Altura de Colca

AFRONTAR LA ALTURA
Su cuerpo tiene que adaptarse a la falta de oxígeno a elevadas alturas. Incluso un ejercicio suave puede provocar agotamiento si antes no se ha aclimatado, así que es aconsejable pasar un par de días relajándose en Arequipa, a 2.325 metros o en Chivay, a 3.651 metros, antes de salir. Una vez emprendida la excursión necesita encontrar un ritmo que su cuerpo pueda afrontar, aunque eso signifique caminar muy, muy despacio. Masticar hojas de coca o tomar pastillas homeopáticas de coca puede aliviar los síntomas del jadeo y el cansancio.

Pueblos de Arequipa

SUMINISTROS ESENCIALES
Puesto que los pueblos del cañón no pueden ofrecer instalaciones como restaurantes, es esencial llevar consigo alimentos suficientes. El camino es agotador, por lo que son importantes los alimentos de alto contenido energético, pero también debe tener en cuenta el peso de la mochila. Aténgase a los alimentos básicos y secos y mantenga el equilibrio nutricional.
Puré de patatas seco, pasta, pan y gachas de avena para obtención de hidratos de carbono.
Algunas proteínas, como salsas de carne enlatada y cacahuetes.
Leche en polvo, azúcar, bizcochos.
Chocolate y fruta fresca y seca.
No olvide las pastillas purificadoras del agua.

Chivay

Otras actividades
• Vale la pena pasar una mañana en Cruz del Cóndor para ver mejor las magníficas aves que han dado nombre a este lugar.
Es posible organizar excursiones más largas que recorran otras zonas de la región del Colca. Entre ellas se incluye subir al monte Mismi o caminar hasta la fuente del más remoto afluente del Amazonas.
El descenso en balsa por aguas bravas puede hacerse por el Colca desde Chivay. La temperatura es de dos grados y la salida suele durar de una a tres horas. También se practica rafting por el río Majes, que forma parte del Colca tras la peligrosa sección del cañón, en un viaje de dos días de duración que se organiza desde Arequipa o Chivay.
Las aguas termales de las afueras de Chivay son un lugar excelente para relajarse después de una larga caminata.

Excursion a Arequipa

Cuestiones de salud
No hay instalaciones sanitarias en esta excursión y tampoco agua potable. Las botellas de agua se pueden llenar en los pueblos y luego purificarse

Exursion arequipa

Planificación
Aunque puede emprender esta excursión por su cuenta.es mejor contratar los servicios de un guía. Éste le indicará algo más que la ruta. Le ayudará a prepararse para el camino, le presentará a los aldeanos y le explicará aspectos de la estructura social y de la cultura de los pueblos, así como del ambiente. Así tendrá un mejor conocimiento de la zona del que tendría a si fuera solo. Hay varias compañías pequeñas en Arequipa que ofrecen excursiones organizadas, pero puesto que tiene usted que llegar por su cuenta a Cabanaconde, llevar su propia comida y equipo de acampada y todo su equipaje, no creo que se merezcan el precio que piden. Yo le recomendaría utilizar los servicios de un guía privado, que puede ayudarle a determinar el itinerario a su medida. A través de las agencias en Arequipa puede ponerse en contacto con guías cualificados de montaña y de senderismo.

Colca

Cuándo ir
Puede visitar el cañón del Colca en cualquier época del año, pero es mejor evitar la temporada lluviosa, entre octubre y mayo. Las lluvias pueden causar un peligro adicional de deslizamiento de tierras y hacer impracticables los caminos. Si tiene la intención de descender en balsa mientras está en la zona, es preferible que viaje en agosto.

Colca del peru

Llegar al cañón del Colca
Hay carreteras desde el norte, a través del altiplano, que conectan Chivay con Cuzco y la zona del Titicaca. No obstante, no están bien atendidas por el transporte público. La mayoría de la gente llega a Chivay desde Arequipa. En Arequipa, hay varios autobuses diarios que salen desde San Juan de Dios hacia Chivay y Cabanaconde. Desde Chivay hay taxis y colectivos (taxis compartidos) que viajan a lo largo del valle a diferentes pueblos.

San Galle

San Galle y la ascensión de salida
San Galle es el lugar perfecto donde terminar una jornada. Es un bolsón de frondosa vegetación donde se encuentra una fuente termal que brota de la ladera de la montaña. Sólo hay unas pocas casas diseminadas, pero en los campos aterrazados crece una extraordinaria variedad de plantas. Junto con el ubicuo cactus, coexisten aguacates y plantas de algodón, papayas y bananas, limoneros y bosquecillos de bambú, alfalfa, higos y hasta palmeras.
Cuando cayó la noche, la naturaleza nos recordó su poder al sacudir la tierra y producir un deslizamiento de rocas y polvo que descendieron por el acantilado hasta el fondo del cañón. Los aldeanos viven bajo la amenaza constante de la actividad sísmica, pero estos corrimientos de tierra les preocupaban porque estaban haciéndose cada vez más frecuentes. Mi propia preocupación inmediata, sin embargo, no eran los corrimientos de tierras, sino la prolongada ascensión de regreso para salir del cañón a la mañana siguiente.
Decidimos que sería mejor emprender la marcha con la fresca, así que a las cuatro de la madrugada ya estábamos en el camino, mucho antes de que saliera el sol. Caminamos lentamente, aunque ahora ya estaba yo acostumbrado a la altura. Disponíamos de dos horas antes de que amaneciera y de otra hora antes de que las sombras desapareciesen del camino. Durante la última hora empezó a hacer calor, pero logramos llegar a la cima sin problemas a las 8.00 horas. Me sentí entusiasmado al contemplar desde allí el fondo del cañón y ver a lo lejos los diminutos pueblos de la orilla opuesta. Había caminado todo aquel largo trecho. pensé, y sonreí para mis adentros.
La parte superior del camino está a unos 20 minutos a pie del pueblo de Cabanaconde Aunque se trata de una población diminuta, resultaba ruidosa en comparación con los pueblos del cañón y a ambos lados de la carretera se veían bolsas de plástico, cristales rotos, baterías, zapatos viejos y huesos de animales. El tramos en el pueblo, cubiertos de polvo y cansados, cuando otros turistas apenas empezaban a salir soñolientos de los albergues. Y me pregunté si alguno de ellos sería lo bastante afortunado como para aventurarse por este cañón mágico.

Arequipa Turismo

El sendero de la cochinilla
El puente en suspensión es uno de los dos que cruza el río y conecta los pueblos con el mundo exterior a través de la carretera por la que habíamos pasado. Nuestro plan consistía en caminar hasta Tapay, a través de los otros pueblos, para luego regresar por el segundo puente en San Galle, por debajo de Cabanaconde.
Era mediodía y el sol cubrió los últimos centímetros de sombra que quedaban. Hice un esfuerzo por ponerme en pie sabiendo que no podía hacer otra cosa. Estábamos en las afueras de un pequeño pueblo llamado San Juan de Chuccho. donde el camino discurre entre muros de piedra y pequeñas parcelas cultivadas. A un lado del puente, el terreno está pelado, mientras que en el otro extremo había matojos y cactus, algún que otro árbol y bonitas flores anaranjadas que caían sobre las rocas. Un muchacho con un par de burros surgió de la nada y nos adelantó en el camino.
Yo estaba extenuado pero el ver los animales me dio esperanzas. Más adelante nos encontramos con una casa de piedra donde vimos al muchacho cuidando de los burros, bajo la mirada atenta de una anciana. Iván entabló rápidas negociaciones y pronto pudimos seguir caminando sin necesidad de llevar tanta carga a cuestas. El muchacho y uno do sus burros nos acompañaría y, por unos pocos dólares, llevaría nuestro equipaje hasta Tapay.
Del mismo modo que el camino había sido de bajada durante toda la mañana, ahora fue de subida durante toda la tarde. Iván y el muchacho charlaron mientras caminaban. Yo. por mi parte, necesitaba hasta el último aliento para poder continuar, incluso sin mi mochila. Me di cuenta entonces de que mi error había consist ido en emprender el recorrido sin haberme acli-
matado previamente a la altura. Eso. unido a la falta de sueño por haher viajado en autobuses nocturnos durante dos noches consecutivas, me había dejado casi completamente exhausto.
Llegamos finalmente a Tapay donde montamos la tienda en el patio de la escuela ante la curiosidad de la chiquillería local, aunque ya están bastante habituados a esta circunstancia. Después de tomar un par de tazas de té y de hacer un breve descanso, me sentí completamente recuperado. Por la noche, los niños se marcharon a sus clases de baile. Pude verlos en el aula, bailando ante el sonido de los caramillos, las flautas y los churangos que formaban los ritmos clásicos andinos de Perú, Bolivia y Ecuador.
Tapay, encaramado a 2.800 metros de altura, es un pequeño pueblo de poco más de 300 habitantes. Las casas están hechas de piedra o ladrillo de barro y la mayoría tienen tejado de hojalata ondulada, aunque unas pocas con servan el tradicional tejado de hierba. En el centro de la población hay una iglesia, de un blanco intenso, con una puerta roja, pero ésta y la escuela azul son los únicos edificios pintados. En las afueras del pueblo y hasta donde alcanza la vista, crecen grandes cactus con paletas redondas, planas y carnosas. Había observado la presencia de estos cactus, llamados tuna, desde que iniciamos el ascenso desde el río, pero sólo ahora me di cuenta de la importancia que tenían para los aldeanos, pues constituyen la única cosecha que recogen, no la planta en sí, sino las cochinillas que crecen en ellas. Cada cactus está cubierto con lo que parece un hongo blanco algodonoso y dentro de esas manchas blancas se esconden grandes insectos escamosos como garrapatas (Dactylopius coccus) que se alimentan del jugo de la planta. Los insectos se recogen, se secan y luego se utilizan para producir un tinte natural, de un rojo intenso.
La mañana amaneció muy vigorosa y clara. El pueblo se encontraba en calma y sin contaminación, a excepción de la basura amontonada en el patio de la escuela. Por encima de nosotros las siluetas de tres cóndores de los Andes trazaban círculos cerca de lo alto de los acantilados, por detrás del pueblo. Estas magníficas aves nunca hacen aletear sus enormes alas, sino que simplemente se deslizan, arrastradas por las corrientes termales.
Emprendimos la marcha por un sendero que bordeaba Tapay hasta alcanzar un punto elevado desde el que se dominan magníficas vistas del cañón, y de los pueblos vecinos. Una cruz, decorada con flores secas y rojas y hojas de palmera corona este mirador. Desde aquí, el camino serpentea descendiendo por un barranco, para luego subir por el otro lado y salir poco después al pueblo de Coshñihua. una aldea todavía más pequeña que Tapay, con sólo 150 habitantes. Entre las escasas edificaciones crecen también eucaliplus, utilizados para madera y como material de construcción, así como árboles Molió que se alzan a la sombra. Los cerdos y las ovejas se habían atado a los árboles y el lugar olía a polvo caliente y también al rico y dulce anima del estiércol animal.
Coshñihua da al mino pueblo de Malata donde se inician de nuevo los campos de cactus. Se puede pasar fácilmente un día o dos en estos pueblos y luego descender una vez más para cruzar el segundo y pequeño puente sobre el Colea y entrar en el oasis do San Galle Se trata, sin duda, de un lugar maravilloso para efectuar largos paseos. Mientras caminaba mos de pueblo en pueblo en el remoto y pacífico valle, la gente con la que nos encontramos se detenía para saludarnos y preguntarnos por nuestro viaje. No tenían ninguna prisa porter minar la conversación y se interesaban por conocer algunos detalles como de dónde veníamos, como era mi hogar y qué pensaba yo del suyo. Son gentes encantadoras, orgullosas, afables y alegres.

El cañón del Colca

EL CANON MAS PROFUNDO DEL MUNDO
En su punto más profundo, el cañón del Colca tiene más del doble de profundidad que el Gran Cañón en Arizona. En el punto en que el cañón del Colca atraviesa las montañas Señal Yajirhua, que alcanza los 5.226 metros y el cerro Lucería, a 4.257 metros, el rio Colca pasa a 1.051 metros, lo que supone una profundidad de 4.175 metros. La profundidad máxima del Gran Cañón es de 1.768 metros. Esta parte más profunda del cañón del Colca es inhabitable. Sus abruptos acantilados se extienden a lo largo de más de cien kilómetros y no se considera un lugar apto para pasear.

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