PIAZZA SAN MARCO

Si ustedes un ser humano dotado de sensibilidad artística y no un boñato. tire su valija por cualquier lado (dentro de la habitación, se entiende) lávese rápidamente los dientes y precipítese a la PIAZZA SAN MARCO para disfrutar de una de las maravillas turísticas del mundo.
Es difícil tratar de describir o siquiera entender cuál es el mágico encanto de esa explanada trapezoidal cubierta en cada centímetro cuadrado por un centímetro cuadrado de turista más otro centímetro cuadrado de paloma. Se trata de un espacio irregular rodeado de edificios aún más irregulares. Una magnífica basílica bizantina se codea con un extraordinario Palacio ducal gótico, unas interminables arcadas renacentistas y una torre románica reconstruida.
Sin embargo, la suma de todos esos edificios de valor y estilo tan dispar, más el conjunto abigarrado de turistas y venecianos ociosos, agregado a esa nube de palomas que desde hace siglos y siglos se siguen sobresaltando cada hora todo, envuelto en un aire de una luminosidad increíble y acompañado por la música de una orquestita que toca melodías románticas para los parroquianos del Florian, produce un efecto de una belleza pocas veces igualada
Desde que Venecia es Venecia. la Plaza San Marcos ha sidoel corazón de la ciudad. Allí se desarrollaban acontecimien-tos cívicos, religiosos y otros de carácter más íntimo a juzgar por un Acta de 1315 que dice: ” .que son muchas las cosas vergonzosas y deshonestas que se cometen bajo el pórtico de San Marcos y también en la misma Iglesia”
Cuando se llevaban a cabo los famosos torneos que reunían hasta 60.000 personas (la mitad de la población), la Plaza se vestía de fiesta. Se la decoraba con escudos y banderas y para mayor
comodidad del Duque y los invitados privilegiados, se levantaba un palco sobre el pórtico. Porque hay que reconocer que desde siempre Venecia se preció de tener visitantes de campanillas. Por ejemplo en 1362 llegó el Rey de Chipre quien incluso llegó a romper una lanza en el torneo. Mis tarde llegaron Carlos TV, los distintos soberanos italianos, los archiduques de Austria y los emperadores de Constantinopla.
No es de extrañar entonces que en ningún lado del mundo se gastara tanta fortuna en lujosas vestimentas como en Venecia. Y tan grande llegó a ser ese despilfarro que hasta la Iglesia se vio obligada a intervenir. Ante eso las indignadas damas venecianas se dirigieron al Santo Padre pidiendo autorizacion para lucir sus joyas “tanto por el honor de sus casas como por el cuidado de su propia belleza”
Otro espectáculo popular que el Duque solía presenciar desde los balcones del Palacio Ducal, lo constituía una especie de corrida de toro, donde, sin embargo, en lugar de torero el toro era atacado por perros furiosos.
Las festividades religiosas cuyo centro era la Basílica eran naturalmente también numerosas. Se destacaban las cuatro que celebraban las apariciones y desapariciones de los huidizos restos mortales del Santo. Este, que como y a se dijo, había sido traído de contrabando desde Egipto, fue cuidadosamente ocultado en la Iglesia para evitar que alguien (¿quién?) lo quisiera hurtar. Y al igual como nos pasa a todos cuando queremos esconder algo con especial cuidado, también San Marcos fue tan hábilmente escondido que ya nadie lo pudo encontrar. Y así pasaron los años hasta que en el siglo XI, milagrosamente volvieron a asomar sus restos.