El pantanal brasil

Grandes felinos y aves
El safari de la mañana del tercer día fue dirigido por Tietta, la única caimanera del equipo y Eduardo, el guía de campo. Nos dirigimos en camión hasta la Pousada Cordilheira, a 14 kilómetros de Pousada Caimán, y la opción de alojamiento más remota del refugio. A lo largo de la ruta detectamos el ibis, el martín pescador (Megaceryle torquata), el gran halcón negro (Buteogallus urubitinga) y el gran ani (Crotophaga majar), que emigra al Pantanal en la temporada húmeda; todos andaban a la búsqueda de peces en las llanuras recientemente inundadas.
Uno de los aspectos más asombrosos del Pantanal es la rapidez con la que los peces pueblan la zona después de las primeras lluvias de la temporada húmeda. Según la leyenda local, llueven peces, pero una explicación menos fantástica es que incuban de los huevos puestos en el barro.
Si le interesa ir a pescar por el Pantanal los mejores lugares desde donde organizar un viaje son Guiaba y Corumbá. en el norte. La destartalada ciudad de Corumbá. junto a la frontera boliviana, en el corazón del Pantanal, fue un gran puerto fluvial en el siglo xix. Ahora es el lugar al que hay que dirigirse si se quiere recorrer el Pantanal en un viaje barato. Los guías salen al encuentro de los autobuses y trenes que llegan a la ciudad y deambulan por los hoteles y restaurantes.
Desde Pousada Cordilheira seguimos a pie a lo largo de un sendero que cruzaba el bosque. Tietta señaló un hormiguero y quedé impresionado al saber que las poderosas hormigas que habitan aquí son capaces de transportar hasta 30 veces su propio peso, una hazaña equivalente a la de un ser humano que levantara un coche en vilo. Entonces. Eduardo nos hizo señas para que nos detuviéramos. A diez metros por delante de nosotros, en el camino, agazapado entre las sombras, había un ocelote (Ijeopardusparadalis), un depredador que raras veces se detecta a estas horas del día. Durante unos segundos tanto el gran felino como el grupo de humanos se quedó como petrificado. Nos miramos fijamente. Luego, con un par de saltos, el ocelote desapareció en el interior del bosque.
Al salir de entre los árboles nos esperaba otro momento estelar. Tres avestruces de la pampa (Rhea americana), primos del emú y del avestruz, y el ave más grande de América, se alimentaban de la alta hierba del pastizal abierto. Según Tietta, estas aves pardas y grises son capaces de correr a 60 kilómetros por hora y. ciertamente, no se quedan donde están una vez que han descubierto que tienen compañía.