos subiendo por el canal Upsala, a través de un canal de icebergs rotos alargados hasta convertirse en una galería de esculturas de hielo, moldeadas por el deshielo. En la distancia, una serie de pináculos se elevaban como rascacielos neoyorquinos y a través del centro de uno de ellos, el agua había erosionado una arcada perfecta. Otro se había fundido hasta el punto de que parecía una masa de fluíanles burbujas de jabón, listas para explotar. Algunos icebergs se habían conjuntado, como húmedos terrones de azúcar, mientras que otros se habían desintegrado en frágiles esqueletos.
La embarcación atracó para que pudiéramos dar un paseo por un bosque de árboles lenga hasta el lago Onelli y sus tres glaciares: Onelli, Bolado y Agassiz. Esta caminata fue más una procesión en la que los turistas desembarcaban y se detenían a intervalos para tomar fotografías, interrumpiendo la marcha. En el lago, había espacio suficiente para encontrar una roca aislada sobre la que sentarse y mirar. Los icebergs se congregan en el lago contra un fondo de gigantes cubiertos de nieve y cascadas que descienden por las grietas. ¡Qué paisaje! Seguramente, nada puede superarlo.

Excursion al Perito moreno

Las excursiones:
Para la caminata sobre el hielo, el autobús pasa a recogerlo por su hotel y lo lleva hasta la entrada del parque. Luego hay un recorrido en vehículo de 30-35 kilómetros hasta la bahía Bajo la Sombra, por un tortuoso camino que bordea el lago Argentina. Las vistas son magníficas, bajo un cielo azul cobalto surcado de nubes cabello de ángel y laderas boscosas que se elevan desde las aguas azules del lago, para culminar en cumbres cubiertas de nieve. Una de las curvas se llama de los Suspiros, porque es aquí donde se ve por primera vez el Moreno, como un breve aperitivo de lo que está por llegar.
Llegamos a la bahía Bajo la Sombra y subimos a una embarcación para navegar durante veinte minutos por el brazo Rico. La ruta nos llevó hasta 100 metros de la cara lateral del Moreno, que se eleva desde las aguas como un fragmento roto de jabón de coco. Sus profundas grietas aparecen matizadas de color azulado, pues cuanto menos aire tiene el hielo, más intensa es su tonalidad.
Desembarcamos en la orilla opuesta. Allí, los guías de montaña nos informaron sobre la ecología del parque y cómo se forman los glaciares, antes de indicar el camino que cruza un bosque y una playa pizarrosa, hasta un anaquel lleno de crampones. Una vez colocados, nos adentramos en una diminuta y segura sección del glaciar y así transcurrieron dos horas sin apenas darnos cuenta. Después, el guía nos ofreció una demostración de escalada sobre hielo y a continuación nos condujo hasta una vista divertida: una solitaria mesa de cocina, bajo la protección de una montaña de hielo. El guía se introdujo en un hueco practicado en la montaña y sacó una botella de whisky, junto con vasos y una chocolatina para cada excursionista. Sirvió un trago para cada uno de nosotros, pero antes de que pudiéramos llevarnos el vaso a los labios nos dijo que esperásemos. Tomó de nuevo el piolet y empezó a golpear fuertemente un bloque de hielo. Luego, con una bandeja de plata, recogió unos pocos trozos y preguntó: «¿Alguien lo quiere con hielo?».
Regresamos en la embarcación por el brazo Rico y subimos al autobús que nos llevaría hasta la boca del Moreno. Una vez allí, descendimos unos escalones de madera hasta una pasarela especialmente construida, situada a 300 metros de distancia de donde los fragmentos de hielo se desprendían y caían al fondo del lago, provocando un fuerte oleaje ante nuestros propios ojos. Antes de la construcción de este mirador, los excursionistas se acercaban demasiado y las olas los arrastraban hacia el lago helado, donde muchos morían. En la actualidad hay carteles de advertencia que prohiben salirse de los senderos marcados.

Visitar el Perito Moreno

Preparación para el glaciar.
Se puede visitar el Perito Moreno en autobús, embarcación o a pie. Yo reservé mi pequeña excursión a pie por el hielo en Calafate, un pueblo que se está convirtiendo en ciudad, rodeado de pastos conocidos como la estepa patagónica, en las afueras del parque, frente al lago Argentina. El lugar adquiere su nombre del arbusto calafate (Berberísbuxifolia), que da una baya utilizada para preparar mermelada. La leyenda dice que si se come el fruto del calafate se regresará al pueblo.
El ganado y los caballos pacen en la estepa. Los ánades silvestres nadan en los humedales y el cóndor andino (Vulturgryphus) traza círculos sobre los distantes picos, tan silencioso como un planeador. En la estepa hay terrenos con estancias pertenecientes a los ovejeros, muchos de los cuales se han visto tan afectados por la disminución del precio de la lana que se han dedicado al turismo para complementar sus ingresos. Estancia Anita. la mayor granja ovejera cerca de Los Glaciares, con una extensión de 65.000 hectáreas, se ha transformado ahora en Alta Vista, un establecimiento de cuatro estrellas, que pide más de 500 dólares por noche por una habitación doble con cena incluida. En la menos cara Estancia Alice se puede ver el esquileo antes de comer un buen asado de cordero lechal.
En la Avenida del Libertador, la calle principal de Calafate, y en las calles adyacentes, hay tiendas de recuerdos, charcuterías que venden empanadas de carne o de espinacas, supermercados donde puede comprar los alimentos que necesite para una excursión a pie y vino local, así como toda una serie de agencias de excursiones y aventura. Perito Moreno es la excursión a la que todo el mundo se apunta y como sólo está a 85 kilómetros al oeste, es una magnífica salida para un día. La caminata sobre el hielo es igualmente popular, aunque la cifra de participantes está estrictamente limitada.

Turismo en el Glaciar Perito Morenoa

Caminar sobre hielo:
Utilizando un piolet, el guía de montaña cortó escalones en la brillante costra de hielo del famoso glaciar, arrojando astillas de hielo como fragmentos de un candelabro de cristal. Con los crampones sujetos a las botas, nuestro grupo de 12 ascendió lentamente por las laderas, deteniéndose para salvar profundas fisuras y agujeros hechos por el agua, que se precipitaba por debajo.
A medida que las laderas se hicieron más escarpadas fuimos avanzando de lado, como los cangrejos, colocando confiadamente todo el crampón y sus picas de seguridad en la crujiente superficie que parecía no haber sido tocada nunca por la mano del hombre. El esfuerzo extra merece la pena, pues una vez que se ha subido lo suficiente por el Moreno, la vista de la montaña es espectacular: un canal de icebergs que se han desprendido del glaciar navega corriente abajo, para fundirse con rapidez. En la distancia escuchamos escopetazos, truenos y explosiones. Pero no, era sólo el Moreno que se desprendía de una pequeña parte de su carga.

Conocer el Glaciar Perito Moreno

Al encuentro del glaciar.
Perito Moreno recibe el nombre por Francisco Pascasio «Perito» Moreno, un explorador argentino del siglo pasado. Moreno abarca 257 kilómetros cuadrados, una zona más grande que Buenos Aires, se eleva a 180 metros sobre el nivel del mar y tiene una boca de unos cinco a seis kilómetros de ancho. Es famoso no por su tamaño, ya que el segundo glaciar más popular del parque, el de Upsala, es tres veces más grande, sino por la costumbre de explotar periódicamente y por la manera espectacular de hacerlo. En 1947 y por primera vez, la boca se detuvo en la orilla opuesta, la península Magallanes y bloqueó el drenaje natural del lago. Esa represa de hielo hizo que el nivel de agua se elevara, inundando los bosques y campos de heléchos de los alrededores y ahogando a las ovejas (todavía pueden verse troncos de árboles desgarrados y una orilla conocida como «cementerio de árboles»). La presión del agua así contenida termina por provocar una ruptura del glaciar que catapulta el hielo en todas direcciones. Desde entonces, este fenómeno ha ocurrido de modo intermitente hasta la última ocasión, en 1988, cuando fue filmado por equipos de televisión (hay un video). Se me dijo que con el calentamiento global actual, no se sabe con seguridad qué hará el Moreno en el futuro. Esa idea estaba muy presente en mi mente cuando caminé por la agrietada superficie del glaciar.

COMO SE FORMA UN GLACIAR

COMO SE FORMA UN GLACIAR.
Los fuertes vientos que soplan desde el Pacífico empujan las nubes cargadas de lluvia sobre los Andes, que luego descargan gran cantidad de nieve sobre los picos. Como la nieve se acumula más rápidamente de lo que se funde, esa acumulación forma el casquete de hielo continental del sur. Estación tras estación se va acumulando más nieve que se comprime formando hielo, hasta que la fuerza de la gravedad y la acumulación de más hielo por detrás lo empujan por la escarpada ladera de la montaña. El hielo en lento movimiento arrastra consigo las piedras, arañando los muros y lechos de los valles. La parte delantera del glaciar, llamada boca, es muy visible para el visitante.

Turismo en el Parque Nacional Los Glaciares

Aventuras sobre hielo:
El Parque Nacional Los Glaciares es patrimonio de la humanidad y se halla en las estribaciones de los Andes, en el suroeste de Argentina. Viajé a través de bosques, pasé junto a colonias de flamencos y me maravillé ante icebergs flotantes, antes de alcanzar el glaciar Perito Moreno, una de las maravillas naturales del mundo y dirigirme hacia el territorio de escalada del norte.
El Parque Nacional Los Glaciares, en la provincia de Santa Cruz, abarca 717.800 hectáreas de terreno en el que hay lagos de color turquesa cubiertos de icebergs y, para los escaladores, desafiantes picos cubiertos de nieve alrededor de la cordillera Fitz Roy, en su rincón más al norte. En los bosques hay hayedos y abundan el lenga (Nothofaguspumitlo) y el ñirre (N. antárctica), mientras que los matorrales y musgos verdes del suelo forman un terreno abonado para diversas clases de orquídeas y los pétalos escarlata del matorral de fuego llamado notro (Embotñum, coccineum). Abunda por aquí la liebre patagónica (Dilochotispatagonum,)y el tímido ciervo huemel (Hipocamellus bisulcas), este último en peligro de extinción, hasta el punto de haber sido declarado monumento nacional. Ocasionalmente, el león de las montañas o puma (Felis concolor) desciende desde las plataformas para atacar a los guanacos jóvenes (Lamaguanicoe), que constituyen su principal comida.
Todo esto, sin embargo, no es más que un simple ensayo del verdadero inicio del espectáculo que teníamos ante nuestros ojos: una serie de glaciares, restos de la última glaciación, que descienden hacia los valles de las montañas como gigantescos dedos de hielo. Cada uno está alimentado por la capa de hielo continental del sur, un manto de nieve comprimida que se extiende de norte a sur, a través de los Andes. Uno de los glaciares en particular, el de Perito Moreno, es una extraordinaria maravilla natural del mundo. Avanza continuamente, agrietándose y fundiéndose bajo las tensiones creadas por su propio peso. Los trozos de hielo del tamaño de coches se desprenden de su cara y caen a las lechosas aguas del lago Argentina, el tercer lago más grande de América del Sur, para volver a salir a la superficie en forma de icebergs.

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