Chinchon

chinchon

Chinchón es un pequeño poblado de algo más de 6000 habitantes, sistemáticamente infravalorada por las Guías de Turismo y entusiastamente sobrevalorada por los madrileños a quienes le encanta visitarlo los fines de semana para disfrutar del anís y algunas especialidades gastronómicas en mesones instalados en lugares tan exóticos como un molino donde uno debe esquivar unas prensas centenarias, o en otro, donde juguetea una pareja de leones publicitadamente eróticos, aunque el peligro mayor lo constituye la cuenta.
A mí, con toda la subjetividad del caso, Chinchón me encanta aunque admito que tiene muy poco más que su PLAZA MAYOR. Pero también es cierto que pocos espacios urbanos tienen el encanto de esa plaza de formas irregulares, con lamente junto a la cual los viejos del lugar se sientan a tomar el sol, y a pocos pasos de allí, las piletas que aún se utilizan para el lavado. La plaza está rodeada de casas de tres pisos con pintorescos balcones de madera o hierro, acodados o apoyados sobre arcadas sombreadas que albergan distintos negocios (tascas, venta de alimentos, objetos de cerámica, etc.). Si en Aranjuez se portó como un turista de ley y compartió su almuerzo con las hormigas en los Jardines del Príncipe, ahora como premio a su espíritu de ahorro, se le permitirá comer un bocadillo (abusivamente caro) en el Mesón de las Cuevas de Vino, una encantadora posada con vista a la Plaza, que se puede recorrer. En verano, durante la temporada taurina, la Plaza se convierte en Plaza de Toros, como recordarán algunos memoriosos que hayan visto a Cantinflas lidiando con un toro en “La vuelta al mundo en 80 días“.
Por encima de la Plaza se asoma la Iglesiadel siglo XVI de sobrias líneas que alberga un Goya de discutida paternidad.
Otro orgullo del pueblo, junto con el anís y el Goya, es la marquesa de Chinchón que supo estar casada con el virrey del Perú, en el siglo XVII. Allí se pescó una fiebre tropical que le fue curada gracias a la quinina que le administraron los indígenas. Como típica injusticia poética el nombre científico de la quinina (chinchona) la recuerda a ella y no al indígena que la curó. Así es la vida. Más que nada en el tercer mundo. Terminada la visita de Chinchon, suban al auto que habrán dejado estacionado en plena plaza y tomen la carretera que, pasando por Valdelagunas, entronca con la ruta N° 111. Esta a su vez se convierte en la Autopista 3 que accede a la capital por la Avenida del Mediterráneo, luego de recorrer 45 kilómetros.
¿Y los que retornaron de Toledo directo a Madrid se quedarán sin conocer Chinchón?
Mire. Yo pienso que aunque usted haya optado por el regreso directo, igual es conveniente que guarde Chinchón como un recurso de alternativa. Después de todo, la vida siempre ofrece pequeñas sorpresas. Imagínese que su mujer de pronto se acuerda que su bisabuelo nació en algún recóndito pueblito de Castilla que ella querría conocer. Supóngase ahora, que usted no se sienta tentado de compartir sus nostalgias genealógicas. Entonces, mientras ella escarba Castilla en procura de sus raíces, usted vayase hasta Atocha, pues cerca de allí, en la calle de Sánchez Bustillo 7, la empresa de autobuses La Veloz, (pregunte horarios al 2272018) lo transportará a Chinchón, para que Ud. ahogue sus penas en anís.
¿Que a usted no le gusta manejar? ¿Y recién ahora se le ocurre decírmelo?
Bueno. En ese caso extraiga de lo dicho lo que le sirva, y anote las siguientes direcciones:
Madrid – Toledo. Empresa: Autocar Galiano. Calle Canarias 17 (tel. 2276217) Metro Palos de Moguer.
Madrid-Avila: Empresa: autobuses Larrea. Calle Martín de los Heros, 4. Metro Plaza de España.
Madrid-Segovia: Empresa de autobús “La Sepulvedana”. Paseo de Florida!! (tel. 2475261) Metro Norte.
¿Que además usted tiene un abono para Ferrocarril; así que no piensa gastar ni en un auto ni en autobús?
Permítame que no le conteste nada. Respecto alootroque usted me preguntó de por qué no incluí en alrededores de Madrid a Cuenca, le voy a informar que Cuenca está a 165 kilómetros. O sea que con ese criterio también debería incluir a Salamanca y ¿por qué no? a Santiago de Compostela y Cáceres o Sevilla o…O sea que, como dicen los sicólogos, hay que fijar límites.