Marché aux Puces

OPCIÓN B
De todos modos, si desde que levantó el baño de su apartamento por tercera vez usted odia la arquitectura moderna y/o no es aficionado a la necrofilia, puede cambiar la Defense y Pére Lachaise por una visita al Marché aux Puces (Mercado de Pulgas) junto a la Porte de Clignancourt (última estación del metro del mismo nombre).
Eso, siempre y cuando su cuarta jornada coincida con un sábado o domingo. Si no coincidiera, hágalo coincidir. Usted me conoce y sabe que no soy un ser esquemático. O sea que si fuese su’ “DÍA DOS” el que cayera en un domingo, lo autorizo a que escriba encima (con lápiz borrable) “DÍA CUATRO” y viceversa (si no, se va a encontrar repitiendo el mismo paseo dos veces). Luego tome el metro a Porte de Clignancourt.
Verán que la diferencia esencial entre el Marché aux Puces y el Rastro madrileño o sus congéneres más próximos reside en que allí hablan francés y en el carácter permanente de unas casuchas de madera. Por lo demás también ahí hay objetos valiosos y reverendas porquerías. En cuanto a encontrar un Picasso o un Renoir entreverado entre láminas viejas sin valor, tiene la misma chance que descubrir que su mujer es la Princesa Anastasia heredera de la fortuna Romanoff.
Terminada la visita, tomen el metro hasta la Place de l’Opera para, de allí, conectar con el autobús a Versailles.