Viajes al Sena Paris

Al penetrar al interior a uno, acostumbrado a las perspectivas en profundidad de las iglesias, le llama la atención esa vocación cuadrada de la planta de St. Severin. En realidad esa innovación se deba a las ampliaciones que se desarrollaron hacia ambos lados.
Los tres primeros tramos de la nave están apoyados sobre pequeños pilares cuyos capiteles fueron muy dañados con la vestimenta que les impuso Le Brun. Observen el triforium, el más antiguo de París. Si no saben cuál es el triforium, simplemente no se preocupen por su edad y sigan adelante recorriendo la nave de estilo gótico florido. Como sí saben cuáles son los pilares, admiren en particular la ornamentación del 4o y 8o Pilar de la izquierda.
El doble ambulatorio del coro es uno de los logros arquitectónicos de la Iglesia, así como los vitrales del siglo XV.
Saliendo por una pequeña puerta a la derecha se pasa al pequeño cementerio.
Si usted nunca vio una galería (siglo XV) sobre cuyo techo se amontonan los huesos cuando el cementerio se llena, esta es su única oportunidad en París.
Fue en ese cementerio, en el sugerente marco de las pilas de huesos que se amontonaban, donde se llevó a cabo la primera operación de cálculo renal del que se tenga noticia. Sucedió en el año 1474 siendo el paciente un condenado a muerte a quien el rey Luis XI prometió indultar si se dejaba operar. El hombre, para quien una operación al riñon sin anestesia debía resultar una panacea comparada con las habituales torturas, aceptó agradeciendo a Dios por haberlo bendecido con un cólico nefrítico.
La operación resultó un éxito y el paciente salvó su cuello, se curó del riñon y milagrosamente no se pescó ninguna infección. Un verdadero milagro de uno de los San Severinos.
De la iglesia de St. Severin podrán seguir la calle del mismo nombre hasta la cercana rué de la Harpe (hacia su derecha), que desemboca en la Place St. Michel, la que reconocerán por una fuente de Davioud que no acrecentará su cultura artística.
Ante ustedes el Sena con sus pintorescos muelles y puentes que unen ambas orillas. Las dos islas que están viendo son la lie de la Cité y la lie St. Louis. En la primera nació París como una humilde aldea celta llamada Lutecia. De esos galos no se sabe gran cosa excepto que adoraban a Borvo, Dios de los Manantiales Calientes. Este extravagante culto los aislaba del resto de la humanidad que creía en divinidades menos frivolas (el sol, la tierra, las tormentas, etc.).