Paseando por Paris
Habiendo satisfecho su nostalgia, deshagan las valijas, lávense los dientes y salgan a la rué Cujas a conquistar París. Luego de caminar unos pasos hacia su izquierda, se darán cuenta que están sobre el Boulevard Saint Michel por la multitud que circula por ella, porque ya vinieron por ahí arrastrando su valija desde el Metro, y porque el nombre está claramente indicado en los carteles correspondientes.
Si se dirigen hacia el Sena (que está a su derecha), en un par de cuadras llegarán a la Rué des Ecoles. Si cruzaran el Boulevard Saint Michel y tomaran por Rué de l’Ecole de Medecine (que lleva justamente a la Facultad de Medicina) en el N° 5 podrían ver la sede de la antigua Corporación de los Barberos-Cirujanos. Una curiosa acumulación de funciones en una sola persona que explica por sí sola la razón de que M. Gillette figure entre los grandes inventores-benefactores de la humanidad.
Como esta profunda reflexión la pueden hacer sin cruzar la calle, sigan otracuadray verán a la derecha la Rué Sommerard donde se levanta el MUSEO CLUNY.
Se trata de un edificio curioso tanto por su historia, como por su arquitectura.
En su origen en el siglo II fue un edificio galoromano que se ha dado por llamar “Palacio de las Termas”, aunque lo único seguro es que allí nunca funcionaron termas y tampoco fue palacio imperial.
En el siguiente siglo los bárbaros destruyeron el edificio (apenas quedan aún unos restos) sumiéndola en una larga siesta del que la despertaron los monjes de Cluny que adquirieron las ruinas para edificar allí su residencia.
Dada la época (siglo XIV y XV), se construyó en un estilo gótico florido, pero en un arranque de frivolidad arquitectónica se le agregaron elementos militares (el muro almenado y las torrecillas en el patio principal).
Entre sus huéspedes famosos se cuenta a María de Inglaterra. Esta, de 16 años, había recién enviudado de (cincuentón) Luis XII luego de apenas tres tórridos meses de vida conyugal. Conociendo las ambiciones de la precoz viuda, el nuevo rey Francisco I, pensó que era prudente dejarla fuera de circulación hasta que pasaron los nueve meses de su viudez, para evitar algún posible embarazo que ella pudiera adjudicar
al finado y por ello pretender al trono de Francia. A pesar de los muros almenados y la vigilancia de los monjes, la inconsolable viuda logró introducir en el Cluny al joven duque de Suffolk con el plausible propósito de reforzar la simiente algo alicaída del rey muerto. Francisco I, quien no se fiaba de mujeres ni de monjes irrumpió en la habitación en pleno operativo “heredero” y los hizo casar y volverse a Inglaterra.
Lo que demuestra que una buena cerradura podría haber cambiado el curso de la historia.
Luego, en una vuelta de tuerca algo teatral, se alojó allí el Cardenal Mazarino quien mantuvo un interminable romance con la otoñal viuda de Luis XIII quien supo de amores más ardorosos de la mano de Alejandro Dumas en los Tres Mosqueteros.
Luego de ese historial romántico el monasterio se dedicó a tareas menos terrenales hastaque, durante la Revolución volvió a manos del Pueblo. Una lavandera ocupó el lugar de la reina María y un herrero el de Mazarino. La anacrónica torre al fin tuvo algún sentido y se la utilizó para observatorio astronómico, descubriéndose 21 planetas desde el la. En cuanto a las ruinas romanas, fueron cubiertas con tierra y se plantaron manzanos y lechugas sobre ellas.
Actualmente remozado, libre de lechugas, se puede apreciar el patio de Honor con su simpática fuente del siglo XV. Desde allí tienen una visión de conjunto del edificio, las ventanas góticas y la hermosa balaustrada adornada con gárgolas que corre bajo el techo.

