Sierra de Chiquitos

De uno u otro modo, la importancia de la música se percibe en casi todas las misiones. Así, en San Rafael, levantada entre 1740 y 1748, las pinturas murales son fascinantes alegorías musicales. Esta misión tiene también la virtud de conservar la estructura original de sus naves, revestidas de caña, y de asombrar al visitante con un pulpito recubierto de brillante mica.
Finalmente, después de atravesar la sierra de Chiquitos, se alza San José, la única misión construida enteramente en piedra. Su iglesia, erigida en 1740, es un ejemplo de la arquitectura hispánica, aunque fue realizada por los nativos. La Oficina de Cooperación Española Internacional está colaborando en su restauración.
Es domingo y amanece. Como viene ocurriendo hace más de 300 años, los hombres, mujeres y niños de la región de Chiquitos, una vez enterrado el sábado, se visten de domingo, se toman de la mano y se internan en una floresta perfumada de incienso, poblada de aves como ángeles cantores, umbría y consoladora, más propia que la memoria propia. Una selva construida con los frutos de su tierra, labrada con los surcos de sus manos, que algunos ajenos llamamos iglesia.

San Miguel ciudad

Como los indígenas interpretaban la realidad a través de lo que veían, tocaban, gustaban y oían, los misioneros recurrieron a la pintura, el teatro y la música para evangelizarlos. Y en el camino levantaron las iglesias barrocas, exuberantes en curvas importadas de Europa y pletóricas de alusiones locales.
Por ser la pionera, San Javier sentó las bases del diseño arquitectónico. La segunda, Concepción, fue concluida en 1753: su estructura se impone a la sinfonía de verdes a través de sus profusos grabados de ángeles. Los niños escapan de la escuela cercana y me guían al interior del templo. El sol, que afuera es abrasador, avanza en una vía dorada hacia el altar que refulge, ciega y se eleva quince metros para culminar en la firmajesuítica: IHS (Iesus Hominum Salvator). Las columnas retorcidas no poseen la sutileza floral de San Javier, pero contienen la franca belleza de la selva; sería fácil engañarme y percibir cómo corre la savia por dentro de estos pilares. Las inmensas pinturas de santos, mártires y la Inmaculada Virgen de la Asunción se rebelan contra el claustro de las dos dimensiones y parecen escapar de las paredes. El respaldo de los bancos está tallado con escenas bíblicas y la madera aún despide un perfume resinoso que invade las tres naves. Pero el silencio no reina siempre: Concepción conserva un archivo de unos 5.000 folios de partituras musicales que fueron encontradas por casualidad en las distintas misiones y componen un patrimonio fundamental de la época barroca por la calidad técnica de autores como Zípoli y el citado y polifacético padre Schmidt.
Me sobresalto cuando un niño me toma la mano para guiarme en silencio hacia una puerta lateral. La entorna sin hacer ruido y allí, en una larga mesa, me recibe una muchedumbre celestial de Cristos, santos, vírgenes y arcángeles. Algunos hombres perfilan alas, y otros labran delicadamente crucifijos o trabajan el vidrio de pequeñas ampollas para el agua bendita o el vino. Concepción alberga el taller de restauración que está devolviendo la belleza y el estilo original propio del 1700 a las misiones chiquitanas. La restauración de todas sus fachadas, en mayor o menor medida, se debe a esta labor.
San Ignacio entra casi en la categoría de los milagros. Situada en la siempre verde provincia de Velasco, junto a Santa Ana, San Miguel y San Rafael, fue fundada en 1748. En el pueblo, donde transitan anchas calzadas de tierra roja, algunas casas mantienen aún características originales y miran decididas a la plaza central, donde se alza la iglesia de la misión. Ostentaba esta el diseño más elaborado de todas y era también la de mayor tamaño, pero en 1974 fue reemplazada por un adefesio de cemento de proporciones monstruosas, en tamaño y gusto.
Son los trabajos comenzados por otro suizo ya fallecido, el arquitecto franciscano Hans Roth, los que le están devolviendo a San Ignacio su antiguo esplendor. Los confesionarios y el altar original, con ángeles de alas doradas, anticipan el final de la obra, que continúa bajo la dirección del maestro local Juan Romero.
A pocos kilómetros está San Miguel. En primera instancia sólo distingo una austera casa de estilo alpino, frente a la plaza central. En el interior, un arcángel de madera se desprende del altar, labrado con hojas doradas, para recorrer las pinturas murales y los grabados del techo. Fundada en 1721, su iglesia está completamente restaurada, pero respetando todos los elementos originales; un mérito atribuible a los talleres locales. En San Miguel, varios Institutos Humanísticos forman a la mayor parte de los escultores y pintores de la región. El de San Pablo, por ejemplo, cuenta con más de 1.500 estudiantes, que cursan las materias de tallado y carpintería durante cuatro años. También es importante señalar que el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) ha financiado una asesoría técnica para que los artistas del taller Bolivia obtengan una certificación forestal. Sus trabajos se realizan exclusivamente a partir de talas selectivas, que garantizan la integridad de los bosques chiquitanos. Si consiguen el citado diploma, podrán vender su trabajo sin intermediarios, obteniendo así el justo valor por su talento.
La plaza central de Santa Ana está custodiada por algunos burros y un frondoso y rosado torobochi, árbol panzón que los indígenas usaban como cisterna de agua. No hay nada más. Igual de austera resulta la iglesia del pueblo, cuya construcción conserva de un modo más genuino la expresión local. Quizás porque Santa Ana fue construida por los indígenas en 1775, cuando los jesuitas ya habían sido expulsados. Al igual que en San Javier, aquí se fabrican arpas, violines y otros instrumentos, que celebran, en manos de los niños, su fiesta semanal todos los domingos.

Ciudad jesuita de Bolivia

Hace más de 300 años, los jesuítas llegaron al territorio guaraní de la actual Bolivia para evangelizar a sus habitantes. Las misiones que allí fundaron, incluidas en el Patrimonio Mundial, son las únicas supervivientes de un arte único que asimiló la estética europea a la exuberancia de la selva circundante.

Es el tercer río que cruzamos. Primero dejamos atrás el m j Grande o Guapay, luego el San Miguel, y ahora, el San Pablo. Antes, los riachos fueron incontables: cursos espesos de lodo que se han sucedido constantemente desde que salimos de Santa Cruz de la Sierra; nuestro objetivo es conocerlas únicas misiones jesuíticas de Sudamérica que han vencido la batalla contra el abandono del hombre y el acoso de la selva. En 1990, la Unesco reconoció los
méritos de esas siete supervivientes y las incluyó en el Patrimonio Mundial.
Recorro el perpetuo sube y baja de sierras y lomas, de ruta roja y selva a la vera del camino. El paisaje seguramente es el mismo de 1551, cuando la Compañía de Jesús se instaló en la región guaraní que hoy comparten Boli-via, Brasil, Argentina y Paraguay. Sus misiones o reducciones, precedidas por un foso para defenderse de los esclavistas portugueses, seguían una política comunal de reparto de tierras con la
que cosechaban excelentes rendimientos. Esa fue su ruina: en 1767, las intrigas, guerras y campañas de desprestigio terminaron por expulsar a los jesuítas de los dominios españoles.
Atardece. Los monos aulladores están en plena actividad y los tucanes levantan el vuelo a nuestro paso. Detrás de una colina, la vegetación se abre como un telón; entonces surge San Javier, la primera misión jesuítica fundada en la región de Chiquitos (1691). Ya me habían anticipado que su iglesia era la más bella de todas. El crepúsculo le otorga un aire recoleto que conjura a la selva exterior, cantante y danzante, a no entrar. Y si el perfil de San Javier por la noche roza lo místico, al alba es sobrecogedor. Entre 1744 y 1752, el arquitecto y jesuita Martin Schmidt tomó la estética de su Suiza natal y agregó la explosión de colores y formas propias del entorno tropical. Así, los arcos ojivales parecen palmeras vistas desde abajo; las retorcidas columnas, árboles y enredaderas que se entrelazan en una especie de círculo fecundo; los arcos de madera que recorren las tres naves, el perfil de la floresta; y los diseños de las paredes, la recreación del entorno, vegetal y primitivo, que convive con los habitantes.
En efecto, la selva, sacra para las tribus de los guarayos y chiquitos, fue trasladada a estos ámbitos cristianos. Aunque en vez de las aves, eran los ángeles, santos y mártires quienes presidían el cielo, rosay raso. Pinturas, estatuas y bajorrelieves se encargaban de dar volumen a las paredes, y el horizonte ya no era encierro, sino infinito. Los jesuítas invitaron a los indígenas a pasar al interior, donde nunca se sintieron extraños: esta fue la táctica adoptada por los religiosos, partidarios de adaptar las enseñanzas de Cristo a los ritos locales.

Cuestiones de salud en Bolivia

CUESTIONES DE SALUD Y SEGURIDAD
Dolores de cabeza, letargía, mareo, pérdida de apetito y náuseas son síntomas del mal de altura, conocido localmente como soroche. El mejor tratamiento es el descanso, tomar muchos líquidos (pero no alcohol), analgésicos que no sean aspirinas para los dolores de cabeza y pastillas contra las náuseas. El remedio local es el mate de coca, una infusión de hojas de coca.
Aunque la higiene alimentaria ha mejorado en años recientes en Bolivia, debería ser precavido con lo que come y evitar los alimentos no cocinados. Debería beber sólo agua embotellada; si toma agua de las corrientes que encuentre durante las excursiones o la acampada, hiérvala o utilice pastillas purificadoras de yodo o un filtro (es lo único que mata la giardia). Tenga cuidado con la fuerza del sol en el Yungas. Nunca olvide la loción protectora contra el sol y el repelente contra los insectos.

Excursion a Bolivia

Qué llevar
Para excursiones en bicicleta:
Una chaqueta térmica o un suéter grueso; puede comprarlos baratos en La Paz.
Gafas de sol.
Bufanda.
Pila de repuesto para la cámara; a menudo, el frío de las alturas hace que las baterías dejen de funcionar.

Para excursiones a pie:
Un buen mapa.
Equipo de camping.
Para el sendero Chaco necesitará ropas de invierno para el tramo de altura y más ligeras para la sección tropical.
Para el sendero Yunga Cruz lo más importante es llevar agua, por lo menos dos litros aproximadamente.

Planificar viaje a bolivia

Planificación
Para excursiones en bicicleta de montaña, las mejores agencias en La Paz son Gravity Assisted Mountain Biking y Explore Bolivia. Ésta última es la única empresa fiable para aventuras en kayak. canoa y rafting.
Muchas de las demás agencias turísticas de La Paz ofrecen excursiones organizadas a pie por las diversas rutas que conducen a Yungas, incluidos guías y equipo.
Si quiere ir por su cuenta, es posible alquilar equipo como tiendas y sacos de dormir en La Paz si no ha traído las suyas propias. Considere también poner una nota en los más populares hoteles de viajeros si busca compañeros de viaje.
No tendrá problemas para encontrar alojamiento que se adapte a su presupuesto en La Paz. donde hay una buena gama de hoteles y restaurantes.
En Coroico también existen buenas instalaciones turísticas, pero es importante reseñar con antelación si quiere estar seguro de alojarse en un hotel concreto, especialmente los fines de semana o durante los grandes períodos festivos.

Cuando viajar a Coroico

Cuándo ir
El mejor momento para visitar Bolivia es en la temporada seca invernal, entre abril y octubre, con el tiempo más favorable entre junio y agosto. Entre La Paz y Coroico debería estar preparado para soportar temperaturas que van desde los 4 “C a los 30°C y una creciente humedad en la jungla. La temporada de las lluvias es entre diciembre y marzo, período en el que interrumpe su funcionamiento la Gravity Assisted Moiuitain Biking es posible organizar una excursión en bicicleta durante este período con Explore Bolivia. pero tenga en cuenta que muchas carreteras son intransitables.

Viaje al interior de Bolivia

Viaje por el interior
La forma más segura de descender la atractiva carretera a Coroico es en microbús, a menos que prefiera hacerlo en una bicicleta o en su propio vehículo lodoterreno. Los microbuses salen con regularidad de la zona del Villa Kátima, en La Paz; deberá pagar unos 15 bolivianos. Tanto Flota Yunguenita como Turbus Totai son empresas fiables de autobuses.
Si quiere hacer el viaje de regreso en microbús desde Coroico, es importante reservar plaza con antelación en la ciudad, porque los autobuses se llenan con rapidez, especialmente el domingo.
Bolivia no es el país ideal donde poner a prueba sus habilidades como conductor, pero si piensa alquilar su propio vehículo, elija un todoterreno. compruebe las ruedas y los frenos y contrate también a un buen conductor.

Excursiones por el Yungas

Excursiones por el Yungas
Tres de las principales excursiones desde La Paz al Yungas son el sendero Choro, el sendero Takesi y el sendero Yunga Cruz. Todos ellos siguen caminos empedrados prehispánicos. generalmente conocidos como senderos incas, a pesar de la opinión de los expertos, según los cuales su construcción es anterior a la conquista inca de la zona.
El sendero Choro se inicia en La Cumbre, adonde se llega fácilmente en transporte público, y puede terminarse cómodamente en tres días. Las condiciones extremas que se dan en cuanto a tiempo, vegetación y paisaje, lo convierten en una ruta atractiva y existe la posibilidad de acampar en el remoto y bien cuidado jardín de Tamiji llanamura. un japonés ipie reside en Bolivia desde hace tiempo.
El más corto de los senderos, de algo más de 30 kilómetros, es el Takesi. que se inicia en Yentilla y termina en el pueblo minero de Chojlla: continúe hasta el atractivo pueblo colonial de Yanacachi. donde hay alojamiento y microbuses que regresan cada día temprano hasta La Paz o que continúan hasta Chaco. En Chaco encontrará el prestigioso hotel El Castillo, una antigua y lujosa residencia, construida por prisioneros de guerra paraguayos a mediados de la década de 1930. y que parece un castillo encantado. Debido a que es fácilmente accesible y corto, el sendero Takesi atrae mucho tráfico y, como consecuencia, hay bastante basura a lo largo del camino.
El sendero Yunga Cruz es el más duro pero, definitivamente, el más gratificante de los tres. La excursión dura de tres a cinco días, dependiendo de que se empiece en Chuñavi o en Lámbate: termina en Chulumani, la tranquila capital de la provincia de Yungas Sur. Aquí encontrará excelentes oportunidades para observar la vida animal y las aves, incluidos cóndores. El agua es escasa o inexistente después del Cerro Yunga Cruz, así que lleve consigo por lo menos dos litros.

En balsa por el Coroico

En balsa por el Coroico
Antes de descender hasta la orilla del río. Jordán me proporcionó un casco, un chaleco salvavidas y un remo, amén de una breve conferencia sobre seguridad en el descenso. Junto al río Coroico ya se había preparado una balsa in-flable de recio aspecto, en la que descenderíamos los cuatro por los rápidos que fluyen a gran velocidad entre altos muros de verde jungla. El agua turbia confiere al río un aspecto más amenazador de lo que sugeriría un río de aguas más claras, cuyos obstáculos fuesen más evidentes.
El descenso tiene una longitud de unos 17 kilómetros, y culmina justo antes de la cascada de Puerto León; dura algo más de una hora, aunque parece que sea mucho más. En una corriente tan fuerte, se necesita poco esfuerzo para remar y me alegré de tener alguna experiencia previa en balsa. En plena temporada de lluvias, el río tendría aún mayor caudal, lo que suavizaría los encontronazos contra las rocas, pero también aumentaría considerablemente la fuerza de la corriente.
Junto al pueblo de Choro, un puente en suspensión salva el río Coroico y un par de curiosos nos observaron mientras salvábamos los rápidos en este complicado recodo del río. Más tarde. Jordán me dijo que seis años antes, durante una gran competición de raftig. el peso de los espectadores sobre el puente había terminado por derrumbarlo, muriendo tres niños. El siguiente conjunto de rápidos se llama el Paso de Mi Hermano: según la tradición, si uno se cae y alguien le salva, esa persona se convierte en tu hermano. Afortunadamente, no tuvimos que ponerlo en práctica.
Cuando llegamos al punto de salida, bajo el puente de Puerto León, estaba agotado. Jordán había dispuesto que la camioneta esperase para llevarnos a nosotros y al equipo de regreso a la base, pero antes fuimos a ver la cascada. Mientras vadeaba, corriente arriba, avanzando cuidadosamente sobre las resbaladizas rocas hasta el lugar adecuado para verla, escuché el estruendo que producía; incluso desde la distancia a la que me encontraba, a varios cientos de metros, el rocío de la poderosa cascada me empapó la cara.
Me metí la mano en el bolsillo y descubrí que el talismán de cóndor se había roto en dos. ¿una señal de que se me había terminado la buena suerte’.’ Decidí jugar sobre seguro y me retiré. Después de un delicioso almuerzo en La Cascada, regresé a Coroico para más relajación y cuidados. Es lo menos que uno se merece, antes de afrontar el viaje de regreso a La Paz.

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