Guadalquivir

guadalquivir

Bien. Terminada la visita del Alcázar, podrán recorrer lentamente la orílla del Guadalquivir, aspirando el aire perfumado, mientras las luces de la ciudad se van encendiendo lentamente y…
¿Cómo?
¿Que tiene hambre?
Evidentemente usted es un romántico incurable, mi amigo.
Lamentablemente son apenas las 19:00, así que si el aire perfumado le da hambre, trate de respirar por la boca y de todos modos vaya caminando por la orilla del río. Al llegar al Puente Romano, crúcelo, observando de paso en el agua los restos del molino árabe (Abolafia) que elevaba el agua para los jardines
del Alcázar. A mitad del puente se topará con su infaltable San Rafael. Sobre la otra orilla verá LA
CALAHORRA
, fortificación árabe ampliada por Enrique II (antes de serlo), para defenderse de su hermanastro, nuestro viejo conocido el rey Pedro el Cruel, aquién finalmente asesinó en Montiel. Y si usted es de aquellos ingenuos que creen que los cambios históricos se realizan al son de frases solemnes, le voy a trascribir las cariñosas palabras con que don Enrique, bastardo de Alfonso I, recibió a don Pedro.

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