Times Square
Bueno ¡arriba! Le sugerimos un pequeño descanso no que se instalara de por vida en el Marriott. Una vez en Times Square de nuevo, tomará por la calle 42 hacia el Oeste, recorriendo la algo deteriorada calle del pecado, que supo florecer en las épocas anteriores al video, luego del lejano destape norteamericano. Aún bostezan por allí los Peep Shows, Porno Shops y Cine-porno que ahora ya se encuentran en cualquierciudad del mundo excepto el Vaticano. Regrese por la 42 (por la otra vereda, claro) nuevamente hasta Times Square y doble a la derecha por la 7a. Avenida. Camine por ella hasta la calle 33 y se topará con la Pennsylvania Station y el Madison Square Garden de interés exclusivamente para los fanáticos del boxeo. Retrocediendo una cuadra hasta la cal le 34 y otra al Este (hasta la 6a. Avenida) se hallará frente a Macys, la tienda mastodóntica donde se puede comprar desde una aguja hasta un yate. Aunque le aconsejemos que no entre, usted va a entrar, y por más que le digamos que no compre nada, usted se va a precipitar al piso donde se exhiben las ofertas (ocasionalmente muy baratas), así que no sequeje si el resto de lajornada ladebe cumplir arrastrando un elefantiásico paquete.
Viaje Nueva york
Emerja del Waldorf y disfrute de la mirada codiciosa de los turistas que no poseen esta guía y tal vez lo confundan con algún famoso que se aloja en dicho hotel. Luego tome por Park Avenue hacia la derecha hasta llegara lacalle 59. Allí notará que hacia la derecha la 59 se continúa en el Queens boro Bridge que une Manhattan con Queens pasando por encima de la pequeña Isla Roosevelt (un paraíso donde prácticamente no hay automóviles por la dificultad en llegar a ella). De todos modos usted deberá torcer a la izquierda por la calle 59, bordeando el CENTRAL PARK (una de las zonas más exclusivas de la ciudad) para llegar hasta el Columbus Circle. El turista atlético podrá recorrer las seis cuadras que lo separan del East River, asomarse por el puente y observar Roosevelt Island, regresando luego al punto de partida, caminando otras seis cuadras. Sospechamos que usted no pertenece a esta categoría de modo que lo encontraremos esperándonos pacientemente en Columbus Circle.
De Columbus Circle tomará hacia la derecha por Broadway hasta la calle 64 donde se eleva el LINCOLN CENTER que
habrá que recorrer. Este centro cultural incluye entre otras salas al famoso Metropolitan Opera House. Vea las dos notables obras de Chagal I que decoran el vestíbulo. Claro que el verdadero espectáculo es verlo todo iluminado por la noche cuando hav función, ñero como usted probablemente decidió comprarse una entrada para “Cats” o “‘Les miserables“, se lo va a perder.
Ahora deberá regresar sintiéndose justamente culpable por su frivolidad, a lo largo de Broadway hasta la calle 42. En la confluencia de ambas se halla TIMES SQUARE, uno de los puntos más transitados del mundo. Como se sabe en New York hay más judíos que en Israel, más irlandeses que en toda Irlanda, más italianos que en la mayoríade las ciudades italianas y probablemente más punguistas también, así que tenga cuidado. Frente a usted se eleva la torre del Marriott. Si quiere estimular su complejo de inferioridad y sentirse verdaderamente una hormiga, entre en el lobby que tiene la altura de todo el edificio. Aunque las escasas cuadras recorridas no lo justifican, se le permitirá un descanso en la cafetería del Octavo Piso, desde donde podrá disfrutar de una hermosa vista, tomando un refresco o un café aguado.
Guia de Nueva york
¡Buen día! Son las 8 de la mañana, el día está espléndido, asíque no hay excusa posible paraquedarse remoloneando en la cama. Además, a esta hora, los baños colectivos del YMCA aún están vacíos, así que se podrá sentir un verdadero Onassis en medio de tantas duchas para usted solo. Afeitado y vestido puede desayunaren la cafetería del hotel y podrá salir corriendo a la conquista de New York sin tener que perder el tiempo en regresar a su habitación.
Para ayudarle a recuperar su auto-estima, tal vez algo deteriorada por causa del baño colectivo, esta vez iniciaremos el recorrido en el exclusivo “Waldorf Asteria Hotel“, ubicado en Park Avenue entre las calles 49 y 50, a pocos pasos de su alojamiento. ¿Quién le dice que -en el suntuoso lobby del hotel-se encuentre con algún personaje del jet set? Mientras observa, con envidia, a los opulentos huéspedes del Waldorf, tendrá tiempo para decidir a donde ir luego de haber cumplido reí igiosamente con el cómodo recorrido que se le ha preparado para su segunda jomada en New York.
Es bueno que tome tal decisión, precisamente en este momento, por dos razones.
Primero, porque si lo deja para luego, me temo que en la disyuntiva entre sus pies y su espíritu, opte por sus pies. O sea que -al terminar su jornada- sumerja sus atormentadas extremidades inferiores en agua salada y en lugar de salir póngase a mirar televisión, gracias a lo cual podrá descubrir dos cosas: Una, que el curso “Aprenda inglés en 18 lecciones” es una reverenda porquería. Dos, que también en los Estados Unidos siguen pasando programas repetidos (por ejemplo: el prehistórico “Aventuras en el Paraíso”). La segunda razón, por la que le urgimos a tomar una decisión es que precisamente en el Waldorf Asteria hay un Ticket Box (¡Vamos! Dieciocho lecciones tienen que haberle servido de algo), dónde se pueden adquirirentradas para una cantidad de espectáculos supuestamente agotados desde hace meses.
Quisiéramos ayudarlo pero lamentablemente debemos dejarlo desamparado pues hasta el turista más típico se vuelve atípico en sus preferencias noctámbulas. Mientras unos se dejarían cortar el brazo para poder escuchar a KiriTi Kenawa en el Metropolitan, otros preferirían dejarse meter agujas bajo las uñas antes que soportar una ópera. En fin. Haga como le parezca: las opciones son infinitas y,ocasionalmente (muy, muy ocasionalmente) incluyen algún espectáculo gratis.
En Nueva York
Ahora, doblando hacia la izquierda en forma perpendicular a la 5a Ave., se recorrerá la calle 34 en dirección a East River. Se cruzan Madison Ave., Park Ave. (si no se cruzan es porque usted agarró hacia la derecha en lugar de la izquierda), y luego de recorrer unas siete cuadras se llega a la ESTACIÓN DE HELICÓPTEROS en East River y la 34. Hay varios tours (3,5 o 10 minutos). No se enloquezca y contrate el de 5 minutos porque es su primer día de viaje y el dinero no crece en los árboles. El espectáculo de New York en helicóptero es indescriptible y aunque no es un paseo barato, vale la pena cualquier sacrificio hacerlo.
Una vez aligerado de unos 40 dólares, tomará por la 1 st. Ave a la derecha para dirigirse al edificio de la NACIONES UNIDAS, que se encuentra entre las calles 42 y 47. Entre y métase en una visita guiada (en español).
Terminada la visita usted se dará cuenta (o no) de que está a escasas cinco cuadras de su hotel, pero no se ilusione: la tarde es joven aún. Así que regrese hasta la calle 42 y camine por ella en la única dirección posible (en la otra está el agua) hasta la 3a Ave. Allí se eleva el edificio “CHRYSLER“. Habrá que visitar el lobby “art-decó” y, en caso de que anochezca, subir a la torre para ver cómo se encienden las luces de la ciudad. Por lo demás, la vista es parecida a la que se disfruta del Empire State. Salga del Chrysler y -cruzando la Av. Lexington- se topará con el edificio de la Pan-Am y la GRAND CENTRAL STATION. Entre en la Estación y recupere el aliento mirando al mundo de gente que hormiguea por el lugar. Ahora se le permitirá arrastrarse hasta su hotel (que -presumiblemente- está sólo a unas 8 cuadras de la Estación). Felices sueños. A menos que quiera ir a algún lado por la noche. En ese caso, si usted es un turista esquemático, puede dirigirse al boliche donde toca el saxo Woody Allen, a un par de cuadras de su hotel. Es un lugar carísimo y siempre está lleno. Pero no. Usted es un hombre de suerte. Entró y consiguió mesa enseguida. ¿Porqué será? Seguramente porque esta noche -Woody Allen- está resfriado y no va a aparecer. Así que pague, con dolor, su suculenta cuenta y vayase a dormir en paz.
Empire state
A esta altura es doloroso pero inevitable informarle que cada número significa una calle. O sea que, habrá recorrido unas 20 cuadras cuando llegue al EMPIRE STATE pero, como se verá, sólo con el sudor de la frente se logra llegar aser un verdadero turista y, parafraseando al tango, pronto sabrá que 20 cuadras no es nada…
Caminando por la 5a Avenida se podrá entretener mirando los elegantes negocios que la bordean y se podrá reír a carcajadas de los precios que se indican en las vidrieras. A la altura de la calle42 pasará frente a Public Library(¡ vamos!, no me diga que pretende que le traduzca el nombre del edificio)con ocasionales exposiciones que, a veces, son interesantes. Bien. Llegado a la calle 34 se topará con el imponente Empire State, el que se visita previo pago de entrada (50% si logra convencer al desconfiado boletero de que -a pesar de su vacilante acento recién adquirido-usted es un ciudadano americano). La vista desde arriba es absolutamente maravillosa. Tanto que usted hasta está sintiendo una cierta languidez… que puede tener otras causas, claro. Por ejemplo el hambre. Sólo que el hambre no puede ser porque, si mal no recuerdo, luego de engullir en el avión dos cenas y un desayuno chorreando huevos y tocino, usted había jurado no comer nunca más.
Claro que si yo hubiese supuesto que para usted “nunca más” equivale a cuatro horas, la habría aconsejado munirse de una económica vianda en la cafetería del YMCA o la rotisería del Pickwick, y ahora estaría merendando en la cima del mundo.
De todos modos al salir del Empire State (tras ignorar el Museo Guiness de Records de interés exclusivamente para fanáticos de Guiness), se podrá meter en cualquier cafetería de las que abundan por la zona, pues en N. York se come barato y variado (aunque extrañamente todo tiene el mismo gusto) y no hay porqué tener las precauciones en elegir el lugar, que son indispensables en Europa.
Manhattan New York
Como ya son cerca de las 10 de la mañana (los aviones internacionales suelen llegar de madrugada a New York), se permitirá que se lave los dientes y se cambie de ropa interior antes de salir corriendo a la calle y pensar qué hacer, lo cual dependerá del estado del tiempo.
Supongamos que es un hermoso día despejado. Entonces será indispensable aprovecharlo para subir al Empire State y realizar un viaje por helicóptero en un recorrido alucinante entre los rascacielos.
Si yo supiese qué hotel eligió usted, le indicaría claramente los pasos a seguir. Lamentablemente ignoro si se dejó tentar por el precio del YMCA o, sumergido en una reconfortante bañera, fantasea con esa quimera de… “¡mira si voy a ahorrar unos miserables dólares en el hotel, que puedo pagar con la tarjeta de crédito…! Total,con la huelga de correos los débitos llegarán tarde o nunca”…
Por lo tanto elegiré un punto intermedio para iniciar la jornada, no sin antes recordarle que -misteriosamente- los débitos de las tarjetas siempre llegan a destino. O sea que, salga del baño -mi amigo- recupere los preciosos minutos entregados a la molicie, y apresúrese a llegar cuanto antes al cruce de la 5a Avenida y la calle 50. Precisamente allí se eleva la CATEDRAL DE SAN PATRICIO (que carece de mayor interés, pero digna de verse porque todo el que es “alguien” en N. Y. se casa allí).
Al salir de la Catedral, se tomará a la izquierda por la 5a Avenida.
A media cuadra, en la vereda de enfrente, se eleva el clásico ROCKEFELLER CENTER. Habrá que dar una vueltita por el conjunto de edificios y espacios que conforman dicho Centro (entre otros el Radio City Music Hall, la pista de patinaje, la Plaza, etc.). El turista esquemático (aquél que estando en el Ecuador inevitablemente se sacó una foto sentado transversalmente a la línea ecuatorial) aprovechará para sacarse la foto que aparece en todas las postales, en el Rockefeller Plaza, antes de retomar la 5a Avenida., en dirección a la calle 34.
New york city
Habiendo hallado la estación y el tren correspondiente (que no es gratis pero es muy barato), notará que éste sólo se detiene en contadas paradas (calle 14, 34, 42, etc.). Todo eso está indicado en el vagón y en cada una de las estaciones. Una vez que haya llegado a la estación correspondiente a la calle 42 deberá descender. Estará a pocas cuadras del Hotel Pickwick Arms o el YMCA (Asociación Cristiana de Jóvenes). Esta última opción es la más económica pero no se aconseja a los fanáticos de la higiene pues las habitaciones no tienen baño privado y aunque los baños comunes son muchos y limpios, obviamente no es lo mismo, pero…
Según el estado de absoluto (o no) agotamiento, se le permitirá tomar un taxímetro hasta el hotel o caminar. No tema. Los taxistas alejados del aeropuerto son seres humanos como usted y yo. Sin embargo, antes de zambullirse con un suspiro de alivio en un acogedor taxímetro, recuerdeque -embotellamiento de tránsito mediante- un inocente viaje de 6 cuadras se puede transformar en una descansada estadía de una hora en el taxi, con la única diversión de escuchar el ruido de las chapas de 25 centavos que van cayendo como gotas de lluvia.
New York
«Nunca tomaréis un taxímetro en ningún aeropuerto, pues a pesar de su aspecto inocente, de todos los hombres los más dañinos se esconden bajo esa apariencia para desvalijar a los incautos viajeros».
¿Qué hacer en el Aeropuerto Kennedy para huir de esta amenaza?
Una vez que el pasajero ha logrado convencer al correspondiente oficial de Inmigración, que no es el Jefe del Cartel de Medellín, pasará a la Aduana.
Una vez allí tendrá dos opciones. Verá ante si dos carteles. Uno reza: «Para los que no tienen nada que declarar». El otro dice: «Para los que tienen algo que declarar». Si opta por el primer cartel (que es lo que debe hacer), se recomienda que camine con paso elástico sin demostrar senti miento de culpa, para evitar que el oficial de Aduana lo detenga y le haga abrir su valija. Pero, por si esto llegara a suceder, se aconseja no transportar yerba ni dulce de leche (limitando lo telúrico -a lo sumo- a un retrato de Gardel) pues, no estará de más recordar que en la jerga latina yerba es sinónimo de marihuana. En cuanto al dulce de leche, ¿usted vio como tratan sus valijas en los aviones? Y ¿alguna vez se le rompió un frasco de dulce de leche?. Bueno, por eso.
S upon iendo que ha logrado superar la barrera de la Aduana, se encontrará en un enorme hall lleno de ávidos taximetristas tentándolo con llevarlo al centro de Manhattan por sumas irrisorias. Allí deberá recordar a Moisés y en lugar de ceder al cansancio, preguntará a cualquier persona con cara de hablar español, dónde se puede tomar el Autobús circular (GRATIS) que lo habrá de llevar hasta la Estación de donde un tren (que más tarde se convertirá en subterráneo) lo transportará al centro.








