Washington

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Bien. Cargue su paquete, consígase un tren a Manhattan y regrese al hotel. En el camino se podrá preguntar por qué, contrariando las leyes de la física, su paquete pesa cada vez más.
Si la reserva que usted dejó de reconfirmar coincide con el comienzo de la”Feria de Sevilla” o la de”Frankfurt“,”Düseldorf “, etc. etc., probablemente en lugar de un día libre, tenga varias jomadas libres a su disposición. En ese caso le sugiero una visita a Washington (6 horas de ómnibus de ida y otro tanto de regreso, de manera que habrá que pernoctar allí)- Washington es una ciudad que se caracteriza por tener todos los monumentos visitables en un área relativamente reducida, de manera que todo el mundo lo recorre a pie. Por otra parte, las perspectivas monumentales ayudan a que usted se ubique enseguida con respecto a la Casa Blanca, el Monumento a Lincoln, los distintos museos, etc. etc.
Otra opción accesible a partir de New York, son las Cataratas del Niágara que, aunque carecen de la belleza agreste de las del Iguazú, no dejan de ser un espectáculo apasionante.

Conney Island

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El sol entra a raudales por la ventana (lo cual es -naturalmente- una figura poética porque en Manhattan sólo en un piso50entrael sol, y aún allí tímidamente) y la temperatura es ideal, así que salte de la cama y …
¿Como?
Ya sé que es su día libre. ¿Y con eso qué?. Día libre, ¿significa para usted quedarse 24 horas contemplando las sábanas? ¿Ah? ¿Significa hacer lo que se le ocurra?
Usted me hace gracia aferrándose a su día libre como si estos últimos tres días los hubiese pasado en una celda de máxima seguridad en la penitenciaría de SingSing. Pero bueno, tiene razón, haga lo que se le ocurra.
Como simple curiosidad…¿qué es loque se le ocurre?
—  Visitar museos… de repente alguna sala del Metropolitan que no pude ver ron detenimiento, me dirá usted.
Lo felicito. Realmente lo había subestimado. Pero… permítame que le diga que el Metropolitan está hacia el otro lado… sospecho que hacia donde usted se dirige con tanto entusiasmo son las tiendas Macy’s.
— Un pequeño desvío para comprar algún recuerdito para la familia…
Claro, claro… un pequeño recuerdito habrá de acompañarlo a lo largo del resto de su viaje. Bien. ¿Qué compró finalmente?
¿Un juego de cocina de madera maciza para colgar en la pared, conteniendo: una tabla, palode amasar, maza, cuchara, tenedor, etc. etc. (todo importado de Taiwan) por la irrisoria suma de U$S 2.95?
¡Lo felicito! Qué pena que esté confeccionado de esa madera china que pesa como el plomo. O sea, sin tener en cuenta la hernia de disco que le producirá arrastrar ese engendro por Europa, probablemente deba pagar sobrepeso en el avión, lo cual elevará el costo del recuerdito a U$S 94.45. En fin. Descontando que no pensará caminar esas escasas 30 cuadras hasta el Metropolitan arrastrando ese mausoleo de madera, le sugiero que se tome el metro y pase el resto de la jornada en CONNEYISLAND.
— ¿ Dónde queda la estación del Metro?
Bueno, es su día libre, así que aproveche para comunicarse con el mundo sin mi ayuda. Busque un transeúnte con aspecto de no ser turista y pregúntele:
— ¿ Where is the subway to Conney Island?
Luego busque otra persona de idénticas características y repítale la pregunta porque usted -probablemente- no habrá comprendido la explicación.
CONNEY ISLAND se ubica en el extremo Sur de Brooklyn, donde reside gran parte de la colonia judía de New York de modo que, cuando el Metro emerjade las profundidades, usted podrá apreciar esa área mucho más extensa (aunque menos densa) que Manhattan. El tren pasará por algunos curiosos barrios conformados por casitas prefabricadas todas exactamente iguales entre sí, para llegar finalmente al Parque de Diversiones de Conney Island. Aunque en su juventud usted haya disfrutado de la “Montaña Rusa”, recuerde que su Tarjeta de Asistencia Médica no incluye operaciones a corazón abierto, así que absténgase de montar en los diversos instrumentos de tortura que pueblan el lugar. Saliendo del Parque camine hasta la popular playa de Conney Island. Si en el liceo usted no había entendido a Malthus y a todo aquello del crecimiento de la población mundial en progresión geométrica, apenas llegue a la playa lo va a comprender. Más que nada si su día libre coincide con el domingo.
Si usted no hubiese intentado engañarme con sus presuntos planes culturales, yo le habría aconsejado que se pusiera un traje de baño debajo del pantalón. Así que no se queje si ahora tiene que contemplar -sudoroso- a las multitudes de bañistas que se refrescan entre las olas.