Paseando por la ciudad de venecia

A su derecha verán una cúpula verde con cierto aire de enorme pajarera. Se trata de la Iglesia de San Simeón Menor construido alrededor de 1720 por Giovanni Scalafrotto quien seguramente no ha de pasar a la posteridad por esta obra.
Rápidamente den vuelta la cabeza hacia la izquierda si quieren ver el Puente y la Iglesia dei Scalzi (descalzos, lo que demuestra que la intuición desde el punto de vista idiomático pocas veces resulta). De todos modos tampoco ésta Iglesia constituye un hito en la historia de la arquitectura.
Un poco más adelante pasarán por el Palazzo Flangini del siglo XVII y la Iglesia de san Geremía de la cual se ve el ábside y la fachada lateral. Fue construida en el siglo XI, y destruida en el XVIII. A continuación verán que el Gran Canal se abre en un brazo atravesado por el Ponte degle Guglie. Entre la Iglesia de San Jeremías y el Puente se levanta el Palazzo Labia del siglo XVIII conteniendo célebres frescos del Tiépolo.
Al norte del siguiente tramo del Canal se extiende el GHETTO, donde a partir de un decreto del Senado (1516) fueron confinados los judíos que se habían ido estableciendo en la Isla de la Giudecca. El mismo decreto les prohibía ejercer ciertas profesiones, los obligaba a vestir de amarillo y les imponía fuertes impuestos.
Aparentemente a pesar de ese color tan poco sentador y los gravámenes aún menos agradables, los judíos prefirieron la vida en Italia a la de otros lugares más hostiles. Y fueron tantos los que se establecieron allí que pronto se hizo necesario construir edificios cada vez más elevados. Y aún hoy es esta la zona de la ciudad con la edificación más elevada (hasta seis pisos). Lejos de la cierta prosperidad del que llegó a disfrutar, el ghetto es hoy en día una de las zonas más pobres de Venecia. Curiosamente la palabra ghetto se habría originado precisamente debido a que en esta zona abundaban las fundiciones (getare). Curiosamente, digo, porque a los judíos les estaba prohibida esa tarea y porque otros lingüistas opinan que gheto proviene de “ghet” que en términos rabínicos significa”separar”. O sea que la etimología está lejos de ser una ciencia exacta.