Museo metropolitano

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¡Las 9 de la mañana! ¡De una hermosa mañana y usted aún en la cama!
¿Qué es lo que le pasa ahora? ¿Las pantorrillas, eh? ¿O sea que, a pesar de mi consejo contrario, usted por puro instinto gregario siguió a todos esos turistas que (sin el beneficio de esta guía) se empecinaron en subir los interminables no-sé-cuántos escalones que adornan por dentro la Estatua de la Libertad?
Bueno. No es para tanto tampoco. Tómelo como un ejercicio preparatorio para su viaje por Europa cuando no pasará día sin que deba escalar algún campanario, torre o monumento (justificadamente, claro).
¿Que no pudo dormir? ¿Se desveló? Y bueno, supongo que la mayoría de los que escalan la Estatua de la Libertad, tienen por la noche igual pesadilla: la de sentir deseos de ir a un baño en medio de la ascensión, con cientos de miles de turistas subiendo la misma angosta escalera, encima de usted, y otros tantos por debajo. Pero los sueños son solo sueños. Espero.
En fin. Teniendo en cuenta su calamitoso estado físico le tengo preparada una jornada realmente tranquila, así que tome su desayuno y luego vuelva a su habitación para lavarse los dientes. Ese hábito de higiene que sin embargo hace perder preciosos minutos, es aconsejable al menos una vez cada tanto en beneficio de sus dientes. Bien, siendo las 9 y media, vista su ropa de fajina y salga a disfrutar de la vida.
Diríjase al norte por la avenida que más le plazca.
Si. Puede ser porla Quinta Avenida, pero el turista inquieto al que está destinada esta guía puede desear conocer alguna otra avenida también ¿no es cierto? Llegado a la calle 59 (otra vieja conocida) remonte hasta la Quinta y bordee el Central Park aspirando profundamente el aire puro.
Siga caminando, mirando los lujosos edificios a su derecha o los frondosos árboles a su izquierda hasta la calle 82 donde se encuentra el METROPOLITAN MUSEUM OF ARTS. Recórralo, lo que es como decir “suba al Everest “porque es un Museo enorme lleno de obras importantes. De todos modos hay que intentarlo. Al menos para darse cuenta que caminar por un museo puede ser mucho más cansador que caminar por las calles. Se va a topar con viejos conocidos (La vista de Toledo de El Greco, algunas bailarinas de Degas, varios autorretratos de Rembrandt, unos espléndidos Flamencos, etc. etc.).
La colección de arte egipcio está (por supuesto) en un templo egipcio comprado y reconstruido piedra por piedra dentro del Museo. Felizmente la baja en el valor adquisitivo del dólar evitó que trasladaran al Metropolitan, la Torre de Pisa o el Alhambra. Coma algo en la cafetería del Museo.