Casa de tiros
De aquí la calle del Escudo conduce a la CASA DE TIROS, edificio mudejar con una curiosa fachada ornada de personajes mitológicos disfrazados. Hércules, Teseo, Jasón y Héctor visten togas romanas mientras que Mercurio aparece con el escudo de armas de los Campotejar. Estos Campotejar. dueños de la casa, eran propietarios del Generalife por donación de los Reyes Católicos. La casa, que alberga la oficina de Turismo y un pequeño museo, tiene un zaguán con techo medieval pintado, un patio árabe y una cocina típica andaluz. Lo que NO tiene es la famosa espada de Boabdil, propiedad de la familia como se indica en la fachada. Un curioso caso de honestidad algo inútil, porque la verdad es que bien podrían haber exhibido cualquier espada que ni usted ni yo nos hubiésemos percatado.
Saliendo, tomen a la izquierda por la calle de Sta. Escolástica, hasta la calle de GIRONES y la casa del mismo nombre, con una sala decorada con admirables estucos del siglo XIII. La galería superior, el patio y la escalinata son del siglo XVI. Tomando por la calle de Sto. Domingo hacia el oeste llegarán a la iglesia del mismo nombre (esti lo transición gótico renacentista) y al Cuarto Real de Santo Domingo donde se alojaba el Gran Inquisidor Fray Torquemada cuyos métodos pirotécnico persuasivos deben haber dado excelentes resultados. Al menos a juzgar por Ja ausencia del más mínimo trazo de judería en Granada. Una judería que sin embargo debió ser poderosa y extendida ya que en tiempos de persecución de los árabes almohades a los judíos, eran muchos los que se refugiaron en Granada bajo la protección del ministro judío Samuel Ibn Nagrella
Ahora regresen por la misma calle de Sto. Domingo, pasen delante de la casa de los Girones nuevamente y prosigan hasta la calle de San Matías. Luego tomen por esta última a la izquierda, pasen delante de la iglesia de San Matías y continúen unas cuadras hasta la Plaza de Mariana Pineda. Verán allí la antigua fortaleza árabe de Bib Taubin, actualmente caserna, el Teatro Cervantes y en el centro de la plaza, la estatua de Mariana, ejecutada (ella, no la estatua) en ese preciso lugar.
García Lorca, fascinado por su trágica historia de amor y heroísmo, escribió una obra poco después del estrepitoso fracaso de su primera pieza teatral. No es de extrañar entonces que su nombre (el de García Lorca) fuese mala palabra entre los productores teatrales. Un día providencialmente (providencialmente es un decir porque es bien sabido que no hay seres más insistentes que los autores teatrales empeñados en ofrecer sus piezas) la obra llegó a manos de Margarita Xirgú. Esta leyó la pieza y se enamoró de ella. Poco después la puso en escena en Barcelona con decorados de Barradas. Fue un gran éxito de público.

