Barcelona

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En ocasión de las fiestas navideñas que se aproximaban, una conocida tienda de Barcelona armó una vistosa vidriera para exhibir su oferta de regalos para los pequeños. Más que una vidriera, aquello era un verdadero espectáculo con graciosos muñecos parlantes en medio de una escenografía de campanillas que representaba al país de los Liliputenses. En medio de la pequeña ciudad un Gulliver gigantesco charlaba con sus minúsculos habitantes ante la fascinación de los pequeños espectadores que se apretujaban ante el escaparate. Esta tierna escena no tendría nada de particular si no fuese por un pequeño y sumamente significad vodetalle: Gulliver hablaba en catalán mientras que los liliputenses le respondían en castellano.
Esta anécdota pinta de cuerpo entero a los catalanes y su visión del resto de España. Claro que hay muchos otros rasgos que (con una dosis de envidia por su prosperidad) se les adjudica a los catalanes. Por ejemplo, se les considera unos terribles tacaños. Naturalmente esas generalizaciones suelen ser sumamente arbitrarias y suele suceder con ellas lo mismo que con la sífilis, enfermedadque los franceses llamaban el mal italiano, los italianos el mal francés, los ingleses el mal español y así sucesi vamente. Y vaya como ejemplo el que en España a los gallegos se les considera como paradigma de indecisión. Por lo cual, todos los chistes de gallegos ridiculizan su falta de determinación. De lo cual se desprenden dos cosas:
1) En lo posible evite todo tipo de simplificaciones racistas.
2) Absténgase de contar sus repetidos chistes de gallegos en España. No le van a hacer la menor gracia a nadie.
En fin. Para hacer algo sumamente original, empecemos con su llegada a Barcelona.
¿Cómo llegó usted a Barcelona?
El problema es que no tengo la más mínima idea Por lo que sé pudo haber tomado un tren, un autobús, unaviónoautomóvil. Cada una de estas cuatro posibilidades lamentablemente se di vide en varias más según donde se embarcó en cada uno de estos medios de transporte.

Por ejemplo, en Barcelona no hay una única terminal de autobuses. O sea que, usted puede estar parado en este momento en cualquier punto de la ciudad según la empresa que haya elegido y el lugar dónde lo haya tomado.
En cuanto al ferrocarril la cosa se simplifica, pero aun así hay tres estaciones de las cuales la mis moderna es la de Sants, lo cual, naturalmente, no quiere decir que usted haya llegado allí.

España

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Luego de un reparador viaje aéreo desde New York, usted…
¿Eh? ¿Que no fue un viaje reparador? Y bueno. Esos son los riesgos que se corren al elegir un asiento de primera fi la. Yo solamente le dije que ese es el lugar más cómodo para estirar las piernas. A usted se le podría haber ocurrido que por extensión también es el lugar más cómodo para los que viajan con bebés. Ahora debo admitir que usted tuvo-realmente- mala suerte porque por aquella vieja ley de las probabilidades, no era nada previsible que le tocara viajar con mellicitos en el asiento vecino.
En fin, luego de hacer la correspondiente cola, intérnese en el baño del avión e intente rasquetear de su ropa la papilla de zanahoria y de disimular las marcas de diez deditos grasosos sobre su camisa. No se olvide que los funcionarios de la Inmigración Española son descendientes directos de los oficiales de la Santa Inquisición, de modo que es importante que les presente el aspecto menos deplorable posible.
A salvo de su ira, gracias a su edad, la visa de los Estados Unidos y su tarjeta de crédito, usted pasará la Aduana. Como no me hizo caso y en lugar de un cómodo bolso que podría llevar consigo a bordo, debió despachar su valija con sus trofeos de Macy’s, ahora se verá obligado a esperar que le bajen su equipaje. No se sorprenda de que su valija sea la última en llegar. Eso nos pasa a todos.
Bien. Salvo el pequeño cortecito que provocó en su valija el borde filoso de la tabla de cortar carne, y a estará pronto para iniciar la conquista de España, apenas haya acomodado los calcetines que se asoman por dicho agujero.
Una vez en el hall de arribo del Aeropuerto de “Barajas” eche una mirada irónica a los taximetristas apostados a lasalida acechándolo y diríjase con pasos seguros al autobús que lo transportará al centro de Madrid.