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Bien. Dejemos entonces pasar unos años y supongamos que usted regresa de nuevo a la Mezquita, cincuenta años más tarde. El Patio de las Abluciones estaría igual que antes pero la Mezquita se habrá extendido en su sentido longitudinal 8 arcadas gracias a las ampliaciones emprendidas por Abdherraman II en el año 853. Las nuevas columnas también son de diverso origen (Cartago, el teatro romano de Mérida, etc. etc.). De los capiteles, solo 11 son de estilo árabe, esculpidos especialmente para la ocasión. El Mihrab se ha corrido, naturalmente, y está coronado por una hermosa cúpula sostenida por arcos entrecruzados (el lugar corresponde actualmente a la Capilla de Villlaviciosa).. De paso le informo que usted es muy afortunado por ver la Mezquita en su segunda etapa, pues esta nueva parte es la que más ha sufrido la inserción de la Catedral.
Ese disparate fue obra, naturalmente, de Carlos V, un personaje dotado de unarara intuición arquitectónica. Más que rara, rarísima y que le hacía errar casi siempre.
En un acto de arrojo suicida sin precedentes, el Consejo Municipal de laciudad, al enterarse de la decisión real, se opuso a las reformas. Y a tal punto se jugaron que incluso llegaron a amenazar de muerta al albañil que se prestase a demoler la maravil losa obra de los árabes. Claro que su heroica actitud no tuvo la más mínima respuesta ante la decisión demoledora (en todo el sentido de la palabra) de Carlos V, quién, años después en ocasión de una visita a Córdoba, se limitó a comentar lacónicamente:
-Si hubiese sospechado que esto iba a quedar así, hubiese suspendido las obras.
Pero no lo hizo.
Pero volvamos de nuevo a la Mezquita en su etapa árabe. En el año 966 Alhakem II prácticamente la duplicó en tamaño, agregándole aún 15 nuevas arcadas.
Debió desplazar el KIBLÁ (el vestíbulo de Mihrab) hacia el este, y la techó con 3 cúpulas sostenidas por magníficos arcos entrelazados, apoyados a su vez sobre columnas dobles. Le
agregó celosías de mármol y una hermosa decoración en base a mosaicos bizantinos.

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Hay ciudades que se han atenido al precepto bíblico de nacer, crecer y morir. Otras en cambio, como Córdoba, se han empeñado obcecadamente en renacer de sus cenizas como el ave fénix.
Córdoba comenzó su existencia como molino de esos locos fenicios que recorrían los mares en sus endebles embarcaciones. Luego se convirtió en una próspera colonia romana y con el tiempo llegó a ser la capital de Bética, la España romana.
Los vestigios de ese primer período glorioso han sido mayormente reciclados. Por ejemplo muchas de las columnas de la famosas Mezquita son de esa época. Queda sí, el Puente Romano de Octavio Augusto, reconstruido por los moros y luego restaurado varias veces.
Pero si el nombre de Córdoba no está unido a ruinas romanas importantes, al menos tiene el privilegio de haber sido la cuna de Séneca, preceptor de Nerón (por lo cual es un verdadero ídolo para todos aquellos que sostienen que la educación no sirve para nada). Fue un hombre riquísimo que había logrado escapar de la condena a muerte de Calígula argumentando que tenía asma. Un pretexto algo pueril considerando que se trataba de uno de los filósofos más destacados de sus tiempos. Curiosamente le dio resultado y fue indultado. El emperador Claudio, quién sucedió a Calígula luego que éste fuera apuñaleado, lo confinó a Sicilia porque, al parecer, el asma no le impidió mantener un sonado romance con su (de Claudio, claro) tía Julia.
Envenenado Claudio por su mujer Agripina, ésta eligió a Séneca como preceptor de su excesivamente amado hijo Nerón. Y tan bien se llevaron alumno y maestro que incluso Nerón llegó a nombrarlo cónsul. Poco después Nerón lograría superar su complejo de Edipo haciendo asesinar a su madre (¡Qué hermosa era! fueron sus sentidas palabras sobre el cadáver desnudo de Agripina).
Desaparecida su protectora, poco después Séneca fué invitado al suicidio. Esta vez el repetido y poco original argumento del asma no logró salvarlo, así que se empinó la cicuta y se cortó las venas Y para aquellos que sostienen que el suicidio es una inclinación genética, allí está Lucano, primo de Séneca y otro de los famosos hijos de Córdoba. Este cometió el garrafal error de ganar un concurso de poesía donde también intervenía Nerón. Poco después recibió la gentil invitación al suicidio, cosa que cumplió en medio de una alegre fiesta donde, rodeado de público, se cortó las venas sin dejar de recitar sus poemas. Lo más triste es que, por lo que resta de su obra poética, sus versos eran bastante mediocres y realmente no justificaba perder la vida por ellos.
Con la caída del Imperio Romano, Córdoba perdió su importancia y quedó subordinada a Toledo, capital de los visigodos. Pero lejos de marchitarse recordando su esplendoroso pasado, durante el dominio árabe renació con los bríos de una ciudad adolescente. Desde 719 los emires se habían instalado en Córdoba bajo la autoridad del califa de Damasco. En 929 Abdelrraman III se proclama califa y funda el califato de Córdoba. Para entonces la ciudad tiene 300 mil habitantes, una famosa universidad, varios palacios y 300 mezquitas de las cuales queda como testimonio la Gran Mezquita que por sí sola justifica la visita a la ciudad.
Un par de cientos de años más tarde comienza a marchitarse de nuevo con la atomización del califato en pequeños reinos. En 1070 Córdoba es incorporada al reino de Sevilla.
En los caóticos años que siguen, Córdoba aún logra mantener su importancia intelectual gracias al árabe Averroes (matemático, físico, filósofo, médico y yo qué sé que más) famoso por haber hecho conocer a Aristóteles en el Occidente, y el judío Maimónedes. Este último, igualmente inteligente pero mucho más obcecado para desgracia de los demás judíos, se había empeñado en anunciar la llegada del Mesías para el año 1358. Una teoría que era como mentar la proverbial soga en la casa del ahorcado (que en este caso en particular serían dos ahorcados: uno árabe y el otro cristiano). Y aunque los cristianos no necesitaban de sutiles argumentos teológicos para reanudar los progroms (los Anales Toledanos dan cuenta de uno en 1108), pero de todos modos removió la vieja herida producida por la no aceptación de Cristo como el Mesías por parte de los judíos. En cuanto a los árabes, les recordó una promesa hecha supuestamente a Mahoma 5 siglos antes, según la cual, si el Mesías no se asomaba en los siguientes 500 años, los judíos abrazarían la fe musulmana. Como la otra opción era la muerte, muchos (entre ellos Mainómenes) eligieron prudentemente el exilio.
La reconquista cristiana de 1240, lejos de mejorar la situación de la ciudad sumida en un caos político, logró empeorarla. En efecto los trabajos de irrigación de los árabes fueron descuidados,, y la próspera industria del cuero se destruyó poco a poco.