INTI PUNKU

INTI PUNKU Y MACHU PICCHU
Ya se veían las primeras señales del alba cuando salimos de Wiñaywayna, poco después de las 5.00 horas. Me habían dicho que se tardaba unas dos horas en alcanzar a Inti Punku. la Puerta del Sol, lo que significaba que había que esforzarse mucho para llegar allí para la salida del sol. El sendero está oficialmente cerrado antes de las cinco y por buenas razones, ya que es estrecho, potencialmente resbaladizo y de duro recorrido, y sería peligroso caminar por la noche. Me esforcé y me sorprendí al subir los últimos escalones que conducían a la puerta unos 50 minutos después de emprender la marcha. El sendero está flanqueado por piedras geométricamente cortadas, los restos de los edificios incas. En lo alto, me uní a la numerosa gente que se había reunido allí, sentada en silencio bajo el frío de la mañana, a contemplar la increíble vista. Y esa vista era todo lo que había esperado que fuese. Por de bajo de donde me encontraba, encaramado sobre una plataforma que da al valle de Urabamba, se alzaba el Machu Picchu. cuando se hizo de día, las alargadas sombras se fueron desplazando y los rayos del sol iluminaron la silueta de la ciudad. Poco a poco se fue revelando todo el esplendor del lugar.
Esta extraordinaria ciudad fue redescubierta por el arqueólogo estadounidense Hiram Bingham en 1911. En aquella época estaba cubierta por la jungla, perdida en todos los senl idos para el inundo. Ahora (pie se ha dos pejado de vegetación, puede verse toda la extensión de la ciudad. Las terrazas con muros de piedra descienden por los lados del acantilado como escaleras gigantes. Las callejas conducen a templos de dos niveles, altares y piedras sagradas, y a extraños edificios cuyas retorcidas estructuras incorporan la roca viva.
Nadie conoce realmente la historia que se esconde tras esta ciudad misteriosa, que parece ser fue ocupada y abandonada en el término de cien años. Existen numerosas teorías semi-científicas, y algunas fantásticas. Algunos expertos dicen que Machu Picchu data de un período anterior al Inca y hay quienes incluso atribuyen su creación a los extraterrestres. El estilo arquitectónico de la sillería, sin embargo, corresponde al último período del Imperio inca (es decir, después de 1438). No se conocen niel propósito de la ciudad ni la razón de su declive. Una escuela de pensamiento sugiere que fue un templo ocupado por las sacerdotisas, las vírgenes del Sol; ciertamente, la elevada proporción de esqueletos femeninos desenterrados da cierto crédito a esta teoría, pero las pruebas de mortalidad causada por enfermedades venéreas arrojan cierta sombra sobre la idea de que se trataba de vírgenes sacerdotisas. Otros estudios sugieren que fue la capital de una república separatista, brutalmente destruida por los incas y eliminada de la historia oral, lo que explicaría que Machui Picchu se hubiera «perdido» en el momento de la conquista. Hiram Bingham estaba convencido de que la ciudad era una fortaleza estratégica para la defensa, pero ahora suele creerse que fue un centro administrativo, ceremonial y espiritual, con importantes conexiones con la producción agrícola.
Contemplamos la salida del sol sobre Machu Picchu en la mañana del cuarto día y estoy seguro de que el hecho de haber recorrido el sendero del Inca para llegar hasta allí intensificó cada uno de sus mágicos momentos. Se trata de una experiencia tan abrumadora que cuando se desciende a las ruinas desde la Puerta del Sol. lo único que se desea es sentarse y contemplar. Se tardan varias horas en explorar las ruinas de la ciudad con un guía para empezar a apreciar un poco lo que se está viendo.
Caminé, observé, juzgué y finalmente vi todo lo que pude absorber. Luego, subí al microbús que serpentea por curvas cerradas hasta la ciudad de Aguas Calientes en el valle de abajo, a ocho kilómetros de Machu Picchu. Después de una pizza y una cerveza me dirigí a los baños calientes que dan nombre a la ciudad. Me sumergí en el agua caliente humeante que brotaba de las fuentes termales naturales, desprendiéndome de los dolores de mi largo y a veces húmedo y frío paseo. No tenía ninguna preocupación en el mundo, excepto tomar la gran decisión: ¿tomar el tren que muele los huesos durante cuatro horas y media hasta regresar a Cuzco o el helicóptero que regresa al Llaves Cruzadas a tiempo para tomar una copa?