Las tortugas de galapagos

Puerto Ayora y las tortugas gigantes de las Galápagos

Nuestro siguiente destino fue Puerto Ayora. la ciudad principal, en la punta meridional de Santa Cruz. La tripulación aprovechó la oportunidad para acumular suministros básicos, como verduras frescas y fruta, la mayor parte de la cual se tiene que importar del Ecuador continental. En la ciudad hay unos pocos hoteles y bares, y tiendas que parecen sobrevivir con la venta de camisetas. Aquí es donde se aloja la mayor parte del turismo que no forma parte de un crucero que han llegado por avión y organizan su itinerario una vez en las Galápagos.
En Puerto Ayora ese encuentra situada la Estación de Investigación Charles Darwin. en uno de los extremos de la ciudad. La estación cuenta con un centro de información para el parque nacional y presenta exposiciones y diapositivas sobre las Galápagos en general y la obra de la estación Darwin en particular. Cuando se llega por primera vez a las Galápagos debe pagarse una alta entrada al parque nacional pero, extrañamente, ese dinero no va a parar a la estación de investigación, a pesar de que su función fundamental es la conservación y la educación. La estación es una institución sin ánimo de lucro, que debe conseguir todos sus fondos de modo independiente.
El aspecto más públicamente visible del trabajo de la estación es su programa de cría en cautividad de la tortuga gigante de las Galápagos (Geochelone elephantopos). Estos enormes reptiles, que llegan a pesar 300 kilos, cuentan todavía con once subespecies, con conchas de diferentes formas, relacionadas con los hábitats y las islas donde evolucionaron. Los dos tipos principales de concha se han categorizado como abovedada y de silla. Algunas de estas subespecies se encuentran en peligro de extinción y sobre todo un solitario ejemplar de isla Pinta, conocido como «Solitario Jorge», que tiene más de cien años de edad y para el que, desgraciadamente, no se ha podido encontrar pareja. Se han introducido un par de hembras similares, sin ningún resultado.
Con algunas de las otras especies han tenido más suerte y se calcula que habrán liberado a unas 1.800 tortugas desde el inicio de su programa en 1965 hasta el año 2000. Pueden verse los corrales de cría, donde se alimentan docenas de tortugas diferentes en todas las fases de desarrollo, preparándolas para su eventual liberación. Uno de los corrales más grandes tiene media docena de individuos adultos rescatados de una vida como animales de compañía. A uno de ellos se le encontró cuando era utilizado como blanco para la práctica de tiro y su concha todavía muestra las cicatrices de los impactos de bala. La situación es algo lamentable-, pero es la mejor oportunidad para acercarse a estos animales y apreciar lo grandes que son. Se les puede ver en el interior montañoso de la isla, en libertad, excepto cuando descienden a las regiones áridas durante la temporada anual de apareamiento. Se marchan entre enero y febrero y los machos regresan en julio, mientras que las hembras lo hacen después de haber desovado en agosto. También se las puede ver en la isla Isabela, sobre todo si se hace una excursión al volcán Alcedo entre junio y diciembre, pero la visita a ésta sólo se incluye en el itinerario de los cruceros muy largos o en las visitas organizadas.
A la mañana siguiente subimos a las tierras altas, en Santa Cruz y fue toda una experiencia diferente el ver estas enormes tortugas de conchas abovedadas, desplazándose sobre terrenos agrícolas, en lugar de sobre confinados corrales de cemento. También tuvimos la oportunidad de visitar los cráteres donde enonnes secciones de la superficie de la tierra se han colapsado y hundido, y ver el bosque Scalesia, un ejemplo de tierras altas envueltas en musgo, lleno de insólitas aves, como el pa-pamoscas bermellón (Pyrocephalus vubinus) y la lechuza de oreja corta (Asió jlammeus).