ALOJAMIENTO EN MOHONK MOUNTAIN HOUSE

MOHONK MOUNTAIN HOUSE
En la región de New Paltz este hotel de estilo Victoriano muestra otra cara de Nueva York. A los pies de las montañas Shawan-gunk y en medio de una zona boscosa se encuentra esta construcción que en sus inicios (1869) fue una casa y ahora es un exclusivo hotel que cuenta con 261 habitaciones. En sus instalaciones puedes jugar golf, tenis, nado en el lago, pesca y escalada en roca; en invierno se presenta la oportunidad de esquiar en los alrededores. Por sus servicios es ideal para vacaciones en familia, ya que ofrece 15 programas de recreación para adultos y niños. La tarifa de hospedaje incluye tres alimentos diarios y todas las actividades que quieras practicar.

Washington

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Bien. Cargue su paquete, consígase un tren a Manhattan y regrese al hotel. En el camino se podrá preguntar por qué, contrariando las leyes de la física, su paquete pesa cada vez más.
Si la reserva que usted dejó de reconfirmar coincide con el comienzo de la”Feria de Sevilla” o la de”Frankfurt“,”Düseldorf “, etc. etc., probablemente en lugar de un día libre, tenga varias jomadas libres a su disposición. En ese caso le sugiero una visita a Washington (6 horas de ómnibus de ida y otro tanto de regreso, de manera que habrá que pernoctar allí)- Washington es una ciudad que se caracteriza por tener todos los monumentos visitables en un área relativamente reducida, de manera que todo el mundo lo recorre a pie. Por otra parte, las perspectivas monumentales ayudan a que usted se ubique enseguida con respecto a la Casa Blanca, el Monumento a Lincoln, los distintos museos, etc. etc.
Otra opción accesible a partir de New York, son las Cataratas del Niágara que, aunque carecen de la belleza agreste de las del Iguazú, no dejan de ser un espectáculo apasionante.

Conney Island

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El sol entra a raudales por la ventana (lo cual es -naturalmente- una figura poética porque en Manhattan sólo en un piso50entrael sol, y aún allí tímidamente) y la temperatura es ideal, así que salte de la cama y …
¿Como?
Ya sé que es su día libre. ¿Y con eso qué?. Día libre, ¿significa para usted quedarse 24 horas contemplando las sábanas? ¿Ah? ¿Significa hacer lo que se le ocurra?
Usted me hace gracia aferrándose a su día libre como si estos últimos tres días los hubiese pasado en una celda de máxima seguridad en la penitenciaría de SingSing. Pero bueno, tiene razón, haga lo que se le ocurra.
Como simple curiosidad…¿qué es loque se le ocurre?
—  Visitar museos… de repente alguna sala del Metropolitan que no pude ver ron detenimiento, me dirá usted.
Lo felicito. Realmente lo había subestimado. Pero… permítame que le diga que el Metropolitan está hacia el otro lado… sospecho que hacia donde usted se dirige con tanto entusiasmo son las tiendas Macy’s.
— Un pequeño desvío para comprar algún recuerdito para la familia…
Claro, claro… un pequeño recuerdito habrá de acompañarlo a lo largo del resto de su viaje. Bien. ¿Qué compró finalmente?
¿Un juego de cocina de madera maciza para colgar en la pared, conteniendo: una tabla, palode amasar, maza, cuchara, tenedor, etc. etc. (todo importado de Taiwan) por la irrisoria suma de U$S 2.95?
¡Lo felicito! Qué pena que esté confeccionado de esa madera china que pesa como el plomo. O sea, sin tener en cuenta la hernia de disco que le producirá arrastrar ese engendro por Europa, probablemente deba pagar sobrepeso en el avión, lo cual elevará el costo del recuerdito a U$S 94.45. En fin. Descontando que no pensará caminar esas escasas 30 cuadras hasta el Metropolitan arrastrando ese mausoleo de madera, le sugiero que se tome el metro y pase el resto de la jornada en CONNEYISLAND.
— ¿ Dónde queda la estación del Metro?
Bueno, es su día libre, así que aproveche para comunicarse con el mundo sin mi ayuda. Busque un transeúnte con aspecto de no ser turista y pregúntele:
— ¿ Where is the subway to Conney Island?
Luego busque otra persona de idénticas características y repítale la pregunta porque usted -probablemente- no habrá comprendido la explicación.
CONNEY ISLAND se ubica en el extremo Sur de Brooklyn, donde reside gran parte de la colonia judía de New York de modo que, cuando el Metro emerjade las profundidades, usted podrá apreciar esa área mucho más extensa (aunque menos densa) que Manhattan. El tren pasará por algunos curiosos barrios conformados por casitas prefabricadas todas exactamente iguales entre sí, para llegar finalmente al Parque de Diversiones de Conney Island. Aunque en su juventud usted haya disfrutado de la “Montaña Rusa”, recuerde que su Tarjeta de Asistencia Médica no incluye operaciones a corazón abierto, así que absténgase de montar en los diversos instrumentos de tortura que pueblan el lugar. Saliendo del Parque camine hasta la popular playa de Conney Island. Si en el liceo usted no había entendido a Malthus y a todo aquello del crecimiento de la población mundial en progresión geométrica, apenas llegue a la playa lo va a comprender. Más que nada si su día libre coincide con el domingo.
Si usted no hubiese intentado engañarme con sus presuntos planes culturales, yo le habría aconsejado que se pusiera un traje de baño debajo del pantalón. Así que no se queje si ahora tiene que contemplar -sudoroso- a las multitudes de bañistas que se refrescan entre las olas.

Central Park

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Chorreando cultura, salga a la Quinta Avenida de nuevo y siga al Norte hasta la calle 89 para visitar al MUSEO GUGGENHEIM La colección permanente del Museo es para iniciados del Arte Moderno, pero el espacio interior y la rampa ideada por Frank Lloyd Wright valen la visita. De todos modos ocasionalmente hay exhibiciones itinerantes interesantes. Ahora huya del museo y agregue otro galardón a su historial de turista intrépido con una hojita que haya recogido al atravesar el Central Park o (si no se anima) luego de recoger la hojita sobre la Avenida (total nadie se va a enterar) tómese un ómnibus.
El Central Park es un enorme y hermoso parque con lagos, paseos, un zoológico, un pequeño teatro (donde ocasionalmente se hacen representaciones gratis) etc. Recabar datos en el Lincoln Center sobre horarios, etc. etc.
Por el lado Oeste corre Park avenue con edificios igualmente lujosos, así que regrese haciael Sur bordeando el Parque (son apenas 30 cuadras). A la altura de la calle 79 se ubica el Museo de Historia Natural ¿Qué quiere que le diga? Si está con ánimo, visítelo. Si no, siga unos pasos hasta el edificio donde Polansky filmó el Bebé de Rosemary y donde fue asesinado John Lennon. Si tiene suerte se puede cruzar con Yoko Ono quien sigue viviendo allí.
Ahora vuelva al hotel (no coma nada porque en el avión le van aservirunasuculentacena), haga las valijas, no seolvide del cepillo de dientes y abra cada uno de los cajones para no dejar nada adentro. Como premio a su obediencia le será permitido tomar un taxi hasta la terminal de autobuses, de donde cada media hora sale un autobús con destino al Aeropuerto Kennedy. ¡Buen Viaje!

Museo metropolitano

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¡Las 9 de la mañana! ¡De una hermosa mañana y usted aún en la cama!
¿Qué es lo que le pasa ahora? ¿Las pantorrillas, eh? ¿O sea que, a pesar de mi consejo contrario, usted por puro instinto gregario siguió a todos esos turistas que (sin el beneficio de esta guía) se empecinaron en subir los interminables no-sé-cuántos escalones que adornan por dentro la Estatua de la Libertad?
Bueno. No es para tanto tampoco. Tómelo como un ejercicio preparatorio para su viaje por Europa cuando no pasará día sin que deba escalar algún campanario, torre o monumento (justificadamente, claro).
¿Que no pudo dormir? ¿Se desveló? Y bueno, supongo que la mayoría de los que escalan la Estatua de la Libertad, tienen por la noche igual pesadilla: la de sentir deseos de ir a un baño en medio de la ascensión, con cientos de miles de turistas subiendo la misma angosta escalera, encima de usted, y otros tantos por debajo. Pero los sueños son solo sueños. Espero.
En fin. Teniendo en cuenta su calamitoso estado físico le tengo preparada una jornada realmente tranquila, así que tome su desayuno y luego vuelva a su habitación para lavarse los dientes. Ese hábito de higiene que sin embargo hace perder preciosos minutos, es aconsejable al menos una vez cada tanto en beneficio de sus dientes. Bien, siendo las 9 y media, vista su ropa de fajina y salga a disfrutar de la vida.
Diríjase al norte por la avenida que más le plazca.
Si. Puede ser porla Quinta Avenida, pero el turista inquieto al que está destinada esta guía puede desear conocer alguna otra avenida también ¿no es cierto? Llegado a la calle 59 (otra vieja conocida) remonte hasta la Quinta y bordee el Central Park aspirando profundamente el aire puro.
Siga caminando, mirando los lujosos edificios a su derecha o los frondosos árboles a su izquierda hasta la calle 82 donde se encuentra el METROPOLITAN MUSEUM OF ARTS. Recórralo, lo que es como decir “suba al Everest “porque es un Museo enorme lleno de obras importantes. De todos modos hay que intentarlo. Al menos para darse cuenta que caminar por un museo puede ser mucho más cansador que caminar por las calles. Se va a topar con viejos conocidos (La vista de Toledo de El Greco, algunas bailarinas de Degas, varios autorretratos de Rembrandt, unos espléndidos Flamencos, etc. etc.).
La colección de arte egipcio está (por supuesto) en un templo egipcio comprado y reconstruido piedra por piedra dentro del Museo. Felizmente la baja en el valor adquisitivo del dólar evitó que trasladaran al Metropolitan, la Torre de Pisa o el Alhambra. Coma algo en la cafetería del Museo.

Torres gemelas

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Entonces vuelva al muellecito y tómese el vapor de regreso a Manhattan. Una vez en Battery Park atraviese de nuevo el sector de Wall Street pero esta vez hacia el Oeste. Si está tan mareado que no se acuerda cuál es el oeste, busque la silueta de las Torres Gemelas (el edificio más elevado de Manhattan) que es donde deberá dirigir sus pasos.
Llegado a la TWIN TOWERS (o World Trade Center, que es su verdadero nombre) suba hasta la terraza de observación. La vista es increíble y como casualmente está anocheciendo quédese allí para ver como se van encendiendo las luces de laciudad. Ya seque hizo lo mismo en el edificio Chrysler ¿y qué?
Ahora descienda dé las Torres y termine su jomada con ¡un viaje por metro desde la próxima estación hasta su hotel! Este acto será un verdadero desafío para todos aquellos que le aconsejaron que nunca, nunca se le ocurriera subirse a un metro, y menos aún de noche. Guarde el ticket del metro y póngalo en la pared junto a la cabeza del león que cazó en África.
La verdad es que yo hice ese mismo viaje y no noté absolutamente nada fuera de lo normal. Fue un viaje pacífico en medio de la misma gente que había estado viendo por las calles. Nada de lo que uno suele ver en la televisión, pero…
Llegado a su hotel quédese mirando “Aventuras en el paraíso” o camine hasta Broadway y mire pasar la gente o yo qué sé.

Estatua de la libertad

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El ómnibus pasará también por un pequeño enclave finlandés pegado a Harlem y una especie de barrio satélite de Little Italy, para llegar finalmente a WASHINGTON HEIGHTS. Como ya no llueve usted podrá disfrutar del parque que rodea al claustro y de la vista del George Washington Bridge que une Manhattan con New Jersey (donde, entre paréntesis, se radican los uruguayos, en Elizabeth, porejemplo). Tras visitar el Museo rápidamente y comer un sandwich, porque la cultura da hambre, habrá que tomar otro ómnibus, que a lo largo de todo Manhattan lo transportará al Sector Financiero de WALL STREET. En un recorrido étnico, pasará por la colonia húngara de la calle 48, los armenios de la 30, los sirios de Washington Street (en elVillage) LittleItaly, Chinatown y finalmente los griegos cerca de Battery Park.
Bien. Luego de tanto estar sentado, sin duda estará deseando caminar un
poco, así que recorra el sector financiero al azar (Broad Street, Wall Street, la Bolsa,etc). Descienda por Wall Street hasta el muelle (sobre el EastRiver) y camine en dirección al puente de Brooklyn a través de SOUTH STREET SEAPORT, una zona de moda, con comercios, galerías y restaurantes. Como usted ya almorzó su sandwich, absténgase de entrar y regrese nuevamente por el muelle hasta Battery Park desde donde salen los vapores hacia la ESTATUA DE LA LIBERTAD.
También hay unos vapores que hacen unaespeciede pequeño crucero alrededor de Manhattan pero demoran unas cuantas horas (y usted naturalmente, no tiene tiempo) y por otra parte la vista más hermosa coincida con la que usted va a disfrutar cuando cruce en el económico vapor que lo va a llevar a la Estatua. Así que: nada de cruceros. La perspectiva de Manhattan vista desde el vapor es alucinante de verdad. Por ahí alguien le señalará el edificio donde los bisabuelos de los actuales oficiales de inmigración manoseaban a los bisabuelos de los millonarios con los que usted se codeó por Wall Street.
-Kennedy ¿comprende?… Kennedy carne here… Poor…pobre…now millonario…mucho dólar…from Irlanda…
Porque así como los europeos fantasean con duques y marqueses aunque tengan la hoz y el martillo tatuados sobre el pecho, los americanos idolatran a los millonarios que se hicieron de la nada.
Bien. Ahora usted llegó a la isla, dé una vuelta alrededor de la estatua, mire nuevamente Manhattan, cómase otro sandwich y absténgase de subir las interminables escaleras que recorren las viseras de la dama en cuestión, porque la vista desde arriba es la misma que desde abajo, pero peor.

Washington Heights

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Como la lluvia persiste aún, será mejor que se tome un autobús enlaja. Avenida con destino a Washington Heights, en el extremo norte de la Isla de Manhattan. Allí se eleva “THE CLOISTERS“, un conjunto medieval que en la época de los dólares fuertes, los yanquis compraron en España y transportaron hasta allí piedra por piedra. Luego lo refritaron para que sirviera de anexo para la exhibición de los tesoros de arte medieval del Museo Metropolitano. Olvidando lo absurdo del hecho (en definitiva menos grave que lo que hicieron los ingleses desarmando el Partenón para exhibirlo en el British Museum, sin molestarse siguiera en pagar), se puede disfrutar de una interesante colección ubicada en un entorno sugestivo donde suena el canto gregoriano de fondo musical.
Por otra parte el viaje hasta Washington Heights tiene la particularidad de permitir una especie de recorrido socioeconómico de los habitantes new yorquinos. En el primer tramo, el autobús pasa por los edificios donde los ricos y famosos atisban el Central Park desde sus suntuosos departamentos. Un poco más adelante, usted notará por la avenida la presencia cada vez más frecuente de gente de color (negro). Un poco después, llegando a la calle 125, los transeúntes son casi exclusivamente negros: usted estará atravesando HARLEM, naturalmente. Curiosamente (aparte de los porteros uniformados y los toldos prolongando la entrada) las fachadas de los edificios no reflejan la diferencia económica probablemente abismal entre los millonarios que los habitan a la alturade la calle 60 y los negros dé la 125. La explicación está en que, hace años ya, los edificios de Harlem estaban ocupados también por prósperos blancos. O tal vez blancos, pero no tan prósperos porque aparentemente uno de ellos en una decisión histórica vendió su departamento a un negro. Si era un abanderado de los derechos civiles, un arruinado por el juego, o un resentido contra sus vecinos, eso no lo registra la historia. Pero el hecho es que dicha decisión provocó la estampida de sus vecinosque huyeron del edificio, debiendo alquilar o vender sus departamento a mucho menor precio. Un precio que resultó accesible a más familias negras que vinieron a habitar el edificio. En los edificios contiguos cundió el pánico y fueron rápidamente abandonados y con la misma celeridad ocupados por más negros. Este proceso decolonización a la inversa sólo se inteinimpió gracias a un tapón de inmigrantes portorriqueños (igualmente indeseables desde el punto de vista social pero más aceptables cromáticamente hablando)que se habían instalado a la altura de lacalle 110. Eso lo notará usted cuando su ómnibus pase por esa zona, donde todos los carteles están en español y casi todo el mundo habla un simpático español donde las “r” se reemplazan por “l” (yo me llamo Felnando Felnandez, le dirán, por ejemplo).

Museo

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¡Las 8 y 30 y usted aún pegado a las sábanas!?
Sí. Claro que sé que está lloviznando, lo que no me sorprende para nada. Y tampoco debería sorprenderlo a usted. Al menos si se hubiese tomado la molestia de leer al final del libro las particularidades del clima en cada lugar bajo el título de “Cuándo viajar“.
¿Y qué? ¿Se va a dejar amilanar por una inocente lluviecita?
¿Se le van a estropear los zapatos? ¿Escuché bien? ¿Dijo… “zapatos”? ¿O sea que tampoco leyó las “Indicaciones para la vestimenta” que hemos escrito en su beneficio, en donde le recomendamos prescindirde los zapatos y viajar con un par de cómodos championes?
De todos modos no se asuste. Gracias a la lluvia hoy le espera una jornada sumamente descansada de modo que ni usted ni sus zapatos sufran deterioro alguno. En cuanto a ese dolorcito que siente en las piernas, seguramente es consecuen-cia del descanso, así que apenas comience a caminar y a calentar los músculos se le va a pasar. Por lo tanto abra los ojos con optimismo, tome su desayuno y salga a la calle pletórico de entusiasmo.
¿Ampollas en los pies? Unas ampollitas, querrá decir. Y bueno, con gajes del oficio de turista. Póngales unas curitas y… ¿o me va a decir que no trajo curitas? ¿O sea que tampoco leyó “Lo que no debe faltar en su equipaje”? Usted me desilusiona, mi amigo. Bueno, pero de todos modos el problema no es grave, así que vaya a cualquier Drug Store y pida una caja de 100 curitas (las va a necesitar) que se expenden bajo el nombre de “Aid Bands“.
Bien. Una vez en lacalle. provisto de su paraguas plegable, tomará por la Quinta Ave. y se dirigirá al Norte (espero que a esta altura usted conozca a New York como la palma de la mano, así que basta de “doblar a la izquierda u otras indicaciones infantiles por el estilo”).
A unas pocas cuadras sobre la calle 53 (entre la Quinta y la Sexta Av.) se encuentra el MUSEO DE ARTE MODERNO. Recórralo mientras termina de despabilarse. Eso, siempre y cuando la mañana lluviosa no coincida  con el día en que dicho Museo permanece cerrado, cosa que usted notará enseguida al llegar, porque doy por descontado que no se molestó en leer en “Indicaciones útiles” cuando y a qué hora abren los museos de New York. El Museo de Arte Moderno tiene una colección realmente importante, y aunque usted no sea un fanático del arte moderno, igual va a disfrutar encontrarse cara a cara con algunas obras famosas (por ejemplo las venerables Señoritas de A vignon de Picasso, que resultaron ser unas damas de malas costumbres) etc. etc. El gran ausente es el Guernica que regresó, democracia mediante, a Madrid.

China town – Little Italy

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Antes de caer desfallecido sobre un banco, compre algo para comer en una de las cafeterías estudiantiles de la zona, y luego sí, siéntese en uno de los bancos de la Plaza y disfrute del ambiente de paz y tranquilidad que se respira allí.
Disfrutar del ambiente de paz no significa yacer como un cadáver sobre un banco, así que ¡arriba! que aún falta recorrer el barrio italiano y el barrio chino. Teniendo frente a usted el Washington Arch tome hacia la derecha hasta la calle Bowery que viene a continuar Broadway. Esta calle algo deprimente se caracteriza por la gran cantidad de borrachos que la bordean, sólo Dios sabe por qué, ya que lugares para tomar bebidas alcohólicas hay por toda la ciudad. Si usted no es aficionado a observar los borrachos, tome por cualquier otra calle y en último extremo, tómese un autobús hasta “LITTLE ITALY“. Una vez allí recorra al azar la zona poblada -casi exclusivamente- por italianos. Si usted no fuese tan débil y no se hubiese lleñado de sandwiches en Washington Square, ahora podría disfrutar de una buena comida italiana en cualquiera de los simpáticos restaurantes de la zona. A lo sumo podrá tomar un café de verdad en el Café Ferrara donde se suele reunir lagente de la Maffia según se dice. Por lo cual seguramente no es cierto pero con un pocode imaginación usted se sentirá en plena Cosa Nostra.
Canal Street divide Little Italy de CHINA TOWN, así que acruzar dicha calle internarse en el barrio Chino. En realidad China town no tiene nada de extraordinario excepto que todo el mundo es chino y que los carteles están escritos en chino. También está lleno de excelentes restaurantes (de comida china por supuesto). Pero ni sueñe en almorzar dos veces y en cuanto a cenar es algo temprano.
Luego de arrastrar sus compras de Macys por el Barrio Chino, me siento tentado de enviarlo a Wall Street (realmente cerca de allí) para que camine por el sector financiero.
Pero viendo su aspecto deplorable creo que será mejor dejarlo regresar al hotel para que descanse un ratito antes de salir para ver el espectáculo para el que compró su billete por la mañana. Un dinero tristemente malgastado considerando que usted se va a pasar toda la función roncando…
Hasta mañana.

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