Roma Basilica
Volviendo a la Basílica, digamos que la fachada es de Mademo. Desde la ventana central se asoma el Pontífice para bendecir la multitud que se reúna sobre la Plaza. Se accede al pórtico por 5 entradas. Arriba de la entrada central, que pertenecía a la Basílica primitiva, se puede admirar la “Navicella”, mosaico de Giotto destinado también a la edificación primitiva
Una vez adentro de la Basílica verán que es imposible sustraerse a las majestuosas proporciones del conjunto, aunque la fría racionalidad de sus perspectivas hace añorar esa especie de sensación de organismo vivo que se percibe en las catedrales góticas.
La nave central de 186 metros de longitud consta de cuatro grandes arcos, sostenidos por dobles pilares, sobre los que se apoya lacornisa mayor y por consiguiente la bóveda en cañón. Frente al último pilar de la izquierda se puede ver la estatua de San Pedro, de Cambio, a punto de quedarse cojo pues uno de sus pies está desgastándose de los besos de los fieles. Lacúpula que se eleva a 120 metros sobre el nivel del piso, tiene un diámetro de 42 metros y está sostenido por cuatro enormes pilares en los que se han recavado hornacinas y pórticos. 16 grandes ventanas que se abren alrededor de la base del tambor aliviananel efecto de lacúpula. Al centro se eleva el baldaquino su tranquilidad al de Bemini que domina el altar papal. Para su construcción se fundieron las láminas de bronce que revestían el pronaos del Panteón. El altar papal mira hacia la “Confesión” de Mademo bajo el cual se halla la tumba de San Pedro. La estatua de Pío VI (el que vistió los desnudos de Miguel Ángel) es de Canova. En el fondo del ábside se levanta la Cátedra de Bemini (1656), un conjunto escenográfico donde se conserva el escaño donde se habría sentado San Pedro. A la derecha de la Cátedra está el monumento de Urbano VIII rodeado de figuras simbólicas. Otro opus del inevitable Bemini. Por la izquierda en 1550, Della Porta realizó el monumento a Pablo III bajo la dirección de Miguel Ángel.
Basilica San Pedro
LA BASÍLICA se levanta en el lugar del circo de Nerón en el supuesto lugar del martirio de los cristianos y tumba de San Pedro. La Basílica primitiva de cinco naves del siglo V fue elevada por orden de Constantino
y estaba adornada de magníficos mosaicos y frescos, pero sucesivos incendios la deterioraron completamente. En 1506 el Papa Julio II colocó la piedra fundamental de una nueva Basílica cuyos planos fueron diseñados por Bramante.
El Papa Julio hizo correr casi tanta tinta a los historiadores como su antecesor Alejandro Borgia quién accediera al trono de San Pedro en ese complicado año 1492 tan recordado con dispar entusiasmo a uno y otro lado del Océano.
Al Papa Alejandro se le reprocha haber faltado al voto de castidad al menos 6 veces (tuvo 6 hijos), aunque es razonable pensar que si no pecó más a menudo es indudable que tuvo una terrible mala suerte. También fueron muy comentados (desfavorablemente) sus posibles incestuosos amores con su hija Lucrecia, algo entreverada sentimentalmente con su hermano César y con una sospecha aficción a los venenos. En fin: una familia que sirvió de inspiración a innumerables teleteatros tropicales.
Si bien el Papa Julio tuvo un vida sentimentalmente hablando discreta, se le reprocha con razón, haber sido un monstruo de egocentrismo. Comenzó por encargarle a Miguel Ángel un suntuoso mausoleo que debía eternizar su memoria. Una vez que éste hubo comprado los mármoles, decidió que solo la Basílica de San Pedro sería suficientemente grandioso para glorificar su memoria.. El veleidoso Santo Padre, que se entretenía en guerrear con los españoles contra los vénetos, y con éstos contra los franceses, también se hacía de tiempo para modificar cada tanto el proyecto de Miguel Ángel para su tumba. Estas indecisiones que se arrastraron a lo largo de muchos lustros, le amargaron la vida al artista quién veía acumularse los mármoles sin poder hincarle diente al trabajo pues, para peor, era continuamente interrumpido por nuevos proyectos del Papa.
En uno de esos interludios pintó la Capilla Sixtina, un trabajo que lo fastidió soberanamente, cosa que es comprensible si se su tranquilidad al viajar piensa que debió pintarla colgado del techo como un murciélago. Aunque también es cierto que lo que a él más le molestaba era el hecho en si de pintar ya que consideraba que la pintura “es la oscuridad” mientras que la escultura “es la luz de la sabiduría “.


