Guadalquivir

guadalquivir

Bien. Terminada la visita del Alcázar, podrán recorrer lentamente la orílla del Guadalquivir, aspirando el aire perfumado, mientras las luces de la ciudad se van encendiendo lentamente y…
¿Cómo?
¿Que tiene hambre?
Evidentemente usted es un romántico incurable, mi amigo.
Lamentablemente son apenas las 19:00, así que si el aire perfumado le da hambre, trate de respirar por la boca y de todos modos vaya caminando por la orilla del río. Al llegar al Puente Romano, crúcelo, observando de paso en el agua los restos del molino árabe (Abolafia) que elevaba el agua para los jardines
del Alcázar. A mitad del puente se topará con su infaltable San Rafael. Sobre la otra orilla verá LA
CALAHORRA
, fortificación árabe ampliada por Enrique II (antes de serlo), para defenderse de su hermanastro, nuestro viejo conocido el rey Pedro el Cruel, aquién finalmente asesinó en Montiel. Y si usted es de aquellos ingenuos que creen que los cambios históricos se realizan al son de frases solemnes, le voy a trascribir las cariñosas palabras con que don Enrique, bastardo de Alfonso I, recibió a don Pedro.

Guadalquivir

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Bien. Crucen el Guadalquivir y a su derecha verán el PUENTE ROMANO del que les hablé. Lo verá usted, porque su mujer, con la mirada rígidamente fija hacia adelante está demasiado ocupada diciéndole:
Cuidado viejo… No mires para el costado cuando manejas… y menos en un puente.. Acordóte que no sabes nadar.
Cuéntele a su esposa que el puente que ella NO va a ver tiene 240 metros de longitud desde la cabeza de puente árabe (la Calahorra), hasta la Puerta del Puente (1561) frente a la Mezquita. Lo sostienen 16 arcos sobre gruesos pilares macizos.
Bordeen el Guadalquivir hasta la Puerta del Puente, pero antes de llegar, doblen a la izquierda por la calle de Torrijos. Habrán dejado a su izquierda un monumento bastante horrible del año 1781, que representa a los santos locales curiosamente mezclados con los productos del país. Todo eso además coronado por un San Rafael dorado.
A su derecha está la Mezquita. Al llegar a lacalle Cardenal Herrero que corre frente a la fachada principal de la misma, busquen el No.6, dónde se encuentra el Hotel Residencial Marisa.