Turismo Isla Galapagos

Plaza Sur
La primera noche me costó conciliar el sueño. Tardé un tiempo en acostumbrarme al balanceo del barco, al ruido del generador de a bordo, que funcionó toda la noche, al resoplido de los motores, al sonido metálico de las cadenas del ancla cuando zarpamos de nuestro fondeadero a las cuatro de la madrugada, para poder llegar a la diminuta isla de Plaza Sur a la hora del desayuno.
Un desembarco seco a las siete nos permitió situarnos cerca de la primera de las numerosas colonias de leones marinos que veríamos durante los días siguientes. Había cientos de estos mamíferos (una subespecie del león marino californiano, Zalophus californianus) y esta isla, en particular, es un lugar estupendo para observar su estructura social.
Las hembras y los jóvenes yacen unos cerca de otras y las hembras amamantan a unos lindos cachorros peludos, mientras los machos dominantes se pasan todo el tiempo defendiendo su territorio. Estos enormes animales nadan en las aguas superficiales, protegiendo a los miembros más jóvenes y a su harón de hembras. Están en movimiento continuo, haciendo un ruido constante para advertir a los agresores de su presencia. «Su trabajo consiste en ladrar todo el día», explicó Mónica. Y como ese trabajo exige tanta energía y vigilancia, no disponen de tiempo para alimentarse, así que pierden gradualmente su buena forma. Es entonces cuando aparecen otros machos que les desafían para apoderarse de su territorio. Los animales no dominantes viven aislados, en una colonia de solterones, en el otro extremo de la isla. Se pasan todo el tiempo alimentándose y ejercitándose, recorriendo de un lado a otro el escarpado acantilado donde han establecido su territorio. Después de pasar así unos pocos meses, se encuentran en perfecta forma física, dispuestos para desafiar a los machos dominantes.
El acantilado de los leones marinos solterones constituye un lugar ideal para observar las aves. Las gaviotas de cola de frac (Creagnu,furcatus) y los alcatraces enmascarados (Sula áactylatra) vuelan sobre nuestras cabezas y las aves tropicales de pico rojo (Phaethon aethereus), con plumas largas y blancas en la cola anidan en el acantilado. También son prolíficas en esta isla las iguanas de tierra (Conolophuspaludas), criaturas gigantes, de aspecto un tanto siniestro, cuyos ligeros cuerpos destacan contra el sesuvium rojo (Sesuvium portulacastrum), un matorral espeso y achaparrado que cubre buena parte de la isla. Las iguanas son capaces de pasarse muchas horas e incluso días inmóviles, bajo los cactus de la especie Opuntia, a la espera de alimentarse de las carnosas paletas caídas.

Las islas galapagos

Un nuevo mundo
Poco después de que llegáramos. Alejandro, un chef excelente, nos sirvió un rico almuerzo: pescado en ajo y coriandro y patatas en una salsa blanca con bacon, seguido de una suculenta pina fresca. Levamos ancla y zarpamos con motor hacia la bahía de Las Bacilas en la costa norte de la isla Santa Cruz, a me dia horade Baltra. Las pequeñas embarcaciones utilizadas para desembarcar se llaman aqui pangas y la nuestra era un pequeño bote de madera, en concordancia con el Sulidae. Algunos de los lugares a visitar tienen pequeños embarcaderos, de modo (pie se puede desembarcar de ia panga directamente en terreno seco; en otros lugares hay que bajarse del bote en la playa y mojarse. Éste fue un desembarco pasado por agua y para los que no lo hicieron del todo bien, fue realmente muy mojado.
No tuvimos ninguna necesidad de buscar la fauna. Nos vimos rodeados inmediatamente por ella. Las fragatas (Frigale magnificens) volaban sobre nosotros, los pelícanos pardos {Pelecanus occidentalis) cruzaban la playa, deslizándose a pocos centímetros del agua y recorriendo la superficie con los picos para capturar los peces; los alcatraces de patas azules (sula nebouxii) volaban todavía más alto y luego se lanzaban a toda velocidad para cobrar su presa. Los cangrejos, de un brillante (olor rojo, extrañamente conocidos como Sally piesligeros (Grapsusgrapsus), parecían bailotear de puntillas sobre las rocas; los pálidos y translúcidos cangrejos fantasma de la familia de los ocypodíis (especie Ocypode) salían ávidamente de agujeros hechos en la arena y desaparecían de inmediato en cuanto detectaban el menor movimiento. Los lagartos lava (especie Tropidivius) se apresuraban de un lado a otro y las iguanas marinas tomaban el sol (Amblyrhynchuscristatus).
En apenas un par de horas de estancia en Santa Cruz vimos la gaviota más rara del mundo, la lava {Larusfuliginosus), los flamencos más grandes (Phoenicopterus ruber) que se alimentaban filtrando el agua mientras avanzaban por una laguna de aguas superficiales, los cactus opuntia gigantes (Opuntia echios), y bosquecillos de manglares negros cuyas hojas segregan pequeños cristales de sal, como producto de un extraordinario proceso de au-todestilación. Pudimos efectuar incluso nuestra primera inmersión en la bahía y ver rayas de la variedad Urotrygon así como otras especies marinas exóticas. Había vida por todas partes y Mónica describió los habitáis, ciclos vitales y comportamientos, la interacción de las especies, las plantas y algas características de la zona, y hasta la geología de la arena sobre la que nos encontrábamos.

Islas Galápagos

Las islas Galápagos se encuentran justo encima del ecuador, en el océano Pacífico, a mil kilómetros al oeste del Ecuador continental. El archipiélago volcánico se compone de 22 islas principales y docenas de diminutos islotes diseminados por una zona de unos 50.000 kilómetros cuadrados. Cinco de esas islas principales tienen más de 500 kilómetros cuadrados y hay dos más entre 100 y 200 kilómetros cuadrados. Casi el 85 por ciento del archipiélago es un parque nacional. Las islas están bien controladas y protegidas y hay lugares establecidos para los visitantes a los (pie únicamente se puede acceder acompañado por un guía oficial. Sólo unas pocas islas están habitadas por el hombre, y las ciudades principales son Puerto Ayora, en Sania Cruz, y Puerto Baquerizo Moreno, en San Cristóbal.
Realicé un crucero de ocho días que sigue un circuito bastante típico, visitando una serie de lugares en diez islas diferentes. Desde Quito volé, vía Guayaquil, hasta el aeropuerto principal del archipiélago, en la isla Baltra. Esta isla es de propiedad militar y cuando se llega parece pelada, calurosa e inhóspita. Salió a recibirnos Ménica, nuestra guía naturalista, y la tripulación del barco. Un corto viaje en autobús nos llevó al puerto de Baltra. Nuestra embarcación, el Sulidae, era un velero motorizado, con casco de madera y forma de un antiguo galeón, con pintura negra y dorada que le hacía parecer más un barco pirata que un yate de crucero. Ciertamente, tenía más personalidad que ninguna otra embarcación de la bahía y mis nueve compañeros de travesía y yo tuvimos inmediatamente la sensación de haber elegido correctamente.

Turismo Ecuador

Alojamiento
Existe una amplia variedad de alojamientos entre los que elegir, tanto en Otavalo como en sus alrededores. Si sólo pernocta una noche, elija un hotel o albergue en el centro. Así estará cerca del mercado y de los restaurantes. Encontrará establecimientos bastante económicos y de nivel medio.
Si quiere quedarse más tiempo, vale la pena alojarse en una de las varias haciendas que hay en un radio de pocos kilómetros de la ciudad. Esos lugares, antiguas casas de campo reconvertidas, tienen mucha personalidad y ofrecen habitaciones grandes y cómodas y en un ambiente rural. Resultan el alojamiento ideal si lo que busca es un retiro tranquilo del ajetreo de la ciudad.
Habitualmente, desde las haciendas se pueden emprender actividades como montar a caballo o dar largos paseos.

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Planificación
Se organizan visitas a los pueblos con bastante frecuencia, pero no cada día, en función del número de personas y de la disponibilidad de un guía para conducirla, pues los que hablan inglés trabajan a tiempo parcial, por su cuenta. Acuda con tiempo a Zulaytur, que se encargará de organizarle la visita. No obstante, no espere llegar y encontrar ya una visita organizada en el mismo día.
Las agencias de Quito ofrecen salidas de un día al mercado y se ocupan de organizar el transporte, al alojamiento y las excursiones.
Otavalo se encuentra en la ruta de Quito a Ibarra, por lo que es un punto ideal para detenerse si se dirige al bosque pluvial de Golondrinas o a la ruta costera de San Lorenzo, o si va hacia la frontera colombiana.

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Cuándo ir
El vasto mercado de Otavalo suele estar muy concurrido durante el fin de semana.
Los hoteles cuelgan el cartel de completo desde el viernes por la noche, por lo que es aconsejable reservar con antelación o llegar a primeras horas del día si desea alojarse en un establecimiento determinado.

Otavalo

Viaje por el interior
Otavalo es uno de los lugares más fácilmente accesibles en Ecuador. Está a 90 kilómetros al norte de Quito, la capital, junto a la carretera principal del país, la Panamericana.
Los autobuses desde Quito cuestan unos tres dólares y el viaje dura unas dos horas. Existe un servicio regular durante todo el día. También hay otras líneas que conectan Otavalo e Ibarra, así como los pueblos más alejados.
Si lo que desea es un servicio de puerta a puerta o llegar directamente desde el aeropuerto internacional do Quito, sin tener que pasar por la capital, puede tomar un taxi, que le costará unos 30 dólares. En Otavalo, los trayectos en taxi por la ciudad, a los pueblos o al alojamiento en la hacienda, son baratos. La parada central de taxis se encuentra en la plaza principal, en lo alto de la calle Sucre.

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PASEOS LOCALES
La zona situada en los alrededores de Otavalo es magnífica para recorrerla a pie. Si dispone de tiempo, puede caminar hasta los pueblos, en lugar de ir en una visita organizada. Peguche está a menos de tres kilómetros al norte de
Otavalo. Es el pueblo más cercano a la ciudad y se llega paseando en menos de una hora. De Peguche a Human hay tres kilómetros y medio y San Roque está a otros dos kilómetros. De Peguche a Agato hay tres kilómetros. Encontrará una cascada a dos kilómetros al sur de
Peguche.

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Tejer para la élite
Había leído algo sobre Agato, un pequeño pueblo al este de Peguche, y tenía ganas de visitarlo. Uno de sus habitantes es el famoso Miguel Andrango, reverenciado como maestro tejedor. Destaca sobre todo porque es uno de los últimos artesanos que todavía utilizan el telar de correa trasera, originario de los Andes, anterior al bastidor de madera. El telar de correa trasera consiste en una serie de barras y correas sujetos a un poste y mantenidos tensos por una correa que el tejedor se pasa por la espalda. Tejer con este telar resulta un trabajo muy lento y tedioso, pero los resultados son de una calidad extremadamente exquisita. Andrango sólo utiliza tintes naturales. Su trabajo ha sido reconocido internacionalmente y sus obras se muestran la mayoría de los años en la exposición de arte folklórico que organiza el Instituto Smithsoniano. en Washington. Ha utilizado su lama y riqueza para crear una cooperativa y una escuela donde se enseña a tejer con el telar de correa trasera y para construir una sala de exposición junto a su casa, donde pueden adquirirse algunas de sus piezas. Naturalmente, se tiene que emplear mucho tiempo para producir esas obras de artesanía, por lo que son considerablemente más caras que otros tejidos hechos localmente.
Si es usted un verdadero entusiasta de los tejidos exquisitos, le resultará imposible pasar por Otavalo sin visitar la sala de exposición de Andrango, sobre lodo si tiene la intención de comprar las mejores piezas. Si, además, desea descubrir cómo son las vidas y tradiciones de los otavaleños, ser recibido en sus hogares, observar su sencillo estilo de vida y ver cómo trabajan docenas de artesanos diferentes, lo mejor que puede hacer es evitar Agato y confiar en personas como Rodrigo Mora para que le acompañe a ver estos maravillosos pueblos.

Agato

Una visita privada
Aún había cosas que yo deseaba ver en los pueblos indios, de modo que al día siguiente emprendí la marcha con Rodrigo Mora, el propietario de Zulaytur, un verdadero experto en cultura y antropología locales y con un profundo deseo de mantener las tradiciones de los pueblos indios. Considera el turismo como una forma de captar el interés por la producción manual de artículos locales y ve la mecanización como una amenaza para las tradiciones culturales. Su entusiasmo por este tema es abrumador, aunque me resultó difícil seguir el hilo de su torrente de un fluido español.
Al cruzar por el pueblo de Peguche, repentinamente, Rodrigo detuvo el microbús con un fuerte chirrido. Había detectado a dos mujeres que enrollaban kilómetros de hilo de algodón en el campo de juego, situado en el centro del pueblo. Rodrigo se quedó extasiado pues estaba convencido de que las máquinas de alta velocidad habían desplazado en este pueblo a todas las habilidades manuales. Una de las mujeres nos mostró el telar que usaba y nos explicó que tejía trenza destinada a Colombia, con la que se hacían las correas cruzadas para las sandalias. Un poco más adelante, en un pueblo llamado La Compañía, Rodrigo me llevó a una casa donde una mujer bordaba un dibujo decorativo en un panel de algodón blanco. La labor se utilizaría como parte de una blusa.
Más tarde, me mostró lo que ocurría en los límites de los pueblos, fuera de los talleres. Había mujeres en el río dedicadas a lavar lana y tenderla a secar en las orillas, y campesinos ocupados en arar los cultivos a mano. Plantaban maíz y varios tipos diferentes de fríjoles en el mismo campo. Me mostró todo lo que quise ver y muchísimo más de lo que habría visto sin un guía. Finalmente, a petición mía, me llevó a Agato.

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