Galapagos islas

Cuándo ir
Puede visitar las Galápagos en cualquier época del año, pero los cruceros ofrecen unos precios algo más baratos en temporada baja, los meses de mayo, junio, septiembre y octubre. La fauna se puede observar durante todo el año, pero como las temporadas de apareamiento y nidificación varían para cada especie no hay ninguna época perfecta para verlo todo, y debe usted comprobar las fechas si tiene interés específico por algo. La temporada de las lluvias es de enero a mayor y la temporada seca de junio a diciembre. Pueden producirse fuertes chaparrones en la temporada de las lluvias, aunque debería haber períodos soleados. En la temporada seca abundan nieblas y nubes. Hace calor ludo el año, pero más con las lluvias, sobre todo en febrero, cuando las temperaturas pueden alcanzar niveles superiores a los 30 °C. Si no le gusta navegar, tenga en cuenta que el mar puede estar muy agitado entre agosto y octubre.

Galápagos

Iguanas, albatros y alcatraces de patas azules

Fondeamos al otro lado de la isla, en Punta Sears, y desembarcamos sin mojarnos para el que resultó ser el mejor paseo del viaje. Allí mismo, en el embarcadero, los cangrejos rojos destacaban en nítido contraste con las rocas negras. Las iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus), con su negra piel moteada con manchas rojas y verdes, se amontonan sobre las rocas, unas sobre otras. Estas iguanas, los únicos y verdaderos lagartos marinos que existen en el mundo, alcanzan un metro de longitud y pueden pesar varios kilos. Hay diferentes subespecies en el archipiélago, pero las de
Española son las más vistosas pues mantienen parte de su moteado rojo durante todo el año, mientras que la mayoría de las subespecies son negras, excepto en la temporada de apareamiento.
Seguimos el sendero que se alejaba de las iguanas, para acercarnos a los nidos de los alcatraces enmascarados y los habitantes más famosos de las Galápagos, los alcatraces de patas azules. No está permitido salirse del camino y los guías comprueban que no se toque a los animales o se les incomode de algún modo. No obstante, y como no se molesta fácilmente a las aves y a menudo ponen los nidos en medio del camino, puede uno acercarse mucho a ellos para fotografiarlos más de cerca. Naturalmente, está prohibido utilizar flash, ya que eso podría molestarlos, pero si el tiempo está nublado aún podrá tener una buena oportunidad de conseguir una magnífica foto de un ave empollando los huevos o incluso hasta bailoteando cómicamente sobre las patas palmeadas de un brillante color azul.
Como si los alcatraces no despertaran suficiente interés, en este lugar también anidan masivamente los albatros (Diorineda inorata). Estas magníficas aves cruzan el aire con sus alargadas y delgadas alas, con una elegancia que no se corresponde con su pesado cuerpo; pero cuando se i rala de aterrizar, son divertidamente torpes. Para emprender el vuelo utilizan loque sólo so puede describir como una pista, situada cerca de lo alto de un acantilado. Avanzan pesadamente a lo largo de la pista, cobrando velocidad gradualmente hasta que caen al llegar al final y una vez en el aire ya son capaces de demostrar su dominio del medio aéreo. Los aterrizajes son igualmente poco elegantes y parecen depender por completo de la casualidad: con las alas aleteando rígidamente y batiendo las patas, se dejan caer al suelo y se mueven pesadamente hasta detenerse con toda la gracia de un avión estropeado.
Su cortejo es increíblemente fascinante y supone desplegar una compleja danza de pasos laterales y giros de cuello, para luego encontrarse frente a frente con picos que se abren y cierran con rapidez y que parecen entablar un duelo. Una vez más, toda esta actividad se desarrolla a muy pocos pasos del camino, de modo que tendrá oportunidades para fotografiarla; pero si está interesado por los albatros debe saber que la mayoría abandonan el lugar hacia mediados de diciembre y no regresan hasta finales de marzo.

Las islas galapagos

Un nuevo mundo
Poco después de que llegáramos. Alejandro, un chef excelente, nos sirvió un rico almuerzo: pescado en ajo y coriandro y patatas en una salsa blanca con bacon, seguido de una suculenta pina fresca. Levamos ancla y zarpamos con motor hacia la bahía de Las Bacilas en la costa norte de la isla Santa Cruz, a me dia horade Baltra. Las pequeñas embarcaciones utilizadas para desembarcar se llaman aqui pangas y la nuestra era un pequeño bote de madera, en concordancia con el Sulidae. Algunos de los lugares a visitar tienen pequeños embarcaderos, de modo (pie se puede desembarcar de ia panga directamente en terreno seco; en otros lugares hay que bajarse del bote en la playa y mojarse. Éste fue un desembarco pasado por agua y para los que no lo hicieron del todo bien, fue realmente muy mojado.
No tuvimos ninguna necesidad de buscar la fauna. Nos vimos rodeados inmediatamente por ella. Las fragatas (Frigale magnificens) volaban sobre nosotros, los pelícanos pardos {Pelecanus occidentalis) cruzaban la playa, deslizándose a pocos centímetros del agua y recorriendo la superficie con los picos para capturar los peces; los alcatraces de patas azules (sula nebouxii) volaban todavía más alto y luego se lanzaban a toda velocidad para cobrar su presa. Los cangrejos, de un brillante (olor rojo, extrañamente conocidos como Sally piesligeros (Grapsusgrapsus), parecían bailotear de puntillas sobre las rocas; los pálidos y translúcidos cangrejos fantasma de la familia de los ocypodíis (especie Ocypode) salían ávidamente de agujeros hechos en la arena y desaparecían de inmediato en cuanto detectaban el menor movimiento. Los lagartos lava (especie Tropidivius) se apresuraban de un lado a otro y las iguanas marinas tomaban el sol (Amblyrhynchuscristatus).
En apenas un par de horas de estancia en Santa Cruz vimos la gaviota más rara del mundo, la lava {Larusfuliginosus), los flamencos más grandes (Phoenicopterus ruber) que se alimentaban filtrando el agua mientras avanzaban por una laguna de aguas superficiales, los cactus opuntia gigantes (Opuntia echios), y bosquecillos de manglares negros cuyas hojas segregan pequeños cristales de sal, como producto de un extraordinario proceso de au-todestilación. Pudimos efectuar incluso nuestra primera inmersión en la bahía y ver rayas de la variedad Urotrygon así como otras especies marinas exóticas. Había vida por todas partes y Mónica describió los habitáis, ciclos vitales y comportamientos, la interacción de las especies, las plantas y algas características de la zona, y hasta la geología de la arena sobre la que nos encontrábamos.