Medina Azahara

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Si por una de esas casual idades tuviesen que permanecer un día más en Córdoba, podrían…
¿Qué por qué deberían quedarse otro día en Córdoba’.’
Y yo que sé. Esta es una guía, no su carta astral. Pero suponga que eso sucede. En ese caso le aconsejo hacer una visita a las ruinas de MEDINA AZAHARA a escasos 6 kilómetros de la ciudad. Tomen pues el auto, bajen hasta el Guadalquivir, tomen a la derecha bordeando el Río hasta la avenida de Vallallano que nace de inmediato luego que pasaron el Alcázar. Sigan por ésta hasta que loscarteles les indiquen el entronque de la carretera 431 que los llevará a las ruinas del palacio que en 935 Abd el Rahman III edificó en homenaje a su favorita. El palacio se asienta al pie de la sierra y se distribuía en tres terrazas superpuestas. En la superior estaba el Alcázar Califal. Seguía en la del medio las dependencias administrativas y una mezquita en la inferior. De las ruinas que dejaron los bereberes que saquearon el palacio a poco de terminado, se están rescatando dos pabellones de la parte superior. Según cronistas de la época, el salón del trono y el salón dorado estaban decorados con arcos de marfil y ébano, adornos de oro iluminados por una alberca llena de mercurio que reflejaba los rayos del sol.
Si su esposa le recuerda que usted le regaló una batidora como homenaje a su cumpleaños, acepte el reproche con dignidad.
Para seguir a GRANADA su próxima etapa, deberán regresar a Córdoba y recorrer 172 kilómetros por la carretera N432. Buen viaje y maneje con cuidado.

Guadalquivir

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Bien. Terminada la visita del Alcázar, podrán recorrer lentamente la orílla del Guadalquivir, aspirando el aire perfumado, mientras las luces de la ciudad se van encendiendo lentamente y…
¿Cómo?
¿Que tiene hambre?
Evidentemente usted es un romántico incurable, mi amigo.
Lamentablemente son apenas las 19:00, así que si el aire perfumado le da hambre, trate de respirar por la boca y de todos modos vaya caminando por la orilla del río. Al llegar al Puente Romano, crúcelo, observando de paso en el agua los restos del molino árabe (Abolafia) que elevaba el agua para los jardines
del Alcázar. A mitad del puente se topará con su infaltable San Rafael. Sobre la otra orilla verá LA
CALAHORRA
, fortificación árabe ampliada por Enrique II (antes de serlo), para defenderse de su hermanastro, nuestro viejo conocido el rey Pedro el Cruel, aquién finalmente asesinó en Montiel. Y si usted es de aquellos ingenuos que creen que los cambios históricos se realizan al son de frases solemnes, le voy a trascribir las cariñosas palabras con que don Enrique, bastardo de Alfonso I, recibió a don Pedro.

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En fin, volviendo a la Judería actual, sigan la calle de Valladores, que es el nombre que toma la de San Felipe, hasta la CASA DEL INDIANO, un palacio edificado en un estilo mudejar isabelino (fines del siglo XV). La calle de Fernández Ruano lleva a la Puerta de Almodóvar, una vieja puerta morisca restaurada en el siglo XIX.
De allí tomen por la calle de Maimonides que los conducirá a la SINAGOGA del siglo XIV. Es ésta una de las tres que se conservan en España. Las otras dos están en Toledo y espero que aún se acuerden de haberlas visitado. Esta se trata de una pieza de planta cuadrada abierta en un costado para dar lugar al balcón dónde oraban las mujeres. También se puede ver el hueco para el tabernáculo.
La parte superior de los muros tiene hermosos estucos mudejares mezclados con caracteres hebreos. Siguiendo hasta lacontigua plaza de Bulas, verán el Museo Taurino, instalado en una hermosa casa sevillana.
Para ser visitado únicamente por incondicionales de los toreros. A la vuelta, el Zoco reúne artesanos (algunos sudacas también) alrededor de un patio.
Allí mismo, durante algunas noches, se realizan espectáculos flamencos. De la Plaza de Bulas unacallecita lleva a la Plaza del Hospital, dónde se puede visitar la capilla ojival mudejar de San Bartolomé (siglo XIH), con sus muros cubiertos de azulejo y adornados con estucado. Luego encuentren la calle Comedias. La calle de laJudería desemboca en la calle Torrijosque bordea la mezquita por el oeste.
A la izquierda verán entonces las sucesivas puertas (de la Leche, de los Deanes, de San Esteban, de San Miguel y del Palacio).
A la derecha el portal gótico de San Jacinto formaba parte de la Casa de Expósitos dónde se solía dejar a los niños bandonados. Enseguida se ve el PALACIO EPISCOPAL varias veces reconstruido y elevado sobre el lugar del Alcázar
de los reyes árabes. Al llegar a la calle Amador de los Ríos, doblen a la derecha para acceder al ALCÁZAR construido por Alfonso XI en 1328. En cada esquina de su planta cuadrada se elevaba una torre, de las que aun permanece en pie la de los Leones (la más antigua, por la que se accede Alcazar,la del Homenaje, de planta cuadrangular y la del Río, cilindrica. La Torre de la Vela desapareció en el siglo pasado. Del Alcázar original quedan el patio morisco, los antiguos baños y los hermosos jardines árabes ornados de fuentes. Son particularmente interesantes los bellísimos mosaicos romanos y un sarcófago de mármol del siglo III. Desde las torres se disfruta de una hermosa vista sobre el Guadalquivir y los jardines del Alcázar. Aquí se alojaron los Reyes Católicos y también aquí se alojó Boabdil (aunque contra su voluntad), luego que cayó prisionero.

Casas de la juderia

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Dos hechos dan la pauta de la influencia judía entre los monarcas árabes. El primero se refiere a Abderrahman, el pri mer constructor de la Mezquita. Siendo Ebn Habib gobernador de Al Magreb, apareció por allí Abderrahman, huérfano y único sobreviviente de su familia masacrada en Damasco. Traía sobre la frente los dos rizos de los elegidos. Pero como Ebn Habib también se había dejado dos rizos jugueteando con la idea de convertirse en Señor de la España árabe, al verlo aparecer se le ocurrió la nada original idea de mandarlo asesinar. Y así lo hubiese hecho de no mediar la opinión de su consejero judío, quién dijo textualmente: “si lo matas, ciertamente que él no será el predestinado, y si lo dejas puede que lo sea”
Para entender el por qué Ebn Habib interpretó que eso significaba que debía dejarlo vivir, habría que internarse en los sutiles vericuetos del alma árabe. Pero el hecho es que así lo hizo. De lo que se desprenden dos cosas:
1) Abderrahman debió quedar eternamente agradecido al que le salvó la vida (en particular) y a los judíos (en general)..
2) Los árabes discriminaban a los pelados, quienes evidentemente no podían ostentar los dos rizos sobre la frente.
El otro hecho en que intervino un judío, se refiere a otro sonado caso de discriminación. Esta vez contra los gordos y por parte de los cristianos. Sucedió en el año 958, cuando doña Toda, reina de Navarra, se dirigió a Córdoba (famosa por sus
médicos), pidiendo ayuda para su nieto don Sancho. Al parecer éste, desagradablemente obeso, fue destronado por su excesiva adiposidad. Abderrahman III designó a Joseph, un judío, para el tratamiento y el consiguiente cobro de los honorarios que consistía en 10 castillos. Y no sólo logró éste hacer adelgazar

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Durante la monarquía visigótica, los judíos no vivieron en el mejor de los mundos. Claro que no siempre pasaron las de Caín pero a menudo tuvieron que sufrir los bruscos cambios de humor del soberano de turno. Por ejemplo Ervigio, ya los favorecía concediendo a los conversos títulos de nobleza, ya los condenaba a ser siervos de sus propios siervos y sus hijos arrancados de su lado en caso de comprobarse que seguían la ley de Moisés.
Aparte de las veleidades reales, los judíos resentían los hábitos sexuales algo licenciosos de los visigodos, según surge de los concilios toledanos que hablan de “todo linaje de aberraciones y de crímenes, incluso el más feo y abominable de iodos los vicios que mancha y envilecen la naturaleza humana”
En fin, que siendo los judíos más bien Victorianos en sus costumbres sexuales, no es de extrañar que pensaran que los árabes invasores eran el castigo de Jehová. Una especie de reedición de como había manejado casos similares (léase Sodoma y Gomorra). Por otro lado, estando dotados de buena memoria, no les debe haber resultado desagradable vengarse de las muchas y repetidas afrentas de los cristianos, aliándose con los moros.
Y tan así fue, que los árabes a menudo dejaron en manos dejudíos la guarda de ciudades o fortalezas que iban rescatando del poder de los visigodos que se habían atomizado en luchas intestinas. Esta travesura se la harían pagar con creces los reyes de la reconquista.

Juderia

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Por la calle de Jesús María, regresen a la Plaza de las Tendillas para tomar esta vez a la izquierda la calle de Gondomar. Esta simpática calle protegida del sol por toldos los llevará hasta la Iglesia de San Nicolás, cuya torre octogonal con decoración mudejar sobresale sobre las demás torres de la ciudad. De allí al sur, la calle de San Felipe pasa por el Estado Mayor (ex Oratorio del siglo XVI) cuya fachada se atribuye a Berruguete. Siguiendo por la misma calle ustedes van, a
ingresar en la JUDERÍA, un barrio encantador con callejuelas estrechas y pequeños rincones inesperados.
Para entender la amplitud e importancia de la Judería, de lo cual da pauta su ubicación tan cercana a la Mezquita, habrá que sacarse las anteojeras históricas y recordar que la irreconciliable enemistad entre judíos y árabes no era
tal cosa en los albores del dominio moro en España. Todo lo contrario, más bien.

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Del ángulo sureste de la Plaza, la calle del Conde Priego lleva hasta el MONUMENTO A MANOLETE a quién, según los entendidos, la mala suerte enfrentó a un toro tuerto.
Parecería que éste (el toro) por ver mal, en lugar de fascinarse con sus verónicas, le encajó la fatal cornada que lo catapultó al Olimpo de los ídolos cordobeses. La Iglesia de Santa Marina que le sirve de fondo es una interesante construcción gótica en tres naves con un campanario renacentista.
El interior (que usted se cuidará de no visitar) fue transformado en un estilo barroco en 1751.
Hacia el Sur, la calle Morales lleva al Palacio del Marques de Viana de estilo clásico con 14 patios, escalera con techo artesonado, etc. En los salones se exhiben trabajos cordobeses en cuero, filigranas, etc.
De allí, tomando la calle Juan Rufo por dos cuadras, y luego doblando a la izquierda por la calle de Santa María, se llega al convento de Santa Marta con fachada ojival florido. Rodeando el convento, media cuadra hacia el sur, van a desembocar en la calle de San Pablo. Sigan por ella hasta la PLAZA DE TENDILLAS, verdadero centro neurálgico de la ciudad. Del ángulo sudeste de la Plaza, la calle de Homachuelos lleva a la Iglesia de la Compañía (1564) de estilo jesuítico. Esta iglesia junto con la de la Victoria de 1780, rodean la Plaza de El Salvador, adornada con un infaltable San Rafael.

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Bien, tome por la calle San Pablo, acuya derecha se levanta el Palacio, renacentista, de Villalones. A la izquierda está el CONVENTO DE SANTA MARTA con fachada ojival florida. Rodeando el convento, la calle de Juan Rufo lleva a la cuesta de Bailo desde donde se aprecia el portal plateresco de Fernández de Córdoba, del siglo XVI. Y aunque, a esta altura, para usted un portal plateresco, mudejar o churrigueresco debería ser como el a b c, igual le informo que me estoy refiriendo al palacio a su izquierda. La cuesta de Bailo desemboca frente al convento de los Capuchinos del siglo XVII con portal mudejar. Allí, en la Plaza de los Dolores, se levanta el famoso CRISTO DE LOS FAROLES. ¿Por qué.tan famoso?
Y yo que sé. Porque mirándolo bien no tiene, nada de maravillosa esa pequeña cruz rodeada de 8
faroles, sin embargo… Después de todo, ¿usted nunca se preguntó por qué algunos cantantes atraen multitudes aullantes mientras que otros igualmente  buenos o malos arrastran su triste existencia recorriendo boliches ante la indiferencia del público?
Bueno. Con los monumentos pasa algo parecido. Mire si no el caso del “Mannekin Pis”, esa estatuita que cabría en su mesa de luz y que, sin embargo, es más conocida por los turistas que recorren Bruselas, que la magnífica Plaza Mayor.
Dejen entonces que el Cristo goce de su promocionada popularidad y rodeen el Convento para desembocar en la Plaza Colón. A la izquierda verán el antiguo Convento de la Merced, ahora Palacio de la Diputación (1745), con su fachada barroca. A la derecha se eleva la Torre de la Mal muerta, así llamada en honor a una dama asesinada por su esposo, quién habría conseguido el indulto a cambio de la construcción de la torre. Esta historia que ejemplifica la pobre opinión de los españoles respecto a su justicia, en realidad no parece tener mucho asidero a juzgar por la inscripción sobre la torre que establece que ésta fue construida por Enrique III en 1406.

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Mirando hacia el Guadalquivir, a mano derecha, verán la nombrada POSADA DEL POTRO (actualmente archivo municipal) mencionada en esa magnífica guía para el viajero por España que es el “Don Quijote“. Se dice que don Miguel de Cervantes se habría alojado allí (posiblemente gratis, gracias a la publicidad que le hacia a la Posada). A mano izquierda, en el antiguo HOSPITAL DE LA CARIDAD (fundada por los Reyes Católicos) se ubica el museo Provincial. Podrán ver el portal plateresco y el porche a doble arcada. No podrán ver el patio florido decorado por estatuas romanas ni los techos artesonados y menos aún la colección de arte cordobés (más algún Goya y Murillo que otro) porque los empleados del museo están haciendo la digestión -como Dios manda- y no caminando. Al lado, tampoco podrán visitar la casa natal de Julio Romero de Torres, con alguna de sus telas más significativas.
La cal le Lucana, que limita la Plaza del Potro por el sureste, llega a la IGLESIA DE SANTIAGO. Esta iglesia es de la época de la Reconquista y conserva una torre-minarete. A la derecha del altar hay una virgen de piedra del siglo XV y en la capilla ojival un interesante retablo del siglo XVI. Regrese por la misma calle hasta la de Valderramas. A la derecha verá la iglesia de San Pedro del siglo XIII -aunque nadie lo diría-excepto por los portales laterales y el ábside. La fachada es Renacentista y en el interior posee una capilla churrigueresca (de los mártires) únicamente para aquellos adictos al estilo. Tomando hacia el noreste se llega hasta la aporticada Plaza de la Corredera, donde en el siglo XVII se hacían corridas de toros. Siguiendo siempre en la misma dirección se arriba al Ayuntamiento y, junto al mismo, podrán ver algunas ruinas que corresponden aun templo romano del Siglo I. Tomando por la calle Capitulares verán a la derecha la iglesia de San Pablo con portada románico-gótica. Si estuviese abierta (y no lo está) podrían ver la virgen de las angustias (una famosa obra de Juan de Mena).
¿Y sabe una cosa, mi amigo?. Le voy a agradecer que deje de mirar la guía con esa mirada de reproche, porque conociéndolo, estoy seguro que -en el fondo- está fel iz por tener un buen pretexto para saltearse la visita de algún museo y alguna iglesia. Y, por otro lado, ¿qué quiere que le haga?.
Si le dejara dormir la siesta de la 1 a las 4:00 y, considerando que usted pretende buena luz para sus dichosas fotos, visitar España le llevaría dos meses.

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Abandonen la mezquita, lanzando anatemas contra Carlos V. Siendo más de la 1:00 se les permitirá zambullirse en Los Patios, un simpático y -para mejor- cercano mesón en el número 6 de la misma calle del Cardenal Herrero. Luego de disfrutar de una comida razonablemente módica, haga la sobremesa… caminando.
Por ejemplo, diríjanse al ángulo noreste de la mezquita, donde nace la callejuela de LAS FLORES, desde donde todo el mundo saca una foto de la mezquita encuadrada entre los balcones floridos.
Y bueno… hágalo también usted.
Luego, caminando siempre con un ritmo que respete su digestión, tome por la calle del Magistral González Francés, que bordea la mezquita por su lado occidental, o sea, la que corresponde a la última ampliación. Aproximadamente, frente a la primera de las puertas arranca la calle Martínez Ruker, que formando un ángulo hacia la izquierda se convierte en la calle de Santa Clara. Esta, luego de pasar por la casa de los marqueses del Carpió (S XV) desemboca a pocos metros del ARCO DEL PORTILLO (a su derecha). Este arco es de lo poco que queda de las murallas árabes que dividían la ciudad. Allí nomás se levanta la iglesia de San Francisco (1782) con fachada barroca y claustro gótico restaurado. Abre con un jardín sobre la calle de San Fernando. Ni se le ocurra sacarle fotos. De allí por la calle de Romero Barrios se llega a la PLAZA DEL POTRO, donde verán una estatua de… aunque usted no lo crea: San Rafael. Aunque, claro, más allá está la fuente adornada por un potro.

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