Museo del Prado

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El plúmbeo edificio neoclásico(1819) a su derecha es el MUSEO DEL  PRADO, con una pinacoteca justamente famosa y (a diferencia de otros museos más caóticos, como el Louvre por ejemplo), bien distribuida. El Museo abre de 10 a 17 horas y es inútil que espere al domingo para visitarlo porque también ese día se cobra entrada con la desventaja adicional de que se cierra a las 14:00 horas. ¿Cuánto tiempo tiene que permanecer en el Museo? ¿Y qué quiere que le diga?
Si usted es capaz de quedarse horas y horas mirando la nada con una caña en la mano esperando que un desgraciado pez decida suicidarse, en proporción debería mudarse al Museo del Prado para el resto de sus días.
De todas formas, como supongo que usted ni bajo tortura sería capa/ de distinguir un cuadro original, de una miserable copia, calculo que unas 2 o 3 horas le bastarán para trabaí conocimiento con los Goya yVelázquez,que son el orgullo del Prado. Luego, cuando se sienta desfallecer de hambre, deje la cultura y regrese a la Carrera de San Jerónimo. Allí procúrese algún negocio de alimentos y compre pan, salchichones, y alguna bebida. Claro que eso podría haberlo hecho antes de entrar al Museo. Pero entonces su máquina de lotos, su bolso y usted, probablemente, hubiesen apestado a salchichón por el resto del viaje.
Si, a pesar de la sonrisa condescendiente con que observa las frivolidades mundanas, usted es de aquellos que en el Consultorio del dentista se disputan la Revista Hola, entonces le aconsejo que visite al suntuoso Hotel Palace, que se levanta a la derecha de la Carrera San Jerónimo.
Penetre al lobby con paso firme, pues toda vacilación será correctamente interpretada por ese señor con aspecto de general galardonado, que en realidad es el portero del hotel, quien, en tal caso le impedirá la entrada.
Atraviese el lobby echando una mirada distraída al jet set. ministros, artistas de cine. etc. que se cruzarán con usted. Al llegar a la encantadora galería techada con un artística cúpula de vidrio, siéntese en uno de los mullidos sillones y escuche la orquesta que toca alguna melodía romántica, acorde con el lujo finisecular del lugar. Luego, salga con dignidad antes de que el portero, atraído por el olor a salchicha, intente echarlo

Museo metropolitano

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¡Las 9 de la mañana! ¡De una hermosa mañana y usted aún en la cama!
¿Qué es lo que le pasa ahora? ¿Las pantorrillas, eh? ¿O sea que, a pesar de mi consejo contrario, usted por puro instinto gregario siguió a todos esos turistas que (sin el beneficio de esta guía) se empecinaron en subir los interminables no-sé-cuántos escalones que adornan por dentro la Estatua de la Libertad?
Bueno. No es para tanto tampoco. Tómelo como un ejercicio preparatorio para su viaje por Europa cuando no pasará día sin que deba escalar algún campanario, torre o monumento (justificadamente, claro).
¿Que no pudo dormir? ¿Se desveló? Y bueno, supongo que la mayoría de los que escalan la Estatua de la Libertad, tienen por la noche igual pesadilla: la de sentir deseos de ir a un baño en medio de la ascensión, con cientos de miles de turistas subiendo la misma angosta escalera, encima de usted, y otros tantos por debajo. Pero los sueños son solo sueños. Espero.
En fin. Teniendo en cuenta su calamitoso estado físico le tengo preparada una jornada realmente tranquila, así que tome su desayuno y luego vuelva a su habitación para lavarse los dientes. Ese hábito de higiene que sin embargo hace perder preciosos minutos, es aconsejable al menos una vez cada tanto en beneficio de sus dientes. Bien, siendo las 9 y media, vista su ropa de fajina y salga a disfrutar de la vida.
Diríjase al norte por la avenida que más le plazca.
Si. Puede ser porla Quinta Avenida, pero el turista inquieto al que está destinada esta guía puede desear conocer alguna otra avenida también ¿no es cierto? Llegado a la calle 59 (otra vieja conocida) remonte hasta la Quinta y bordee el Central Park aspirando profundamente el aire puro.
Siga caminando, mirando los lujosos edificios a su derecha o los frondosos árboles a su izquierda hasta la calle 82 donde se encuentra el METROPOLITAN MUSEUM OF ARTS. Recórralo, lo que es como decir “suba al Everest “porque es un Museo enorme lleno de obras importantes. De todos modos hay que intentarlo. Al menos para darse cuenta que caminar por un museo puede ser mucho más cansador que caminar por las calles. Se va a topar con viejos conocidos (La vista de Toledo de El Greco, algunas bailarinas de Degas, varios autorretratos de Rembrandt, unos espléndidos Flamencos, etc. etc.).
La colección de arte egipcio está (por supuesto) en un templo egipcio comprado y reconstruido piedra por piedra dentro del Museo. Felizmente la baja en el valor adquisitivo del dólar evitó que trasladaran al Metropolitan, la Torre de Pisa o el Alhambra. Coma algo en la cafetería del Museo.

Museo

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¡Las 8 y 30 y usted aún pegado a las sábanas!?
Sí. Claro que sé que está lloviznando, lo que no me sorprende para nada. Y tampoco debería sorprenderlo a usted. Al menos si se hubiese tomado la molestia de leer al final del libro las particularidades del clima en cada lugar bajo el título de “Cuándo viajar“.
¿Y qué? ¿Se va a dejar amilanar por una inocente lluviecita?
¿Se le van a estropear los zapatos? ¿Escuché bien? ¿Dijo… “zapatos”? ¿O sea que tampoco leyó las “Indicaciones para la vestimenta” que hemos escrito en su beneficio, en donde le recomendamos prescindirde los zapatos y viajar con un par de cómodos championes?
De todos modos no se asuste. Gracias a la lluvia hoy le espera una jornada sumamente descansada de modo que ni usted ni sus zapatos sufran deterioro alguno. En cuanto a ese dolorcito que siente en las piernas, seguramente es consecuen-cia del descanso, así que apenas comience a caminar y a calentar los músculos se le va a pasar. Por lo tanto abra los ojos con optimismo, tome su desayuno y salga a la calle pletórico de entusiasmo.
¿Ampollas en los pies? Unas ampollitas, querrá decir. Y bueno, con gajes del oficio de turista. Póngales unas curitas y… ¿o me va a decir que no trajo curitas? ¿O sea que tampoco leyó “Lo que no debe faltar en su equipaje”? Usted me desilusiona, mi amigo. Bueno, pero de todos modos el problema no es grave, así que vaya a cualquier Drug Store y pida una caja de 100 curitas (las va a necesitar) que se expenden bajo el nombre de “Aid Bands“.
Bien. Una vez en lacalle. provisto de su paraguas plegable, tomará por la Quinta Ave. y se dirigirá al Norte (espero que a esta altura usted conozca a New York como la palma de la mano, así que basta de “doblar a la izquierda u otras indicaciones infantiles por el estilo”).
A unas pocas cuadras sobre la calle 53 (entre la Quinta y la Sexta Av.) se encuentra el MUSEO DE ARTE MODERNO. Recórralo mientras termina de despabilarse. Eso, siempre y cuando la mañana lluviosa no coincida  con el día en que dicho Museo permanece cerrado, cosa que usted notará enseguida al llegar, porque doy por descontado que no se molestó en leer en “Indicaciones útiles” cuando y a qué hora abren los museos de New York. El Museo de Arte Moderno tiene una colección realmente importante, y aunque usted no sea un fanático del arte moderno, igual va a disfrutar encontrarse cara a cara con algunas obras famosas (por ejemplo las venerables Señoritas de A vignon de Picasso, que resultaron ser unas damas de malas costumbres) etc. etc. El gran ausente es el Guernica que regresó, democracia mediante, a Madrid.