Mezquita de Cordoba
Supongamos por un instante que estamos en el año 800 y que usted es un peregrino árabe que visita la ciudad. En ese hipotético caso, usted natural mente querría orar en la famosa Mezquita a la cual penetrará por la Puerta que ocupaba el lugar de la del Perdón. Se encontraría entonces en el PATIO DE LAS ABLUCIONES (que para eso estaba destinado el patio, y no para naranjal). Se quitaría los zapatos, se lavaría los pies y luego….
Si. Se lavaría los pies. Pero no lo tome como una ofensa. Se trata de una costumbre, no una medida higiénica. Acuérdese que está en el siglo VID, o sea que faltan aun 12 siglos para que se inventen los championes. Digamos que se trata de una especie de acto de purificación espiritual.
Mire a su alrededor. ¿Ve que el patio es sensiblemente más pequeño que el de ahora? Lo que sucede es que la galería de la izquierda se hallaba corrida a una posición equidistante con respecto a la Puerta del Perdón. Frente a usted se extienden las 11 majestuosas naves de la Mezquita de Abdehirraman I, pues los muros que se levantarían luego de la reconquista, aun no existían. Por lo tanto, desde el patio, se disfrutaba de la hermosa perspectiva de un verdadero bosque de 110 columnas de mármol y granito con capiteles romanos, paleocristianos bizantinos y yo qué sé qué. Cosa que a usted, que no sabría (que no sabe, en realidad) gran cosa de estilos, seguramente no le llamaría mucho la atención. Lo que sí lo dejaría con la boca abierta, sería la asombrosa innovación del doble arco (superior de medio punto e inferior de herradura) para elevar la altura a casi 10 metros del piso alfombrado.
Al sonar el llamado del Muezzim, usted se inclinaría reverentemente en el sentido del Mihrab ubicado frente a usted sobre el muro que cerraba la Mezquita y que se elevaba aproximadamente a dónde comienza hoy en día la Catedral.





