En Nueva York

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Ahora, doblando hacia la izquierda en forma perpendicular a la 5a Ave., se recorrerá la calle 34 en dirección a East River. Se cruzan Madison Ave., Park Ave. (si no se cruzan es porque usted agarró hacia la derecha en lugar de la izquierda), y luego de recorrer unas siete cuadras se llega a la ESTACIÓN DE HELICÓPTEROS en East River y la 34. Hay varios tours (3,5 o 10 minutos). No se enloquezca y contrate el de 5 minutos porque es su primer día de viaje y el dinero no crece en los árboles. El espectáculo de New York en helicóptero es indescriptible y aunque no es un paseo barato, vale la pena cualquier sacrificio hacerlo.
Una vez aligerado de unos 40 dólares, tomará por la 1 st. Ave a la derecha para dirigirse al edificio de la NACIONES UNIDAS, que se encuentra entre las calles 42 y 47. Entre y métase en una visita guiada (en español).
Terminada la visita usted se dará cuenta (o no) de que está a escasas cinco cuadras de su hotel, pero no se ilusione: la tarde es joven aún. Así que regrese hasta la calle 42 y camine por ella en la única dirección posible (en la otra está el agua) hasta la 3a Ave. Allí se eleva el edificio “CHRYSLER“. Habrá que visitar el lobby “art-decó” y, en caso de que anochezca, subir a la torre para ver cómo se encienden las luces de la ciudad. Por lo demás, la vista es parecida a la que se disfruta del Empire State. Salga del Chrysler y -cruzando la Av. Lexington– se topará con el edificio de la Pan-Am y la GRAND CENTRAL STATION. Entre en la Estación y recupere el aliento mirando al mundo de gente que hormiguea por el lugar. Ahora se le permitirá arrastrarse hasta su hotel (que -presumiblemente- está sólo a unas 8 cuadras de la Estación). Felices sueños. A menos que quiera ir a algún lado por la noche. En ese caso, si usted es un turista esquemático, puede dirigirse al boliche donde toca el saxo Woody Allen, a un par de cuadras de su hotel. Es un lugar carísimo y siempre está lleno. Pero no. Usted es un hombre de suerte. Entró y consiguió mesa enseguida. ¿Porqué será? Seguramente porque esta noche –Woody Allen– está resfriado y no va a aparecer. Así que pague, con dolor, su suculenta cuenta y vayase a dormir en paz.

Empire state

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A esta altura es doloroso pero inevitable informarle que cada número significa una calle. O sea que, habrá recorrido unas 20 cuadras cuando llegue al EMPIRE STATE pero, como se verá, sólo con el sudor de la frente se logra llegar aser un verdadero turista y, parafraseando al tango, pronto sabrá que 20 cuadras no es nada…
Caminando por la 5a Avenida se podrá entretener mirando los elegantes negocios que la bordean y se podrá reír a carcajadas de los precios que se indican en las vidrieras. A la altura de la calle42 pasará frente a Public Library(¡ vamos!, no me diga que pretende que le traduzca el nombre del edificio)con ocasionales exposiciones que, a veces, son interesantes. Bien. Llegado a la calle 34 se topará con el imponente Empire State, el que se visita previo pago de entrada (50% si logra convencer al desconfiado boletero de que -a pesar de su vacilante acento recién adquirido-usted es un ciudadano americano). La vista desde arriba es absolutamente maravillosa. Tanto que usted hasta está sintiendo una cierta languidez… que puede tener otras causas, claro. Por ejemplo el hambre. Sólo que el hambre no puede ser porque, si mal no recuerdo, luego de engullir en el avión dos cenas y un desayuno chorreando huevos y tocino, usted había jurado no comer nunca más.
Claro que si yo hubiese supuesto que para usted “nunca más” equivale a cuatro horas, la habría aconsejado munirse de una económica vianda en la cafetería del YMCA o la rotisería del Pickwick, y ahora estaría merendando en la cima del mundo.
De todos modos al salir del Empire State (tras ignorar el Museo Guiness de Records de interés exclusivamente para fanáticos de Guiness), se podrá meter en cualquier cafetería de las que abundan por la zona, pues en N. York se come barato y variado (aunque extrañamente todo tiene el mismo gusto) y no hay porqué tener las precauciones en elegir el lugar, que son indispensables en Europa.

Manhattan New York

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Como ya son cerca de las 10 de la mañana (los aviones internacionales suelen llegar de madrugada a New York), se permitirá que se lave los dientes y se cambie de ropa interior antes de salir corriendo a la calle y pensar qué hacer, lo cual dependerá del estado del tiempo.
Supongamos que es un hermoso día despejado. Entonces será indispensable aprovecharlo para subir al Empire State y realizar un viaje por helicóptero en un recorrido alucinante entre los rascacielos.
Si yo supiese qué hotel eligió usted, le indicaría claramente los pasos a seguir. Lamentablemente ignoro si se dejó tentar por el precio del YMCA o, sumergido en una reconfortante bañera, fantasea con esa quimera de… “¡mira si voy a ahorrar unos miserables dólares en el hotel, que puedo pagar con la tarjeta de crédito…! Total,con la huelga de correos los débitos llegarán tarde o nunca”…
Por lo tanto elegiré un punto intermedio para iniciar la jornada, no sin antes recordarle que -misteriosamente- los débitos de las tarjetas siempre llegan a destino. O sea que, salga del baño -mi amigo- recupere los preciosos minutos entregados a la molicie, y apresúrese a llegar cuanto antes al cruce de la 5a Avenida y la calle 50. Precisamente allí se eleva la CATEDRAL DE SAN PATRICIO (que carece de mayor interés, pero digna de verse porque todo el que es “alguien” en N. Y. se casa allí).
Al salir de la Catedral, se tomará a la izquierda por la 5a Avenida.
A media cuadra, en la vereda de enfrente, se eleva el clásico ROCKEFELLER CENTER. Habrá que dar una vueltita por el conjunto de edificios y espacios que conforman dicho Centro (entre otros el Radio City Music Hall, la pista de patinaje, la Plaza, etc.). El turista esquemático (aquél que estando en el Ecuador inevitablemente se sacó una foto sentado transversalmente a la línea ecuatorial) aprovechará para sacarse la foto que aparece en todas las postales, en el Rockefeller Plaza, antes de retomar la 5a Avenida., en dirección a la calle 34.