El pantanal brasil

Vaqueros y caimanes
Aparte de su cercanía a una naturaleza abundante, el principal haber del Refugio Ecológico Caimán es el personal entusiasta de biólogos y naturalistas bilingües, llamados caimaneras, y sus guías locales de campo, gentes que han crecido y vivido en el Pantanal, que conocen la tierra y sus habitantes como si fuera a su propia familia. Juntos dirigen las excursiones, los safaris en camión, las excursiones a caballo y las travesías en barca por Vdfazenda. ofreciendo la información de fondo y el contacto personal capaces de transformar el recorrido por unos pantanos plagados de mosquitos en una aventura fascinante.
A las seis y media de cada mañana se toca una campana que llama a todos los clientes al desayuno y 30 minutos más tarde se inician las excursiones matinales, antes de que el fuerte sol se eleve demasiado en el cielo. En temporada alta, cuando el albergue está lleno, hay una serie de excursiones entre las que elegir, todas ellas detalladas en un tablero de anuncios situado en el patio, junto a la piscina. Cerca hay una fotografía de Harrison Ford con los caimañeros, un recuerdo de la visita de Ford como miembro del consejo de Conservación Internacional.
El caimanero que nos dirigió esa mañana fue Tilo, un biólogo de ascendencia alemana, acompañado por Getulio, el guía de campo, un fornido ex vaquero. Getulio llevaba un cubo con entrañas de ganado como desayuno para el caimán que suele acudir al Ponte do Paizinho (el puente del Padrecito) llamado así por el anciano que primero se dedicó a alimentar a los reptiles, hace ya muchos años. De camino nos cruzamos con los vaqueros (conocidos en esta zona comopantaneiros), que estaban esperando la llegada del veterinario para que les ayudara a castrar una manada de potros.
En el bosque que se extiende a lo largo del borde de la laguna, los monos capuchinos {Ce-bus c.apusinus) colgaban de los árboles y entre la maleza se escabulló un agoutí (Dasyprocta leporina), un gran roedor sin cola. Una cigüeña gigante de cuello rojo, el jabirú (Ephippiorhynchus mycteria), tomaba el sol en el otro extremo del estanque, desde el puente, mienlras los cormoranes se zambullían en el agua en busca de pescado, sin el menor temor a los diversos caimanes que acechaban cerca. La razón de su osadía no tardó en ponerse de manifiesto: los caimanes esperaban otras presas mucho más fáciles. En cuanto llegamos, salieron a la tierra para alimentarse. Torpes y algo ciegos, se subieron unos sobre otros y a menudo no encontraban la carne que tan ávidamente engullían. Tilo azuzó a un caimán con un palo, indicándole los pellejos que tanto les gustan. Cada año se cazan por lo menos dos millones de caimanes, tantos que la especie se encuentra en peligro de extinción y aunque su aspecto es aterrador, estos reptiles prehistóricos resultan inofensivos si no se les provoca.