Pico Bolivar de Merida

Exploradores del hielo
Poco después de cruzar un puente de sencillas tablas de madera para salvar la cara de un acantilado inaccesible, pasamos ante una cascada e iniciamos una ascensión escarpada de farallones más expuestos a la roca gris. Ocasionalmente, resultó fácil continuar a gatas. antes que arriesgarnos a que nuestras pesadas mochilas nos hicieran caer hacia atrás. La recompensa por haber logrado llegar a lo alto de los farallones fue extraordinaria. Más allá de otra cascada, relució bajo el sol del mediodía el gran glaciar, de un blanco brillante, que desciende desde la cumbre del pico Humboldt. Llamado originalmente La Corona, los españoles lo bautizaron con el nombre del legendario explorador y naturalista alemán, el barón Alexander von Humboldt, que llegó a Venezuela en 1799 para explorar el río Orinoco. Y, sin embargo, nunca llegó a escalar la montaña, ni visitó siquiera la zona de Marida. Al contemplar las aguas de un verde esmeralda de la laguna Verde, nuestro campamento para pasar la noche, todos creímos que habían terminado nuestros esfuerzos. Pero aún teníamos reservada una sorpresa. Para llegar al otro lado del lago y a nuestra zona de acampada, teníamos que cruzar una escarpada ladera, pasando sobre pequeños rebordes y rocas troceadas. No exigía un elevado nivel de habilidad técnica, pero un error podía ocasionar una caída, por lo que convenía mantener la cabeza bien fría. Cada movimiento se ensayaba mentalmente con antelación y ni siquiera recuerdo que respirase con excesiva frecuencia. Para cuando Peter llegó a la travesía transversal, a unos 3.800 metros de altura, empezaba a tener problemas con la altitud. Ya habíamos alcanzado el campamento, nos sentamos y observamos su lento avance a lo largo de la cara de la roca, sin saber que se estaba sintiendo tan mal que a medio camino se detuvo para vomitar. Cuando finalmente llegó al campamento, estaba agotado y levantamos su tienda, para que pudiera calentarse y descansar. Por la noche, las dificultades de respiración y las ensoñaciones creadas por el aire enrarecido nos dificultaron el sueño y fue un verdadero alivio el momento en que brotó un amanecer ferozmente rojo y pudimos levantarnos. Peter se sentía bastante mejor y tras una prolongada discusión, decidió continuar hasta el campamento base de pico Bolívar. Otro grupo del campamento también tenía enfermo a uno de sus miembros y decidieron abandonar su excursión al Humboldt e iniciar el descenso a Mérida. A nosotros nos esperaba la jornada más larga y exigente y lo recogimos todo rápidamente para salir lo antes posible.
Después de un inicio fácil a través de un prado de hierba dorada, sorteamos una cascada y seguimos el pedregoso sendero que zigzaguea empinadamente hasta un espolón. En lo alto, llegamos a otro lago más pequeño, al pie de la cara oeste del pico Humboldt. Junto al lago, un viejo cartel de madera, ligeramente inclinado hacia arriba, parecía señalar la luna. Pintado sobre él. en descoloridas letras rojas se leía “La Travesía”, nuestra ruta hasta el campamento base. Al seguir la línea señalada por el cartel nuestra mirada se detuvo en una escarpada ladera dividida en lo alto por un gran contrafuerte de roca negra. El paisaje era impresionante. Pero pico Bolívar no iba a permitirnos llegar hasta él sin desafíos y nos resignamos a otros 40 minutos de sufrimiento.

Coromoto

Un lago demasiado lejos
Se produjeron pocas paradas en la incesante ascensión y pronto sobrepasamos el cartel indicador de los 2.500 metros de altura, en la Mesa de los Pinos. Al cruzar el lecho salpicado de cantos rodados de la quebrada del Oso, el sendero empezó a ascender de modo más empinado por el lado izquierdo del valle de Coromoto. Unas nubes grises se cernían sobre nuestras cabezas pero, afortunadamente, la llovizna no llegó a cumplir su amenaza de convertirse en chaparrón. A últimas horas de la tarde, la pregunta que hacíamos con más frecuencia a los guías era “¿Cuánto falta?”, especialmente a medida que se intensificaba el cansancio que nos agarrotaba las piernas. Finalmente, alcanzamos a una elevación vimos el campamento de la laguna Coromoto. que saludamos con el mismo alivio que si hubiésemos llegado a nuestro hogar ancestral. Según el cartel curtido por el tiempo, ahora nos hallábamos a 3.000 metros de altura; es decir, habíamos subido tres quintas partes de la altura hasta la cumbre.
Al anochecer, la temperatura descendió en picado y echamos mano de todas las prendas de ropa de que disponíamos para mantener a raya el frío, mientras esperábamos a que estuviera preparado el pollo con curryy la pasta. Por delicioso que estuviese, no teníamos muchos deseos de saborearlo y dimos cuenta rápidamente de él para retirarnos a las tiendas. Todos parecíamos estar soportando bien la altura, pero al día siguiente pondríamos a prueba nuestros cuerpos y mente ya que subiríamos por encima de los 3.200 metros, a partir de donde se nota más este factor. Afortunadamente, sería un día más corto y probablemente llegaríamos al segundo campamento a primeras horas de la tarde. Podría haber sido más corto pero lo cierto es que al mirar hacia arriba desde Coromoto y contemplar el muro que se elevaba en la cabecera del valle, tuvimos la sensación de que no sería nada fácil.
Las apariencias, sin embargo, pueden ser engañosas y el camino se empinó inicialmente de modo cómodo, subiendo por el lado del valle, de modo que sólo ocasionalmente necesitó de un desvío algo más escabroso para sortear grandes cantos rodados que habían caído desde los acantilados de arriba. Los árboles y plantas del bosque abandonaron repentinamente su batalla por vivir en las alturas y se vieron sustituidos por la vegetación dura y rasa del páramo, incluido el singular frailejón (Espeletia pycnophylla) con sus hojas puntiagudas y su tacto de fieltro. Nuestra respiración empezaba a ser más forzada y el grupo jadeaba como una manada de caballos resoplantes después de un largo y duro galope; seguimos adelante y la situación mejoró a medida que nuestros cuerpos empezaron a adaptarse a las nuevas condiciones.

Merida venezuela fotos

Actitud mental positiva
Durante una reunión informativa celebrada la noche antes de nuestra salida, conocí a los otros cinco miembros del grupo excursionista, todos ellos canadienses. Peter, Janet, Travis y Joe disfrutaban de unas breves vacaciones de su trabajo como docentes en Trinidad y Sean se había tomado un respiro en su trabajo como dentistaen Canadá. Juan, el guía jefe, sugirió que la ascensión al Bolívar es tanto un desafío mental como físico, por lo que la actitud positiva es muy importante, aunque no sea garantía de éxito. No hay reglas establecidas que determinen cómo afecta la altitud a los individuos, por muy experimentados que sean, pero algo que parece ayudar a todos a contrarrestar sus efectos es el agua. El proceso de deshidratación se acelera cuanto más alto se sube y Tom resaltó la importancia de beber con regularidad, aunque no tuviéramos sed.
El pico Bolívar forma parte de la cordillera Sierra Nevada de Mérida. en el sector norte de la cadena de los Andes. El pico y la amplia zona que lo rodea y que se extiende desde la carretera Santo Domingo-Mérida hasta los bordes de sus estribaciones, en los alrededores de Bari-nas, se halla protegido como parte del Parque Nacional de Sierra Nevada, de 276.446 hecta reas. El parque, creado en 1952 contiene los cinco picos más altos de Venezuela, conocidos colectivamente como las Cinco Cordilleras Blancas. También se encuentran grandes tramos de selva húmeda, zonas de altiplano de aspecto extraordinariamente desolado, conocidas como páramo e innumerables y pintorescos lagos glaciales. Nuestra excursión nos dejaría expuestos a todos esos ambientes.
Cargados con alimentos y equipo, con las mochilas pesadas, subimos al jeep y nos dispusimos a emprender la ascensión de una hora hasta la estación de rangers situada en La Mucuy, que constituye la entrada al parque nacional y punto de partida de la excursión. Al descender del todoterreno. pude observar la ausencia de charla entre los miembros del grupo, probablemente concentrado cada uno en el esfuerzo que nos esperaba y en el estrecho sendero que subía zigzagueando por la montaña. Hubo momentos en que cortamos por atajos más escarpados que habían sido abiertos a través de densos matorrales, y resultó divertido agacharse y rodear las ramas caídas, las enredaderas que colgaban y los arbustos espinosos.

Viajar a Mérida Venezuela

Venezuela occidental se halla dominada por las montañas andinas, un lugar cada vez más conocido entre los senderistas que buscan un desafio a gran escala. Caminar por entre frondoso bosque húmedo y páramo de elevada altura y subir al espectacular pico Bolívar, la cumbre más alta de Venezuela, donde se encuentra el lugar de enterramiento del legendario libertador, constituye los mejores atractivos de esta zona.

Pocas sensaciones pueden compararse a las de un escalador que alcanza la cumbre de una montaña. El nivel de autosuficiencia requerido para llegar hasta allí y la mareante sensación de éxito que se tiene al alcanzar su objetivo pueden hacer que se sienta como si experimentara un cambio completo de vida. No es necesario escalar el Everest para disfrutar de esa sensación de entusiasmo, pero hay indudablemente un valor extra en la experiencia cuando se sabe que se encuentra en el punto más alto de un país. Ese punto, en Venezuela es la cumbre del pico Bolívar, de 5.007 metros de altura, así que me dirigí a la ciudad de Mérida para organizar mi excursión de cinco días que me llevaría a intentar alcanzarlo.
Mérida es una ciudad muy atractiva que tiene un clima agradable y una animada vida nocturna generada por una población universitaria de 35.000 estudiantes, pero es más conocida por su teleférico. Se trata del aéreo más largo y más alto del mundo, ya que alcanza los 4.765 metros en 12,5 kilómetros, lo que permite un acceso instantáneo a los picos nevados del Parque Nacional de Sierra Nevada. ¿Por qué sentimos entonces la necesidad de caminar durante tres días para alcanzar una altura a la que podríamos llegar en hora y media en el teleférico? Tom Evenou. el propietario multi-lingüe de Bum Bum Tours, explicó que nuestras posibilidades de alcanzar la cumbre después de bajar del punto final del teleférico serían prácticamente nulas: la incapacidad del cuerpo para adaptarse con rapidez a las grandes diferencias de altura que suponen un ascenso en teleférico harían difícil subir un simple tramo de escalones, y menos el pico Bolívar. La ascensión lenta, a pie, permitiría a nuestros cuerpos adaptarse con mayor éxito al aire enrarecido y, en cualquier caso, tal como indicó Tom, se trataba de una hermosa excursión. Como recompensa a nuestros esfuerzos por llegar allí, el viaje incluía un descenso en el aéreo.

Que llevar de viaje a los roques

QUE LLEVAR
□ Equipo de buceo y sobre todo máscara, tubo y aletas sí las tiene.
□ Su tarjeta de calificación como buceador.
□ Mucho protector solar de factor elevado.
□ Gafas de sol y sombrero.
□ Repelente contra insectos.
□ Un buen libro.

Viaje a los Roques

Cuestiones de salud
La mayor amenaza para la salud que puede encontrar en Los Roques es el sol. En muchas de las islas hay muy poca o ninguna sombra y la arena blanca no hace sino aumentar los efectos de la radiación. Es esencial una buena protección solar durante todo el año. No es aconsejable beber el agua del grifo en San Roque. Encontrará sin dificultades agua embotellada, aunque la avalancha de visitantes y unos días particularmente calurosos pueden ocasionar escasez en los suministros (prácticamente se agotó durante mi estancia), que sólo se llevan una vez a la semana. La comida que se sino en las posadas se prepara con agua filtrada. Hay mosquitos en la isla, por lo que es aconsejable tomar precauciones, aunque la brisa constante facilita la situación. Las moscas de la arena, que sólo aparecen durante los meses de verano, son probablemente más irritantes, pero la brisa marina de la tarde ayuda a mantenerlas a raya.

Planificar viaje a venezuela

Planificación
La mejor forma de visitar Los Roques es con una de las visitas organizadas que se encuentran, principalmente con Línea Turística Aerotuy(LTA). A los buceadores les ofrecen paquetes en tierra, que incluyen alojamiento en posadas de nivel medio a alto en Gran Roque, y paquetes algo más caros a bordo del extraordinario yate Antares III. Los precios incluyen los vuelos desde Caracas en su gran jet. alojamiento, comida, refrescos y tres inmersiones guiadas al día, tanques y cinturones de pesas. El BCD o instrumento de control de la flotabilidad, el regu lador y la entrada al parque nacional no están incluidos, ni tampoco el derecho a bucear en el parque. La estancia mínima para buceadores es de tres días, ya que no es recomendable volar 24 horas antes o después de lincear.
Para los viajeros independientes, hay varias líneas aéreas que enlazan San Roque. Entre ellas se incluyen Vipro, LTA (sólo ofrecen billetes aéreos), Chapi Air y Aeroejecutivos. En temporada alta, es aconsejable asegurar una fecha de regreso al efectuar la reserva, ya que los vuelos suelen ir llenos. Las posadas se pueden reservar directamente, por fax o teléfono, aunque no sería problema encontrar habitación si no es temporada alta, es decir. Navidades. Año Nuevo y Pascua. Está permitida la acampada libre en la oficina de Inparques. cerca del establecimiento de buceo de Sexto Continente.
Bucear con Sexto Continente debe reservarse por lo menos con un día de antelación. Se ofrecen descuentos por varias inmersiones. Hernando suele volar únicamente por las mañanas y últimas horas de la tarde que son. de todos modos, las mejores horas para volar. Deben hacerse reservas el día anterior en su bar, el Rasquatekey

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Cuándo ir
Las condiciones para bucear son excelentes en cualquier época del año, pero quizá sean algo mejores durante los meses de verano (de mayo a octubre). La temperatura del agua oscila entre los 25 a los 30 °C. La temperatura del aire es razonablemente constante durante todo el año, con una media de 29 °C, que alcanza sus valores más altos en julio, con 34 °C. Puede llover entre septiembre y enero, pero raras veces dura ya que los vientos alisios del nordeste suelen alejar las nubes de lluvia.

Arrecifes de corales

Una fantasía de coral
Por la mañana, las dos embarcaciones pusieron rumbo a la Gran Barrera Arrecifal del Sur. Otra larga travesía nos permitió cruzar la laguna central hasta el primer lugar de inmersión, en Boca de Cote, donde se levanta un muro de tres escalones que desciende hasta los 60 metros de profundidad. Nos sumergiríamos hasta el segundo escalón, a unos 20-25 metros. Bajo el agua, las condiciones eran casi perfectas, con muy buena visibilidad y suficiente luz solar como para arrancar toda una plétora de ricos colores. Pero como me había olvidado de mi mascarilla y llevaba otra pres-
tada que me encajaba mal, todo el mundo participó en la inmersión mientras que yo me pasaba la mayor parte del tiempo con los ojos cerrados para evitar que la sal marina me escociera en ellos, aunque conseguí abrirlos lo suficiente como para ver una tortuga verde deslizándose con la elegancia de un maestro de Tai Chi. Afortunadamente, no todo el día se perdió. Con otra mascarilla que me prestaron en la otra embarcación, estuve perfectamente dispuesto para la segunda inmersión en Punta Salina, que resultó ser la más impresionante de los dos días.
Desde el principio hasta el final, el muro coralino de Punta Salina fue como una gruta fantástica inspirada por Walt Disney. La gama de corales es asombrosa. Vimos coral sábana (Agaricia lamareki), semejante a unas tartas aplanadas de diversos tamaños, unas sobre otras, coral estrella (Motastres annularis), un coral verde en forma de hongo y tres variedades de coral cerebro. A mayor profundidad proliferaban las esponjas tubulares de brillantes colores, incluida la oreja de elefante, de intenso color naranja (Pseudoceratina crassa). Pero los peces no estaban dispuestos a permitir que los corales y las esponjas se apropiaran del espectáculo. En cada nicho y grieta aparecían diferentes variedades. Mis favoritos fueron los cabeza azuladas, de colores amarillo y azul (Thalassoma bifasciatum), aparentemente satisfechos con observar qué sucedía en el arrecife. Tambien hicieron su aparición en esta exuberancia marina la raya águila moteada (Aetobatus narinari), el sigiloso bombardero de los océanos, y bancos de deslumbrantes peces cirujano, de color azul (Acanthurus coeruleus). Las verdaderas estrellas del espectáculo, sin embargo, fueron dos tortugas verdes. Esta vez conseguí acercarme a una de ellas y nadé hacia arriba, entre los abanicos del muro, casi rozándola. Esto era el mejor submarinismo, la oportunidad de moverse libremente en un mundo diferente al nuestro. Cuando percibimos que nuestros indicadores de oxígeno habían llegado a la zona roja y, de mala gana, nos vimos obligados a ascender a la superficie.
A la mañana siguiente, tumbado en la playa, a la espera de tomar el vuelo de la tarde de regreso a Caracas, contemplé una vez más a los pelícanos que buceaban en busca de peces a las fragatas que se elevaban hacía lo alto, impulsadas por las corrientes cálidas. Estos pájaros sí que conocían las mejores formas de contemplar el verdadero paraíso de Los Roques, mientras que yo sólo había intentado seguir su ejemplo natural para encontrar mi propio y pequeño rincón de paraíso.

Buceo

APRENDER A BUCEAR
Aprender a bucear es relativamente fácil. En el mundo hay varios organismos calificadores reconocidos, como el PADI y el NAUI, que organizan cursos de tres a cinco dias para principiantes en aguas abiertas, a precios razonables, para obtener la calificación que permitirá sumergirse hasta los 40 metros de profundidad. Sólo es preciso pasar una revisión médica y saber nadar. El curso incluye enseñanza en el agua y un examen directo de respuesta con varias alternativas. También hay cursos de prueba de un día y cursos más avanzados.

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